No es un país para ateos.


a34810861– Un estudio sobre religión en Latinoamérica, indica que Venezuela es el país con el mayor porcentaje de personas que creen que Jesucristo volverá al mundo durante el período de sus vidas; esto es, que vivirán para verlo, aunque no para contarlo, porque todo acabaría. El porcentaje indicado en el reporte es del 57%, derivado a su vez de un 82% de protestantes, y el 53% de católicos (http://goo.gl/KGI9Tm).

– Inquieta entonces que un país con alrededor de un 70% de Católicos (http://goo.gl/haUAfX), la mitad piense de esta forma, y que del alrededor del 17% de evangélicos, 8 de cada 10 están convencidos de lo mismo, porque, de acuerdo a las escrituras -que son el sustrato de ambos grupos-, esa vuelta de Jesucristo al planeta sería definitiva -ya no habrá más Historia-, y si eso llegara a ocurrir, pues entonces no valdría la pena oponerse al chavismo, ya que más pronto que tarde, ellos también serán juzgados -y eventualmente condenados al infierno eterno, aunque presuman ser creyentes.

– Por otra parte, la venida divina efectivamente debería a la brevedad, porque en esas cifras no solo se incluyen jóvenes o adultos de mediana edad, sino también a los más ancianos, que como le restan menos años por vivir, pues habrá que cumplir con sus expectativas.

– La gente debería recordar que los griegos de la antigüedad dejaban que las cosas de dioses la resolviesen ellos (y ellas), percibían el tiempo de forma circular y reiterativa, y no de la manera judeocristiana que plantea un final de los tiempos, redentor o condenatorio. Visto así, es obvio que política y religión no deben mezclarse; por ejemplo, los más viejos recuerdan muy bien las fotos de Larrazábal persignándose, y las de Fidel con su cadenita y crucifijo; por su parte, los más jóvenes recuerdan cuantas veces el extinto barinés recurría al Creador, se persignaba, y rezaba, gestos suficientes para capturar la voluntad de millones de incautos, quienes habiendo comprobado su propia debilidad al reiteradamente caer en tentación, intentan sacudirse esa sensación de culpa convenciéndose que el líder que se les presenta como creyente en el mismo dios, no cederá ante esas mismas tentaciones.

– Al contrario, basta igualmente una legítima afirmación de que no se es religioso, para que hasta el más decente de los mortales pierda inmediatamente la confianza de su entorno laboral, familiar, o político, al suponer que sin religión no tiene moral, ni límite a su conducta,  por no tener temor de Dios.

– Por eso es que los sistemas políticos deben ser laicos, aunque la sociedad en su conjunto no deba eximirse en educar con valores laicos y cívicos, para no discriminar a nadie, ni siquiera con el pensamiento. Pero eso nunca ha ocurrido en Venezuela.

– La verdad es que provoca creerles a los encuestados, y que baje El Salvador a poner orden en casa, al menos en Venezuela, y de paso resolvernos de una vez nuestro destino final.

– Pero por si acaso ello no llegara a ocurrir, confirmando así que el tiempo de Dios no es perfecto –Capriles dixit-, tal vez sería más práctico que esos creyentes reenfocaran su porcentaje de esperanzas, para que en vez de desear el fin de los tiempos, contribuir decisivamente al fin del régimen.

– Porque bien vale la pena ser ateo, sin con eso se sale del chavismo.

Hermann Alvino

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