La zamurá.


vuelo_alineadoLos ñángaras más viejos, reciclados al chavismo, al igual que muchísimos venezolanos decentes, recordarán el infinito talento del Quinteto Contrapunto, expresado en esos legendarios conciertos en el Aula Magna de la UCV, y como retumbaban con gran delicadeza, gracias a las placas sonoras del auditorio, esos compases y voces de la versión más o menos edulcorada del folclore Kariña, titulada Mare Mare, referida a la muerte de ese “indio viejo que mandó/ muchos pueblos y lugares”. Como el comandante barinés, dirán aquellos ñángaras.

El comandante ya no está, y como todo dictador irresponsable con su propio legado –si cabe el término- que no deja reglas claras para lo que viene después, en un momento de nula lucidez y gran dolor físico, seguramente dirigido por Fidel, el comandante proclamó un sucesor algo inesperado, débil, cultural y gerencialmente inepto – lo cual animó a todos los cuervos del chavismo a abrirse paso en la lucha por el poder-, pero a su vez muy culebrero, astuto, que bajo la atenta tutoría de los Castro, anda consolidando su poder realizando cambios sustanciales en el equipo de gobierno heredado del barinés, congelando así las ambiciones de otros tantos aspirantes.

Hay dos formas para evaluar el constante (re)barajo que Maduro le aplica a su gabinete; la primera es asumiendo que estos cambios reflejan una intención de gobernar para bien de todos -intentando arreglar el desaguisado que dejó Chávez-, y la segunda es que dichos ajustes no tienen nada que ver con los problemas del país, sino que reflejan una nueva correlación de fuerzas dentro de un régimen en el que las peleas internas son extremas. Y esta última es la obvia realidad, porque, entendámonos, si un grupo de personas está en el poder desde hace quince años, sin ningún respeto por la Ley, y con centenares de miles de millones de dólares a su disposición, es natural que se dividan y comiencen a pelearse entre ellos, puesto que tanta riqueza mal habida les ha permitido organizar a su alrededor múltiples grupos de interés y mafias, al punto que incluyo si alguien quisiera salirse de todo eso y vivir tranquilo, pues no podría hacerlo, porque el monstruo que han creado, cada uno de ellos en su entorno inmediato, no se los permitiría.

Por tanto, ya no se trata solo de ganar más dinero, sino de ganar más poder, o de salir purgado con el riesgo de que los hasta ayer aliados, pero ahora adversarios, al seguir en el poder los quieran aniquilar con sólidas acusaciones de corrupción, ciertamente comunes a unos y otros, pero posibles de concretar a quienes son ahora vulnerables.

De eso se trata entonces: de sobrevivir en un entorno donde ya es notoria la rebatiña por el poder único que dejó vacante el extinto barinés, cual Mare Mare, durante cuyo entierro se cantaba “por el aire va volando/una inmensa zamura’”.

Para esta gente, el apoderarse de una parcela de poder justifica cualquier acto de violencia, sea electoral, como lo que se verá en la elección de los delegados al próximo congreso del partido del régimen, como física, como lo que de vez en cuando ocurre con los asesinatos a encargo de personajes incómodos -por saber demasiado- en un país donde el sicariato, desde Anderson hasta Otaiza, ha probado ser una herramienta más en el trabajo diario de esta gente.

Hay tres grandes grupos de jerarcas protagonistas del régimen: los chavistas puros, al estilo Giordani; los derivados, que nunca lo fueron, pero que les tocó la lotería del poder, como Maduro; y los militares, quienes siendo o no chavistas primigenios, tienen un poder inmenso en cada rincón del aparato estatal.

Ninguno de ellos quiere perder lo que tiene, pero no caben todos, no solamente porque el poder repartido y compartido -en un régimen no democrático- solo es posible por poco tiempo -en algún momento alguien logrará imponerse cual nuevo jefe-, sino porque los ahora escasos recursos petroleros ya no lo permitirían.

Los chavistas primigenios saben que su tiempo se les acaba, porque su protector ya no está, y porque ellos nunca fueron dirigentes con el suficiente peso específico como para abrirse camino por su propia cuenta y riesgo. Por ello es que, a medida que son depurados del poder, cuentan su curiosa versión de la realidad intentando colar la mentira de que el colapso del país es por culpa de Maduro, porque con el comandante estas cosas no ocurrían. Por supuesto que no dicen que durante más de diez años con Chávez en el poder, y con ellos ocupando todos los cargos importantes de gobierno, fue cuando ocurrieron los apagones, las explosiones de refinerías, los más de 150 mil asesinados por el hampa, los fraudes electorales, la entrega de minerales estratégicos a Irán y Siria, las alianzas con Putin, con el régimen chino, con Saddam, Ghedaffi, y otros asesinos, la descomposición de todas las instituciones, la degradación moral, el colapso de todas las infraestructuras, el arrase de PDVSA y la CVG, las expropiaciones y por tanto la escasez, la corrupción sin límite, las ordinarieces más vulgares, etc. La lista de estas cosas, que con Maduro obviamente continúan a plenitud, es infinita.

Estos chavistas primigenios saldrán del poder, y como ese caramelo es demasiado apetecible y adictivo, el camino que han escogido para intentar volver a probarlo algún día es tender puentes con la oposición, aprovechando la debilidad espiritual de gran parte de ésta, que insiste en agrupar a todo el mundo, aunque ello no implique sumar, sino restar.

Los chavistas derivados ahora son maduristas, en honor al apellido de quien nunca fue chavista, sino alguien al que Fidel logró colarle al barinés, y a través del cual el incauto comandante recibía consejos, creyendo que emanaban de la sabiduría del cucuteño, cuando en realidad eran del cubano. Ellos están en el poder por una carambola solo posible no solamente por el conocido desdén del régimen por la Ley, al permitir la ilegal presidencia interina y la candidatura de Maduro, sino por la infinita irresponsabilidad del pueblo chavista, a quien no le importó nada de eso (por otro lado, de la fragilidad espiritual opositora en esos lances ya se ha hablado y agotado el tema).

Estos chavistas falsos, o disfrazados de tales, no están dispuestos a abandonar ese poder que los está resolviendo por generaciones, y además saben que por haber sido dirigentes de segunda fila, y por tanto con menos peso interno, y una evidente incapacidad personal -tanto para aprender como para mejorar-, una oportunidad como la actual no se les volvería a presentar en la vida. Pero también saben que el andamiaje de ese poder se les está desmoronando, tanto por el efecto del desgobierno y las locuras del comandante, como por las presentes estupideces de ellos mismos, y por tanto han apostado a criticar, aunque sea de forma light, al reciente pasado, a destituir uno a uno a los protagonistas de ese pasado, y a presentar cambios –si cabe el término- sustentados en una retórica madurista que apuesta a enlazar con los partidarios más radicales a quienes se intenta animar a legitimar esa estancia en el poder mediante la asesoría directa de un cubano que estuvo en el entorno cercano al Ché Guevara.

Por supuesto, solo el surrealismo venezolano hace posible que el señor Borrego sea el gurú de la política de Maduro, a cuenta de haber sido “asesor” de aquel guerrillero argentino, un asesino que tanto mal sembró en Latinoamérica, cuya adoración general, dicho sea de paso, ha sido factible por la irresponsabilidad global de los sistemas educativos al permitir la idiotización de varias generaciones consecutivas de jóvenes.

El objetivo de los maduristas, entonces, de tener éxito, será la definitiva muerte política de Chávez y del chavismo como tal, y estos cambios de gobierno, unidos al coqueteo con los cubanos, son congruentes con los “tres pasos pa’elante y dos para atrás” del entierro de Mare Mare.

El tercer grupo son los militares, ya no tan cabellistas, porque Diosdano, aun siendo primigenio, y encima militar, nunca fue un oficial de alta graduación, y por tanto, con el tiempo su liderazgo va siendo superado por las nuevas camadas de coroneles y generales, quienes además, habiendo invadido toda la administración pública, y dispuesto por más de una década de los inmensos recursos del Estado, pueden apartar a Cabello cuando les plazca. Y a lo mejor ya lo han hecho, relegándolo a la Presidencia de la Asamblea Nacional, mientras se acercan a Maduro -a cuenta de un respeto institucional que ni ellos mismos se creen- para seguir su serena conchupancia con el poder formal.

Es en estos términos que habrá que analizar el congreso del régimen a efectuarse dentro de pocos días, para intentar adivinar quienes son los gallos tapados que al final prevalecerán en una lucha que poco tiene que ver con los problemas del país, y que nada tiene que ver con la esperanza opositora de que abandonen el poder, de que se produzca una transición, o de que el régimen colapse; porque puede que tanto chavistas genuinos y farsantes sean indiferentes a la realidad de escasez y caos que ya está presente, y ciegos ante todas las encuestas que indican la desaparición de ese piso de mayoría del que siempre han disfrutado, pero lo cierto es que controlan todas las fuentes de riqueza nacional, y todas las instituciones, y que por tanto no se irán por las buenas, aunque así lo piense el padre Ugalde, o los opositores más incautos.

Hermann Alvino

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