Cuestión de coherencia


El golpe de estado del congolés Mobutu a Patrice Lumumba, primer presidente de ese país luego de su independencia a inicios de la década de los 60 del siglo pasado, fue un claro ejemplo de lo inmoral que siempre ha sido la comunidad internacional, especialmente la de los países más poderosos: Mobutu, quien era colaborador muy cercano a Lumumba, lo apresó para que éste fuese luego torturado frente a su misma esposa, y lo mandó a transladar a la región de Katanga para su asesinato de una manera algo cruel e inusitada: con ácido sulfúrico; mientras tanto, en la capital, Mobutu mandó a ahorcar a los colaboradores del depuesto presidente –premier y  ministros- en la plaza con asistencia obligatoria de una multitud. Eran tiempos de guerra fría, durante los cuales cualquier barbaridad era permitida por Occidente cuando se trataba de quitarse de encima amigos de la URSS, como era el caso de Lumumba, premiando asesinos y genocidas con un descaro indigno de los países que siempre se han atribuido la defensa de la libertad y democracia. Así, en nombre de éstas, y del realismo político, a Mobutu se le trató como prócer de la libertad en sus visitas a Nixon, la reina Elizabeth, la premier india Indira Ghandi, el presidente francés De Gaulle, el rey belga Balduino, el presidente chino Mao, y el emperador japonés Hirohito, entre otros.

Solo un aval tenía Mobutu para tantos apoyos y jaladera: las riquezas congolesas de Uranio y diamantes, a las que en los años siguientes se uniría el Coltan y la madera –al menos la que quedaba luego del expolio que duró décadas del rey belga Leopoldo.

Por su parte el ugandés Idi Amín, al tomar el poder en 1971 comenzó una cacería de adversarios cuya cifra se estima en unos 400 mil, asesinados muchos de ellos no por sus esbirros sino por los cocodrilos, a los cuales les arrojaban, además de ser parte del menú de Amín, quien de vez en cuando optaba por comerse uno que otro pedazo de algún enemigo.

Cosas de aquella África, pensarán algunos, pero que no les parecerá tan distante como parece, cuando se enteran que Amín, luego de ser igualmente homenajeado por los poderosos del mundo, dadas las enormes riquezas de aquella tierra de gracia, al ser defenestrado del poder en 1979 se acogió a la protección del libio Gadaffi, el mismo pana de Chávez, con lo cual la cosa ya nos comienza a rozar un poco, y nos comienza a picar cuando estas dos historias las ponemos en perspectiva dentro de un mosaico algo más amplio, que incluye los homenajes a Chávez por parte de tantos asesinos africanos, asiáticos y latinoamericanos, más diversos demócratas europeos –valga el término-, y por supuesto el ruso Putin, a cuenta de que en este caso se trata de petróleo, algo de coltan y uranio también, más alguito de oro, y mineral de hierro, aluminio, torio, etc.

Unos homenajes bien retribuidos por Chávez, entregando a diestra y siniestra réplicas de la espada del Libertador –o en una de esas la misma espada original, puesto que dentro de tanto desorden y arbitrariedad nadie podría garantizar lo contrario-, y centenares de miles de barriles de petróleo, minerales, tierras, lingotes de oro, dinero en efectivo, fiestas para todos los gustos y tendencias, etc., cuyo efecto no solo era la satisfacción del ego del barinés sino que sigue siendo un inmoral apoyo del régimen de sus herederos en los foros internacionales; un apoyo ahora satelital al que goza Cuba en esos foros, de forma tal que ya sería imposible vetar a Venezuela sin hacerlo con Cuba, complicando así mucho más la labor opositora de labrarse apoyos en el exterior.

A sabiendas que para cualquier fuerza política de un país es indispensable mantener relaciones con partidos afines de otras latitudes, y en la medida de lo posible con otros gobiernos -mediante los canales que en cada éstos establecen-, tal vez la oposición venezolana podría dar un pasito atrás en esa misión, dado lo inútil que han resultado los esfuerzos de más de una década, aunque sea para producir una declaración contundente por parte de algún gobierno y partido que pueda constituir un apoyo interesante para nosotros.

Tal vez deberíamos dejarnos de eso, y concentrar todos los esfuerzos internamente, no vaya a ser que cuando toque disponer del poder y del gobierno –algún día tocará, de eso no hay duda- hasta haya que agradecer el “apoyo” de varios gobernantes cuya hipocrecía y debilidad han permitido enquistar en sus propias entrañas a una diplomacia criolla felona, tracalera, contrabandista e inmoral.

Si la oposición busca autonomía real, cortando toda eventual complicidad que pudo haber habido por parte de algunos de sus dirigentes con el régimen, también se debería hacerlo con quienes en otros países saben lo que está pasando acá, pero callan, cuando no apoyan directamente al régimen, a cambio de nuestras riquezas, dejando de viajar a esos foros que pareciera que a nadie le importan. Y eso va con EEUU y España, entre otros, más los sospechosos habituales, quienes creyendo que somos tontos, siguen con su doble juego de apoyar a estos energúmenos mientras nos pasan la mano por el lomo para darnos falso cariño.

Cuestión de coherencia.

Hermann Alvino

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