Diógenes ¡sigue buscando!


Maduro nos recuerda a Muhammad Saeed al-Sahhaf, aquel ministro de Información de Saddam que diariamente lanzaba grandilocuentes proclamas sobre los supuestos triunfos del ejército de Irak ante la avanzada norteamericana durante la invasión del 2003. Aquel personaje, como ahora nuestro agente cubano, pintaba una realidad irracional solo existente en su imaginación.

Aunque, si no fuera por los daños que sigue causando al país, más las muertes y la pobreza de tantas personas, casi sería mejor comparar a Nicolás con el legendario Miguel Thoddé, quien durante la transmisión radial de la pelea de 1972 entre aquel inmenso Betulio González y el tailandés Borkosor, iba pintando en nuestra imaginación un triunfo contundente del zuliano: «¡Pega, Betulio! ¡Vuelve a pegar, Betulio! ¡Sigue pegando, Betulio! ¡De nuevo pega, Betulio! (…) se cayó, Betulio.»…

Maduro, al igual que aquel iraquí y aquel cuento radial, está fuera de la realidad, cosa que se confirma con las declaraciones de las últimas semanas, más su espúreo viaje a Rusia. Por su parte Cabello, sin ser en absoluto más refinado que Nicolás, recuerda a un siniestro personaje de El señor de las moscas de William Golding, concretamente al niño Jack, envidioso del poder del también niño Ralph, quien fue elegido por los chicos de la novela para liderarlos durante la estadía en la isla donde accidentalmente recalaron, y a quien Jack, primero disimuladamente y luego abiertamente, declarará la guerra por el control de la pandilla. Al igual que ese personaje de ficción, Diosdado es envidioso del poder de Maduro, y tal vez en sus imsomnios nocturnos enviará maldiciones a Chávez por no haberlo elegido a él como heredero, o se maldecirá a él mismo por haber descuidado ese frente cubano donde casi seguramente se gestó la manipulación hacia el agonizante Comandante para que nombrase un heredero que a la postre resultaría ser el verdadero agente cubano en Venezuela, o sea Nicolás.

Pero al igual que Jack, Cabello también es arrogante y desde la presidencia de la AN ha estado usando la violencia in crescendo -la legal, si cabe el término-para torcer leyes y abusar del adversario. Ejemplos sobran y los conocemos todos.

El final de los dos personajes, uno real y otro ficticio, no es como para que sus homónimos endógenos se lo tomen a la ligera, puesto que el iraquí terminó hace poco muriendo en el anonimato en un hospital de los Emiratos Árabes, porque su rol -aunque hilarante- fue considerado tan menor dentro del drama iraquí que ni siquiera fue incluido entre los personajes más buscados representados en esas figuritas de la baraja del ejército yanqui. Y es que Maduro, dentro de su protagonismo y el drama venezolano, es un personaje menor al lado de quienes realmente mandan: los Castro.

Por su parte, el Jack del cuento, terminó llorando al ser rescatado por la marina, junto al resto de los protagonistas de la novela. Ya le tocará llorar también a Diosdano, cuando sea rescatado por alguna embajada de esos países chulitos de nuestras riquezas, para salir de esta tierra que quiso fuera su isla particular de desahogo de sus inquietantes pasiones.

La contrapartida de estas analogías está en María Corina, quien recuerda a aquella Juana de Arco a quien sus mismos paisanos dejaron en la estacada luego de exprimirla en todo, en este caso encarnados en quienes ocupan los asientos alrededor de la MUD, que lejos de recordarnos aquellos nobles franceses que entregaron a la dama encandilada por tantas revelaciones, más bien se parecen a aquellos representantes de la democracia durante las sesiones de sus respectivos comités nacionales y del Congreso inmediatamente luego del golpe fallido de febrero de 1992, cuando deambulaban desorientados, incrédulos y llenos de un miedo que luego se convertiría en ese autoengaño de que todo había pasado, y que a la postre les impidió realizar los cambios políticos necesarios para evitar la tragedia que ya se insinuaba.

Y aquí estamos, aun buscando líderes que no sean ni desequilibrados mentales ni mentirosos o manipuladores, ni envidiosos o abusadores, ni héroes, ni cobardones.

¡Que complicado es conseguir gente normal con un mínimo de preparación y vocación de servicio para encausar al país por el camino de la paz y la prosperidad! Solo falta esperar que por nuestras calles alguien como Diógenes camine con una lámpara encendida buscando hombres (honestos). Y que tenga éxito.

Hermann Alvino

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