¿Y entonces?


La oposición venezolana, organizada o no, se divide en dos clases: quienes creen que se podrá salir del chavismo por las buenas, y los que creen que solo se logrará por las malas, aunque habría que precisar un poco más dichos términos.

Por las buenas puede suponer que a medida que la oposición conquiste territorios institucionales –como un eventual triunfo en las próximas elecciones parlamentarias– se irían afianzando las bases de un crecimiento electoral con miras a la elección presidencial, para la cual apenas faltan cuatro años (!). Es una apuesta más segura, dicen sus defensores –como Capriles–, aunque nadie garantiza dicha victoria parlamentaria; ni tampoco si las presidenciales se efectuarán, ni que eventualmente puedan ganarse; porque después de todo, en caso de fraude electoral como el que se hizo con la elección de Nicolás –aunque los más ingenuos y los de mala fe insistan en que no lo hubo…– el ser defensor extremo de por las buenas implicará no protestar ni reclamar en la calle lo que se les escamoteó en las mesas. Hay sobrada historia de ello, y no solo con Henrique Capriles, sino también con su predecesor candidatural, el mismísimo Manuel Rosales.

Todo tranquilo pues, sin muertos, partiendo de la idea que el régimen cederá ante su derrota electoral parlamentaria y/o presidencial ante la amenaza creíble de una revuelta general, para que el CNE proclame esa mayoría de opositores electos. El detalle es que el mencionado camino por las buenas, con todo y ser una apuesta más segura, es percibida por muchos como comodísima en beneficio de quienes siguen ocupando el poco espacio institucional que el régimen permite –no sabemos si por tenerlos a tiro o porque hasta como dictadores son ineptos–, porque ellos cobran a final de mes, algo que no todos los opositores de a pie pueden permitirse y cuya presión de éstos inevitablemente crecerá, especialmente cuando recuerdan que faltarían años para resolver este asunto. Si acaso.

Por tanto es de suponer que seguir por esa vía a la larga pulverizará el liderazgo de la MUD y el caprilista, porque a medida que pasa el tiempo y la situación empeore, el desapego hacia el régimen rebotará hacia ellos, acabando con su credibilidad. Su gran reto entonces es llegar políticamente vivos a las jornadas electorales.

Por ahora, mientras la presión social crece, los estudios de opinión indican que la salida pacífica e institucional sigue vigente para la mayoría de los venezolanos, y es esa tendencia la que provocó el viraje hacia el pacifismo de quienes estimularon La Salida, aunque con el matiz de promover una junta para una transición, esto es, una ruptura institucional, pero pacífica, humanamente por las buenas pero institucionalmente por las malas, donde las FFAA y las diversas fuerzas sociales no chavistas ni extremistas acuerden un gobierno para pilotar una transición hacia unas elecciones transparentes y decentes, previo cambio de algunas leyes fundamentales, movimientos institucionales profundos, o si acaso de una vez convocar una elección de parlamentarios constituyentes.

Por las malas, por tanto, no necesariamente implica violencia, porque el mismo escenario de la junta implicaría forzar la Constitución; pero sabemos que la mayoría que transita por esta acera siente que la violencia es inevitable, una vez comprobada la actitud reiterativa del régimen en huir hacia adelante, en reprimir sin contemplaciones, en apresar con pruebas falsas y tirar la llave luego de condenas a cargo de jueces vagabundos, y juezas corruptas, sean o no comadres de la primera combatiente Cilia. En otras palabras, habrá palos, balas y linchamientos de parte y parte.

Pero aun pensando así, esa misma porción opositora escéptica u hostil frente al pacifismo MUD-Capriles es la misma que ahora mira con horror el rechazo de ese binomio hacia el llamado pacífico a manifestarse el día 20 de Mayo para reclamar justicia en el caso de Leopoldo López y el resto de presos políticos, especialmente luego de leerse el infeliz comunicado de la MUD cuyos motivos para no asistir se fundamentaron en razones tan rebuscadas que es imposible no sospechar de una inmensa mala fe.

Porque rechazar el compartir formalmente esa actividad que realizará Voluntad Popular –nada menos el partido que con sus 9 candidatos ganadores, junto a los 12 de Primero Justicia, obtuvo la mayor representación en las elecciones primarias de la MUD– es sinónimo de mezquindad y torpeza política –si cabe el término, dados los terribles motivos que impulsan dicho acto–; y eso el opositor de la calle lo percibió de inmediato.

Por supuesto, ahora que Torrealba ha comprobado el efecto multiplicador que resulta de combinar este asunto con el enorme rechazo a las listas consensuadas de candidatos a la Asamblea Nacional, pues se refugia en frases ambiguas, declarando que podría asistir –su agenda es muy complicada para confirmarlo…–, asunto que más bien empeora su credibilidad, ubicándolo ya del lado de los oportunistas. Por su parte los líderes de partidos que se sientan en esa mesa de unidad democrática simplemente callan. Mejor así.

El problema es que, pacíficos o no, ellos no pueden trabajar unitariamente porque ni hay un mínimo de respeto entre ellos ni existe una base elemental de aprecio personal. Y eso sin mencionar las aspiraciones políticas que legítimamente todos puedan tener a futuro, si es que hay futuro, y considerando que el estado de descomposición nacional debería ser suficiente para apartar todo proyecto personal en beneficio de una causa común de rescate nacional… unas aspiraciones que obligan a mantenerse en una posición estratégicamente adecuada para eventualmente poder concretarlas, aun a riesgo de que dicho posicionamiento se perciba como doblar la cerviz ante los abusos del régimen, incrementando así las sospechas de la existencia de vasos comunicantes entre algunos opositores relevantes con la boliburguesía.

Sea por las buenas o por las malas, el hecho es que las variadísimas tribulaciones de los venezolanos crecen a diario, junto a su sentimiento de orfandad de liderazgo, más evidente no solo por los errores de la MUD, salpicados por un escandaloso silencio tanto con relación a los abusos del chavismo como en materia de propuestas de país, sino por el mismo vacío conceptual de aquellos que desean acortar los tiempos, ¿y por qué no decirlo?… por los errores del mismo Leopoldo López, quien en su momento pensó que podía acordar con el régimen unas cuantas semanitas preso, para luego seguir con su rutina política y familiar, entregándose sin inconscientemente a una pandilla de vagabundos a quienes él solito les resolvió el problema y el escándalo de apresarlo.

Ahora Leopoldo vuelve a equivocarse al ponerse en huelga de hambre, como si ello tocase alguna fibra sensible de estos desalmados que nos gobiernan; porque huelgas de hambre no resuelven nada, ni estando el libertad ni estando preso –donde en última instancia lo amarrarán para alimentarlo con un embudo en la boca y a punta de suero, o lo dejarán morirse, si es que piensan que tienen el control del país–. Total, en este país lo símbolos y su real significado se olvidan rápidamente… si lo dirá Bolívar.

De manera que estamos en malas manos, o a lo sumo en manos que se equivocan demasiado a menudo… y eso es justamente el sustrato que alimenta el sentimiento colectivo para saludar y alabar al primer salvador que aparezca en el horizonte. Así fue con Chávez.

¿Y entonces?

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s