Esto es lo que hay…aunque no guste.


Esto es lo que hay, lo que los gringos llaman the state of the art; o lo que decía el gran Oscar Yañez…”así son las cosas”:

Dos líderes opositores presos; uno que ya lleva un año allí, y ni siquiera tiene un juicio avanzado, y el otro que sabe que puede pasar bastante tiempo a la sombra; y mientras éste se acostumbra a su nuevo habitat, ya el régimen chavista lleva seis estudiantes asesinados, sea por represión directa en la calle, o por el sicariato que le es afín en los barrios; por su parte María Corina sigue en la mira chavista, y Capriles constreñido al discurso del cambio pacífico en el que legítimamente cree, junto a millones de venezolanos, pero también porque de lo contrario, incluso a él se lo llevarían a Ramo Verde, o a La Tumba, sin importar si ello pueda ocurrir antes como después de aplicarle alguna triquiñuela legislativa mirandina para defenestrarlo de su cargo.

Estos eventos confirman la estrategia chavista de arrinconar de una vez por todas a la oposición, una opción que se intensificó desde las mismas elecciones municipales, al abrir frentes legales contra casi la mitad de los alcaldes opositores, a lo que le sumamos el asesinato de uno de ellos, supuestamente para robarlo.

Por su parte, Torrealba –el coordinador del a MUD, por si alguien aun no ha oido hablar de él-, desde que asumió el cargo hace meses, cada vez que sucede algo nefasto en el país, anuncia unas manifestaciones y protestas que solo se realizan en su imaginación, pero más nada; y él mismo, seguramente, junto a los partidos de esa misma MUD -tanto los que por los momentos tienen más aceptación en los electores, como los más modestos, junto a las organizaciones que están en un lento pero inevitable proceso de extinción-, solo piensan en la integración de las listas de candidatos a diputados.

En la MUD el tiempo sigue pasando, y nadie se anima a dar un golpe sobre la mesa, para decretar el fin de ese relajito, que ni siquiera se alimenta con una democracia interna partidista que pueda servir de ejemplo al país, para mandarlos a todos a casa y convocar unas primarias de inmediato, presentando una lista con lo mejor del talento, compromiso y honestidad del país, para ganarles a todos los que intentan posicionarse y medrar durante los próximos años, sin aportar absolutamente nada: ni a la lucha contra esta dictadura, ni a la concepción de un plan legislativo, ni mucho menos para gobernar cuando toque.

Obviamente, no es de extrañar que ninguno entre toda esa gente con ese objetivo personal tan pequeñito, rompa la baraja de tanta mediocridad; lo que sí es de extrañar es que ni Machado, ni Capriles, ni López, ni Ledezma tampoco lo hayan hecho.

De seguir así, con el tiempo ellos mismos –no importa si estarán presos o en libertad- estarán amarrados por esas maquinarias, y adiós liderazgo personal. Allá ellos, pero el problema para el resto de los mortales opositores de a pie, es que con su ocaso deberá pasar bastante tiempo antes de disponer de un relevo adecuado.

Por otra parte, la cárcel para nuestros dos ilustres opositores genera preocupaciones al gobierno de Noruega (!) y al mismo Insulza –el que durante años le ha dado al régimen ese trato tan light con guantes de raso-, mientras las empresas españolas se preocupan por eventuales expropiaciones, o sea por sus reales, y UNASUR lamenta la muerte del estudiante tachirense…¡cuanto miedo le causa todo ello al chavismo, pues!

Infortunadamente, y en contra de la desmemoria oportunista, la hemeroteca repone todo en su sitio, y nos muestra como las mismas preocupaciones y lamentos se han repetido siempre, y a otra cosa. Allí están las declaraciones rimbombantes de personalidades “mundiales”, gobernantes, escritores, y las más diversas instituciones y organizaciones internacionales, con relación al Chile de Pinochet, a la Argentina de la Junta –la de Videla, y otros más-, a la Nicaragua de Ortega, la Cuba de Fidel, la Suráfrica racista que mantenía preso a Mandela, y a decenas de sistemas y tiranías que le han amargado o quitado la vida a millones de personas a lo largo de la historia.

Las declaraciones son las mismas, solo que con las voces y caras que en cada momento histórico pues estaban de turno, y les tocaba. Allí están además, los documentos y videos de quienes con los años van saliendo de las cárceles cubanas, casi siempre por presión de uno que otro gobierno que tiene inversiones hoteleras en la isla. Basta ver en qué estado físico los ha dejado el castrismo, aunque eso sí, sin haber logrado apagarle la mirada.

Nuestros presos y torturados pues, para el resto del mundo, incluso para las sociedades más sensibles en esta materia, causan las mismas reacciones políticas que todos los detenidos, torturados y asesinados que en el pasado lucharon por la libertad: unas declaraciones mostrando inquietud o condena, pero más nada.

Tomemos entonces nota de ello, y de una vez por todas: nuestros líderes tras las rejas, y nuestros estudiantes asesinados, para el resto del mundo no son nada especial, sino una anécdota más dentro del peloteo entre libertad y tiranía; y como hemos dicho muchas veces durante estos años: estamos solos, puesto que los embajadores de UNASUR no pintan nada, si nada dicen sus jefes políticos, que es lo que importa, aunque éstos sean de gentecita mezquita, cuando no cínica o e ignorantona, como Lula o Dilma, Cristina o Mujica –quien incluso ya está liberado de cualquier protocolo presidencial-, el payasito ecuatoriano, o el bobolongo boliviano.

De ninguno de ellos habrá que esperar nada, mucho menos habrá que hacerlo con relación al Caribe: faltaría más, que República Dominicana, cuya democracia algo le debe a los padres de quienes ahora pelean por la libertad en Venezuela, abra la boca.

Pero peor aún, que lo apresen a uno siendo un líder destacado, no implica que de salir vivo al cabo de mucho tiempo, débil y sin algunos dientes, el destino le tienda una alfombra roja hacia la silla presidencial. Ir preso en una dictadura es simplemente una desgracia, por ser el precio que algunos están dispuestos a pagar por sus ideales, pero más nada. El mundo sigue girando, y si lo matan a uno en ese lance, solo quedará una que otra estatua y placa de alguna calle, que desaparecerá con el paso del tiempo, dado el poco mantenimiento urbano que acostumbramos aplicar en nuestros países. Así es la vida, y no es cuestión de pesimismo ni desesperanza, sino de realismo: porque ya estamos todos lo suficientemente curtidos como para autoengañarnos. Presos incluidos.

Por eso es que algunos pensamos que en el caso de Leopoldo, fue una imprudencia –y vaya uno a saber quien lo asesoró y convenció- permitir una mansa entrega a los esbirros chavistas, y a los cubanos. Tal vez él ahora lo tenga claro, y de ser así, podrá recordar que Betancourt no se dejó agarrar, como muchos otros, y al final terminó haciendo historia.

Por supuesto que eso no vale para Ledezma, quien a lo mejor ni siquiera se percató de lo que se le venía encima, o al menos pensó que eso no iba a suceder tan rápido. En todo caso el resultado es el mismo: primero presos, para luego ver cómo se prolonga su cautiverio, mientras se inventan las pruebas que avalarán una condena cuya duración, visto lo visto, no tendría nada que envidiarle a las penas aplicadas por el castrismo a los luchadores por la libertad de esa isla.

Porque lo duro de la pena no solamente sería por el rencor que Maduro pueda tenerle a Leopoldo o a Ledezma –y a María Corina-, sino para que quienes le quieran imitar, sepan lo que les espera si los llegaran a capturar.

Sobre estas razones de la pena, así lo enseñaba el mismo Sócrates; pero cuidado, ese temor solo vale para quienes son ya lo suficientemente adultos para poder sopesar si ese riesgo compensa el abandonar por largo tiempo sus familias, sus padres, sus esposas, y sus hijos, quienes probablemente estén en las edades en que más requieren de la presencia y el afecto de un padre y una madre; porque para los más jóvenes -los estudiantes y trabajadores aún medio imberbes, desesperados por la vida que llevan, y por ver dentro de sus propios hogares la impotencia para salir adelante- no se trata de pensar ni de sopesar nada, sino de salir a tomar la calle, para así recibir palo, gases, y balas, en un diabólico ciclo de protesta, represión y muerte, que se está repitiendo en nuestro país desde hace casi diez años.

Para ellos, a esa edad, y para desesperación de sus madres, el concepto de temor no tiene mayor significado, y por tanto, manipularlos y empujarlos a esa forma de desahogo de sus frustraciones como jóvenes, y como ciudadanos, es un crimen hacia la humanidad; porque quien lo hace sabe muy bien el desenlace, y porque -convenzámonos de una buena vez- las masas que toman la calle muy pocas veces tumban tiranías, especialmente si éstas están dispuestas a matar sin límite, como el caso de los tiranos antes mencionados, junto al sirio Assad, y los militares de Burma. Generalmente esas masas se destapan luego de que un régimen ha caído, y todos se suman al carro del ganador.

La oposición venezolana tiene entonces un dilema muy serio, entendiendo por ello, no el tener que decidir entre una opción “buena” y una “mala”, sino entre dos caminos equivalentes, tanto en lo uno como en lo otro; porque eso es justamente la esencia del dilema, de lo contrario todo sería mucho más sencillo y directo.

El primer dilema consiste en actuar pacíficamente y trabajar electoralmente para ganar las legislativas, para eventualmente entrar en una etapa cualitativamente muy diferente a la actual -y fácil de imaginar, solo si pensamos en el cambio que implicaría sacar a Cabello de la presidencia de Asamblea Nacional-, o en seguir metiéndole puyas a los costados del régimen con llamados a la transición y manifestaciones, a “ver” si “pasa algo” que abra otros escenarios.

Por algo es un dilema, porque ambas opciones son válidas, porque el largo camino de las elecciones, basado en que efectivamente logre abrir espacios significativos a la oposición, es equivalente a los atajos de quienes, también con mucho fundamento, afirman que el chavismo no se irá por las buenas.

La desgracia es que unos y otros tienen razón, y ambos podrían están equivocados; porque por una parte, la opción electoral es válida si las elecciones legislativas son más pronto que tarde –aún o sabemos la fecha…ni cómo se están organizando-, además de que se pueda compensar ventajismo y fraude con una votación opositora masiva. Dos supuestos que por los momentos solo se limitan a ser dos incertidumbres.

Por otra parte, asumiendo que efectivamente el régimen no se irá por las buenas, ni sin quebrar muchos huesos, y sembrando la calle de cadáveres, cabe la pregunta de ¿para qué esperar unas elecciones legislativas, que eventualmente se ganarían, pero cuya terquedad del chavismo en no aflojar ningún frente de poder, desataría de todas formas su violencia?

La misma pregunta vale con relación a las elecciones presidenciales, muy lejanas por ahora. ¿Para qué esperar entonces? Más vale que el régimen desate su violencia ahora.

El error en este caso es doble, porque un quiebre institucional por parte el chavismo al perder las legislativas sí legitimaría a la oposición para tomar la calle –siempre que lo haga, dirán quienes fueron devueltos a casa el 14 de abril del 2013…-, al contrario de cualquier acción alterna que ahora es tomada por el régimen –y otros gobiernos- como “desestabilizadora”.

El otro error es que abrir “escenarios” tomando la calle no necesariamente implica que éstos sean de libertad; al contrario, basándose en que el gobierno ya no controlaría la situación, las probabilidades de que una camarilla militar tome el poder -quien sabe sin con la presencia del mismo Cabello, para terminar de dilucidar quien es el heredero de Chávez- se incrementarían muchísimo, especialmente si las gorras pueden ponerle la mano al coroto sin intermediarios.

Porque estemos claros también en este asunto, y de una vez por todas: todos los civiles chavistas son una molestia necesaria para un régimen cuyo fundador y colaboradores inmediatos siempre han concebido el ejercicio del poder como un privilegio de militares; y solo porque unos civiles, que olieron el poder, y tuvieron la habilidad para influir en el Comandante, como José Vicente Rangel o Miquilena -no por ser precisamente fervientes partidarios de la democracia, sino porque de lo contrario también a ellos se los hubiesen llevado por delante- pudieron convencer a Chávez de que la vía electoral era la más directa, sencilla y barata, es que Maduro, y todos los civiles ineptos del chavismo han podido acceder a ese poder.

En síntesis, back to square one, volvemos al inicio: el tiempo sigue pasando y vendrán elecciones; con cada vuelta de tuerca habrá más presos políticos; con cada ola de inconformidad habrá más jóvenes muertos; la unión opositora no se concreta; la MUD se mira el ombligo; unos dirán que con estos eventos la libertad ha avanzado, otros dirán lo contrario, para que los unos rebatan que este tipo de retroceso es justamente el resorte del avance, y así podremos especular para siempre, porque el régimen sigue allí, el apoyo internacional seguirá fuerte en la medida en que el petróleo fluya, y el apoyo interno básico seguirá en la medida en que los chinos sigan prestando lo mínimo como para importar algo de comida. Al final, el pueblo chavista notará cómo correas y cinturones mostrarán más huecos, pero esa delgadez no se nota por el camino, sino solo al final. Un final que aún no llega.

Por su parte, María Corina, Borges y algunos más, deberían hacer las maletas e irse por esos caminos verdes, porque es mejor tenerlos libres, fuera del país, hilando contactos con nuestra diáspora, creando opinión, fomentando apoyos y conquistando foros de opinión, que tenerlos tras las rejas; porque, como se afirmó anteriormente, estar preso no necesariamente es ayudar a la causa, ni a la propia ni a la colectiva, al igual que empeñarse en estar libre, sea por la familia, por la causa misma, no es sinónimo ni de cobardía, ni de abandono a la lucha por la libertad.

Porque el miedo y el coraje son opciones personales de cada uno de nosotros, pero son solo eso: personales; unas opciones absolutamente irrelevantes para efectos de lo que cada uno, objetivamente, aporta a la causa de la libertad.

A lo mejor la unión vendrá de afuera, luego de que todos ellos descubran cuan similares serán sus vivencias cuando se incorporen a la diáspora del gentilicio.

Hermann Alvino

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