Lenin en Guayana.


Dentro de pocos meses se cumplirá un siglo desde que Lenin publicó su ensayo El imperialismo, fase superior del capitalismo, que constituye una de las mejores descripciones de dicho sistema socioeconómico, anticipando y describiendo de manera clara y brutal la evolución y los meandros de la concentración del dinero, los monopolios, el dominio de los bancos, la exportación de capital para sacar provecho de oportunidades de inversión que ya no se tienen dentro de las fronteras donde dicho capital se ha creado, y las eventuales guerras entre rivales capitalistas.
Lo descrito por Lenin se cumplió a cabalidad durante el siglo XX, comenzando por todo el andamiaje institucional hasta el choque entre potencias capitalistas,  dejando intactas las bases de sus predicciones para este siglo, aunque quede pendiente el tema de las guerras futuras, el cual se resolverá en su momento en virtud de la aparición del nuevo imperio económico chino, el pataleo de Rusia intentando revivir laureles como cabeza de imperio desaparecido, y las limitaciones que comienzan a afectar a EEUU como actual potencia dominante a causa de sus errores de percepción del mundo.
Dejando de lado el asunto de la guerra, es evidente la dominación multinacional, ahora incluso con altas probabilidades de aprobar un tratado entre EEUU y la Unión Europea que le daría a esas empresas privilegios a tal punto de poder demandar a los estados cuyas leyes pongan en peligro sus beneficios.
Probablemente la conclusión más interesante de Lenin es la confirmación de lo afirmado por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista con relación a que la libre competencia daría inexorablemente lugar al monopolio y a la concentración del capital en pocas empresas de gran tamaño, una realidad debidamente repasada y actualizada por el francés Thomas Piketty.
Por otra parte, seguramente Lenin pensaba que si bien Marx estaba en lo correcto, del mismo desarrollo del capitalismo saldrían muchos adelantos técnicos que, al margen del tema de la alienación espiritual,  mejorarían la situación material de los trabajadores lo suficiente como aplazar el salto definitivo a la sociedad comunista;  y ciertamente ello ha sido así, porque materialmente todos vivimos mejor a raíz de ese progreso científico y tecnológico, que solo ha sido posible gracias a inmensas inversiones de capital.
Y aunque Lenin no podía imaginarse la horrorosa degradación ambiental al que el capitalismo ha sometido al planeta y sus habitantes y el enorme crecimiento demográfico, igualmente posible gracias a los adelantos de la medicina y sus éxitos frente a la mortalidad infantil, al final se están confirmando sus predicciones de pobreza y desigualdad.
Por ello es que este ensayo de Lenin hay que obligatoriamente leerlo, filtrando la pomposidad típica de aquellos comunistas y despojándolo de aquel proyecto concreto de poder que tenían entre manos, para así percatarse de lo complicado que será demostar que él estaba equivocado, dado el largo camino que tanto la democracia liberal como el mismo capitalismo tendrán que recorrer para rescartarse de sus errores y abusos.
Mientras tanto sus predicciones siguen válidas en un mundo cada vez más sujeto a una  oligarquía financiera que desde hace decenios ha tomado las riendas de EEUU y más recientemente de la Unión Europea, de Rusia, y obviamente de China, aunque allí se protejan con la mampara del PCC.
Curiosamente, la lucidez conceptual de ese pensador revolucionario para predecir se estrelló contra lo nefasto del sistema que impuso, y que aun incordia a medio planeta. No basta entonces con diagnosticar o predecir acertadamente, sino que también hay que concretar alternativas. Y el socialismo real, o el comunismo, pues no lo son
Aunque esto último Maduro no podrá comprenderlo jamás, al contrario, ahora le ha dado por preguntarle a los trabajadores de Guayana si estarían dispuestos a tomar un fusil y defender la patria con su propia vida mientras le pedía contenidos para una Ley Habilitante para la gestión socialista de las empresas básicas deGuayana.
En sus tiempos Lenin, siendo algo más culto e informado que Nicolás, dijo e hizo más o menos lo mismo, y ya vemos como terminó el asunto: en la ruina de espiritual y material de millones de personas.
Hermann Alvino
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