Humanismo, para empezar.


– El chavismo, pelador de origen –salvo José Vicente, y otros aristócratas del comunismo-, al llegar al poder descubrió el dinero público, para así satisfacer, no solo aquel sueño de un (ex)alcalde chavista de la capital de tener un yate, sino para realmente querer comprarlo todo: militares, políticos, empresarios, colectivos, pobres. Gente, pues.

– Para obtener ese dinero, y usarlo para ese objetivo, destrozaron material y éticamente al país; claro que al pobre, Dios se le presenta en forma de pan – decía Gandhi-, o como lámina de zinc de la democracia prechavista, cual inevitable encarnación material de lo espiritual, cuando la pobreza y la desigualdad se complementan con la desidia estatal en educar con valores humanistas. Ello es comprensible, si siempre han sido engañados, no tanto por la cantidad de dádivas prometidas y no entregadas, sino por no haberles enseñado a pensar, a organizarse, y a establecer una relación sensata con sus gobernantes.

– El chavismo, que presumía ser denso gracias a aquellos pensadores que firmaron el manifiesto de bienvenida a Fidel, cuando la coronación de CAP II en el teatro Teresa Carreño, optó antiéticamente por usar el dinero a mansalva, aniquilando así la dignidad de las personas espiritualmente más vulnerables, de las que no todas eran pobres, ni mucho menos.

– Pero hay cosas que el dinero no puede comprar, y eso es lo que le da al Humanismo, en todas sus variantes, una inmensa impronta dentro de la Política –con mayúsculas ambos términos-, al afirmar que hay asuntos que deben apartarse de lo que los economistas han considerado como inevitable desde que existe la especie humana: el trueque, o su expresión postprehistórica, el dinero.

– Porque el dinero para comprar voluntades, vale solo para quienes tienen esas ansias de poder derivadas de una enfermiza necesidad de exaltar su ego -como Chávez-, y todos sabemos que esto vale para cualquier ámbito de la vida: hogar, trabajo, y calle; lo que hace casi irreversible el daño que el chavismo ha causado a la moral nacional: porque para (re)educar y (re)ubicar a generaciones de venezolanos dentro de mapas mentales que (re)pongan en un primer plano a la Ética personal y colectiva, harán falta miles de maestros, guías, políticos y empresarios de conducta ejemplar, medios de comunicación que difundan valores, y padres y madres de gran fortaleza espiritual, aun desde la pobreza que les seguirá tentando por tanta necesidad; y toda esa gente habrá que sacarla de lo que queda de reserva moral del país.

– Es desde la perspectiva Humanista, entonces, que “el camino”, “la salida” -o como quieran llamarla algunos opositores-, y la obligación inmediata, es producir pan, y difundir valores; sabiendo que el régimen no hará ni lo uno ni lo otro, la oposición, junto a su deber patrio de pensar en soluciones para producir lo primero, tiene la obligación moral de difundir desde toda tribuna, institutos de formación, fundaciones, cátedras universitarias, organizaciones populares, e incluso en el comedor de casa, los valores básicos de dignidad personal, de democracia, y de libertad, y más ahora, que la renta petrolera ha mermado, impidiendo así al régimen seguir comprando voluntades: porque muchos seguirán exigiendo la dádiva, y sin referencias morales capaz que se pongan caprichosos, y violentos.

Hermann Alvino

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