Aveledo


ramonguillermoaveledoNo fue nada sencillo concretar el pacto político y programático de Punto Fijo, puesto que sus autores, con todo y el respeto personal entre ellos, siempre habían estado muy distantes en ideas y vivencias; pero tuvieron esa visión de Estado que les permitió convencerse de que la fragilidad de la Venezuela post perejimenista, solo era posible superarla consensuando, para así apartar a quienes promovían una larga transición con militares en puestos de mando y civiles más o menos sujetos a su voluntad, para prevenir el caos social que, a juicio de aquella gente, inevitablemente se produciría al dejar súbitamente un pueblo en libertad.

Aquel pacto, cuyo nombre fue el de la vivienda de Caldera, duraría unos tres períodos presidenciales –Betancourt, Leoni, y Caldera I- antes de que CAP I terminara llevando muchos militares a cargos ministeriales, además muchos ñángaras antisistema.

Para el país, quel fue un pacto efectivo -aunque en 1962 URD decidiese excluirse, a causa de la decisión del gobierno de solicitar ante la OEA sanciones hacia una Cuba ya castrista, y en pleno proceso de intervención guerrillera en toda la región., al punto que permitió el traspaso del mando y del poder de AD a COPEI, cuando Caldera I le ganó las elecciones a Barrios por apenas 32.906 votos. Pero para los partidos mismos fue más dificil, porque al poco tiempo de iniciado el período betancuriano, en AD comenzaron las divisiones guerrilleras, más la del maestro Prieto, que a la postre le daría las matemáticas electorales a Caldera I (Luis Herrera Campins siempre recordaba que si era difícil ganar estando unidos, mucho más lo era estando divididos). Y no solo había fuerzas centrífugas en AD -explicables incluso por el hecho de que ese partido cobijaba hasta las fuerzas más disímiles, al igual que el peronismo argentino, o el APRA del peruano Haya de la Torre-, sino también en COPEI, cuya cultura política -no sabemos si para bien o para mal- siempre impidió formalizar los desacuerdos.

De manera que en lo referente a una visión común de país, solo quedaron AD y COPEI, con una complicada misión, tanto para sortear las diferencias entre ellos como las internas, dándole a las primeras el necesario contraste para diferenciarse –por lo demás eran muy distintos entre sí, al menos entonces- pero sin insistir demasiado -dada la fragilidad inicial del todo el sistema-, mientras que a las segundas, cada partido le dio un tratamiento muy distinto: AD expulsó, se dividió, y volvió a crecer, mientras COPEI barrió todo debajo de la alfombra, y se convirtió en una olla de presión creciente que un cuarto de siglo más tarde terminaría implosionando.

La convivencia de Punto Fijo nunca fue sencilla, y eso que la dictadura ya estaba derrotada; pero fue lo suficientemente sólida incluso  para resistir varios intentos de golpe durante los primeros años. No es el caso actual, donde la oposición debe desempeñarse dentro de un régimen que controla todas las instituciones, incluyendo al árbitro electoral, y encima no está unida, puesto que egos y circunstancias siempre conspiran permanentemente, algo que muy bien saben los expertos en dinámicas de grupo y en resolución de conflictos, cuya labor es resaltar las áreas conceptuales y programáticas potencialmente compartibles, para trabajar conjuntamente con el objetivo de que esa interacción, al menos contribuya a desmontar muchos prejuicios  interpersonales.

El problema, obviamente, es que debe haber ideas de por medio -al menos dentro la cabeza de sus dirigentes- cosa que sí había en aquellos tiempos de Punto Fijo, y que por tanto se pudo trabajar sobre ellas, a pesar de los terribles conflictos entre sus líderes durante los años previos a la irrupción de Pérez Jiménez.

Pero se da el caso que ahora, los principales protagonistas de la MUD, no proyectan ideas de país, y por tanto no hay un terreno programático que pueda unirnos para vencer las barreras personales creadas durante décadas de distanciamiento. Entendámonos, la MUD como tal, elaboró el documento “Lineamientos para un Gobierno de Unidad Nacional” en 2012, la “Agenda Parlamentaria” y el “Compromiso Gestión Municipal para el Pueblo y el Progreso”, los cuales fueron posibles por el enorme poder de convocatoria de Aveledo para reunir a la mejor intelectualidad venezolana; pero ese plan de país nunca llegó a permear las mentes de los otros líderes opositores, quienes ni siquiera se lo leyeron completo -y eso se nota-; porque además, su batiburrillo mental viene de lejos, y no ha sido resuelto; por ejemplo, con aquellas contradicciones adecas entre décadas de “doctrina socialdemócrata” y el paquete liberal de CAP II, o en COPEI, donde lustros de “doctrina social y económica de la iglesia”, se enredaron en el (¿neo?)liberalismo de sus candidatos presidenciales de los años 80 y 90 del siglo pasado.

Nadie sabe qué piensan en realidad los dirigentes de la MUD, o al menos no lo dicen, dándole a aquella afirmación de Leopoldo López que manifestó ser “socialdemócrata”, (http://goo.gl/Ot0BGo) un matiz más cómico que otra cosa, puesto que ni siquiera en Europa los partidos socialdemócratas que inventaron el término saben qué significa eso hoy en día. Y mejor no comentar las banalidades que diariamente dice Capriles.

Si en el pasado, esos millones de confundidos cayeron en la trampa del discurso chavista, ahora, incluso los menos desorientados, frente a la pobreza retórica y conceptual opositora, simplemente se desconectan, cual militantes de la indiferencia, aunque claro, luego de quince años de caos y desgobierno, cualquier alcalde o gobernador que gestione con un mínimo de sensatez es considerado un Churchill endógeno, aunque de sus ideas no nos haya dado pista alguna.

Lo paradójico es que en toda Venezuela ocurren cosas muy importantes para darle continuidad y desarrollar a fondo esos documentos programáticos mencionados, desde eventos sobre el problema del agua, promovidos por Alianza Bravo Pueblo (http://goo.gl/A2d9Vk), hasta todo lo que realiza la plafatorma Punto de Encuentro dinamizada por Pedro Pablo Fernández (http://goo.gl/ycFMLM). Hay buenas ideas por todas partes para hacer que la MUD no parezca “borrosa” ni como una “caimanera” (Aveledo dixit  http://goo.gl/qiuyHo). Pero ¿no será que la militancia opositora está rebasando a esos voceros que aparecen sentados en la mesa del transnocho, y por tanto el problema no era Aveledo, sino el renovar y cambiar los ocupantes de esas sillas?

Es obvio, entonces, lo complicado de una convivencia política sin ideas, puesto que éstas serían el lógico mecanismo compensatorio para hacernos olvidar viejos enfrentamientos y resquemores, porque además, si Punto Fijo fue una convivencia entre quienes de antemano querían construir y mantener un sistema político, en la actual casa de la unidad, hay varios integrantes que hasta hace pocos años lo que querían era destruir el sistema. De allí lo difícil de hacer piña con ellos, por largo tiempo fieles admiradores de Fidel, como lo es hacerlo con quienes firmaron aquel manifiesto de bienvenida a Castro en vísperas del acto de transmisión de mando a CAP II, o con esos militares chavistas que disfrutaron a plenitud del poder, y que ahora andan firmando manifiestos en contra del régimen -como por ejemplo Luis Alfonso Dávila-, y como debe serlo para los adecos, al tener que sentarse en la misma mesa con quienes fueron los verdugos legales de CAP II.

Es que la gente, tiene tripas y sentimientos, que se suman a la desconfianza natural y a las vivencias encontradas entre casi tres generaciones, y por tanto no es ni justo ni ajustado a la verdad endosarle a Aveledo los defectos de la MUD, o al menos no todos, ni los más escandalosos, porque él, conociendo muy bien estas realidades, actuó cual híbrido de sanador con terapeuta conductista de gente disímil –y hasta conceptualmente poco preparada para la misión de rescatar la democracia-, induciendo un discurso común y equilibrado, como contraparte a un régimen enloquecido –tanto con Chávez como con Maduro- para intentar ofrecerle a los venezolanos una suerte de tranquilidad en que su dirigencia opositora no son unos loquitos, sino personas cuya misión es reconciliarnos a todos y crear prosperidad.

Pero esta forma de gestionar tuvo un límite, alcanzado cuando los componentes de esa mesa fueron incapaces de convencernos de que hay un plan de país; y sin ese convencimiento, al no haber tampoco avances políticos –el régimen, lo sabemos, huye hacia delante mientras pueda y tenga recursos petroleros, y créditos internacionales cómplices-, pues es explicable que el opositor de a pie pase a sospechar sobre la connivencia de parte de la MUD con el régimen, o al menos reforzar su idea sobre la incapacidad de esas personas para ganar la democracia. El detalle es que esa percepción –cierta o no, injusta o no- sobre las limitaciones opositoras también son detectadas por la comunidad internacional, lo cual refuerza nuestra soledad diplomática.

Tal vez ese opositor, que ha deseado que sea Aveledo quien pague por esta realidad, aún no se ha percatado del todo que vivimos en una dictadura, disfrazada de dictablanda, y que los avances por las buenas son lentos y difíciles, porque dependen del desgaste mismo del régimen. Por tanto, ¿queremos apurar tiempos y resolverlo por las malas?, entonces la MUD no hace falta, sino organizaciones clandestinas que incordien al régimen con acciones armadas (y para saber lo que eso significa podemos vernos en el espejo colombiano). ¿Queremos un golpe con los militares disidentes del régimen, y quien sabe donde iremos a parar como país? Pues para eso tampoco hace falta la MUD.

¿Entonces, qué queremos, y que debemos exigirle a esos dirigentes unitarios, que al fin y al cabo, supuestamente dependen de su militancia, o sea de nosotros mismos? ¿Qué tal el renovar limpiamente sus autoridades internas y representantes e impedir así que alguien clame trampa, como ocurrió en COPEI, lo cual sirvió para involucrar a los jueces chavistas para decidir el destino del partido? ¿Qué tal exigirles que expliquen su visión de país: liberal y librecambista o intervencionista, privatizador o estatizador, devolver o no a los militares a los cuarteles, y cómo desarticular el andamiaje bolivariano y adoctrinador de las escuelas?

¿Qué tal si, además de lo que ya hacen, también los obligamos a pensar? A lo mejor se crean vacíos que puedan ser ocupados por mucha gente preparada y con ganas de trabajar que –bien o mal- no se retrata con analfabetos funcionales que suben cerro para ganar adeptos; lo que pasa es que esa gente “preparada”, también debe mojarse bajando a las quebradas, y salir de sus refugios académicos y profesionales, para ganar adeptos y disputarle el campo político a aquellos que tanto critican.

¿Y que tal si cada organización siga su propio camino, y que la providencia se apiade de todos?

Mientras tanto a ver cómo resuelven militantes y dirigentes el vacío que deja Aveledo, quien sin duda alguna sería un magnífico presidente. Yo votaría por él sin dudarlo.

Hermann Alvino

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