Pañuelos y desesperanza


Luego de tres lustros y pico tendemos a asociar al chavismo con todo lo malo que agobia a Venezuela, cosa objetivamente cierta de acuerdo a los múltiples indicadores de calidad de vida; también tendemos a identificar a la oposición organizada con todo lo bueno que podría ocurrirle al país, asunto incierto, puesto que ésta aún no ha gobernado, y las virtudes que emanarían de su gestión siguen dentro del arcón de fantasía cuyo candado es la ausencia de un discurso político coherente, y un proyecto de país para salir de abajo.

También tendemos a pensar en las virtudes de la democracia prechavista, olvidando que fueron objetivamente ciertas a pesar de las barbaridades de aquel bipartidismo, luego de que las fuerzas constructivas dentro de AD y COPEI existentes durante los primeros quince años post dictadura cedieran a fuerzas destructivas como la corrupción, el amiguismo extremo, una notable ineptitud para gobernar, y una creciente laxitud en los formalismos procedimentales y legales de la gobernanza, que hasta le permitieron a Chávez conspirar y dar un golpe sin ningún problema.

Los privilegios enquistados a partir de aquella inversión de tendencia, fueron defendidos por la casta partidista y empresarial ajustando los estatutos de sus respectivas organizaciones para mantenerse en esos puestos de representación popular y de mando interno que les permitían perpetuar su dominio, el cual para algunos se identificaba con el dinero puro y duro, y para otros con el ego mismo: ganarle una elección interna a los cogollos de AD, COPEI, CTV o la Federación de Maestros era imposible en virtud del diabólico sistema electoral que fueron imponiendo para salir siempre airosos, al punto que cuando en 1979 la Causa R conquistó la presidencia del sindicato de SIDOR, el hecho resultó tan relevante e insólito como para proyectar nacionalmente a esa organización, la cual con el paso de los años también fue adquiriendo los mismos defectos que combatía -su entonces líder aun la dirige luego de tres décadas, cosa que hasta el adeco Alfaro Ucero debía envidiar, como ahora debe hacerlo Ramos Allup.

El drama actual es que en materia de truculencia, para torcer el destino y pulverizar las esperanzas de una democracia interna noble y transparente, ni aquellas décadas de la democracia, ni los lustros de oposición al chavismo, le han enseñado nada a los partidos de la MUD: Ramos Allup tiene 15 años como Secretario General de AD; las autoridades nacionales de COPEI tuvieron que recurrir a los tribunales y justicia chavistas para que los favorecieran en un proceso interno repugnante; Andrés Velázquez no afloja ni bajo el agua; Proyecto Venezuela no ha cambiado de líder desde que se fundó hace mucho tiempo, lo mismo puede decirse de Primero Justicia y su coordinador nacional, así como del resto de organizaciones opositoras.

Y aquí estamos, con un chavismo que solo piensa en seguir dominando y seguir enriqueciéndose groseramente, y una MUD cuyo liderazgo como tal está pegado con alfileres, pero que a su manera también ha logrado crear una suerte de sistema de privilegios autosustentable que delata esa nefasta herencia que sigue impidiendo el desarrollo a plenitud de la democracia interna de sus organizaciones.

¿De veras alguien puede pensar que líderes y voceros de partidos-MUD tienen méritos para candidatearse por consenso a la Asamblea Nacional luego de haberse encolado durante décadas o lustros a la silla de mando de sus respectivos partidos, que además se llevan consigo para sentarse alrededor de esa mesa opositora y decidir así la suerte de una importantísima parte del electorado de a pie?

Son indudablemente muy astutos, porque sabían perfectamente que iban a pasarle ese strike a medio país opositor; lo sabían desde el primer día que se sentaron a hacer una oposición silenciosa, mediocre, que calló con los fraudes electorales y hasta cuando el chavismo nombró a placer los rectores del CNE; o cuando Torrealba fantaseaba que iba a generar multitudinarias manifestaciones, foros y actividades de oposición permanente, al punto que tanta verborrea comienzaba ya a parecerse a la del mismo Maduro, con sus eventos y medidas tan imaginarias que uno comienza a dudar si estamos a merced de un régimen y una oposición contagiadas ambas por el desequilibrio mental del Comandante.

Han sido muy astutos en efecto, con eso de que para competir uno tiene que desembolsar 150 mil bolívares, olvidando que estas cosas se pueden decidir en asambleas locales y estatales con un mínimo de costos de logística, y sin degradar para nada la legitimidad del acto. Y descarados además, porque el consenso es incluso menos democrático que aquellas nefastas elecciones en segundo o tercer grado del pasado adecopeyano. Al final, para seleccionar candidatos a diputados a la AN, de los 87 circuitos la MUD consensuará en 54 (68% del total), por lo que cabe preguntarse ¿Con qué moral se pueden presentar ante el país y probar que son diferentes?

Por otra parte llama muchísimo la atención que quienes podrían haberlo impedido, negándose a esta farsa candidatural, no lo hayan hecho: Machado, López y Ledezma pudieron presentar un proceso aparte de primarias y enfrentar con hechos y no solo palabras ocasionales a tanto vivaracho e inepto suelto. No ha sido así, y seguramente no les pasará nada, ni a ellos ni a los que integran la MUD, puesto que fuera de allí solo hay vacío. Al menos hasta que llegue alguien y barra con todo…

No haber efectuado primarias ha sido una bofetada a un país opositor ansioso de democracia real, incluso a riesgo de que se elijan a los peores –si cabe el término-, porque un dato que hay que recordar de la democracia es que los más preparados, con compromiso, honestidad y vocación de servicio deben mojarse, salir de sus torres de marfil, de sus cátedras, de sus bufetes y oficinas para ganarse el respeto y la confianza de la gente.

Honor pues a quienes ganen sus respectivas elecciones primarias este 17 de Mayo, aun sabiendo que hay algunos nombres de pasado inquietante. Pero si éstos le ganan a quienes podrían ser mejores candidatos e incluso mejores parlamentarios para bien de todo el país, pues habrá que aceptarlo.

Deshonor, por otra parte, para quienes no se atrevieron y se refugiaron en esa autoridad colegiada. Provoca sugerirle al pueblo opositor que en las próximas elecciones a la AN, si les tocara votar en un circuito con candidatos opositores electos en primarias, pues que voten por ellos con entusiasmo, mientras que si tuvieran la mala suerte de votar en circuitos con consensuados, pues que no les voten, pero entonces lo tildarán a uno de traidor y de irresponsable; por tanto, lo único que queda es sugerir que se vote por los consensuados con un pañuelo en la nariz como símbolo de una democracia interna que huele muy mal, aunque a ellos les tenga sin cuidado.

Puede que hasta ganen las elecciones legislativas y salgan electos, pero ni su mediocridad ni su descaro se borrará con estos abusos. Y aunque nadie les quitará lo bailado, estamos seguros de que con este perfil, si por carambola gobiernan, cometerían los mismos errores que quienes que perdieron la república hace veinte años.

Con Ustedes pues, para entendernos, no cabe esperanza alguna.

Hermann Alvino

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