Vacío.


imagesCuando uno se topa con una fotografía donde aparece Maduro al lado del Secretario General de la ONU (http://goo.gl/mzNUpa), es inevitable asociar a dicho diplomático surcoreano con su homólogo chileno Insulza, pues ellos forman una pareja de pícaros y bon vivants, que no se despeinan por nada, en ese su trabajo de mirar para el otro lado, mientras tantos países asociados a esas organizaciones que ellos presiden, se desangran, se mueren de hambre, y se degradan en extremo.

Venezuela es ya parte de esa familia de países semifallidos, cuyas riquezas y esperanzas de progreso se las tragó la avidez de sus tiranos, como remate de la estulticia de los políticos que les precedieron, quienes en vez de intentar ver un poco más allá de sus narices los efectos de sus torpezas y soberbia, se plantaron en la creencia de que su mundo duraría para siempre, mientras que se iban acumulando frustraciones y venganzas, que serían oportunamente aprovechadas por los salvadores de turno, previsiblemente similares a los cerdos esclavizadores de la Rebelión en la Granja de Orwell.

Ahora muchos venezolanos están pendientes de las cajas con medicinas, alimentos, y productos de higiene que sus familiares les envían desde los países donde se han ido a vivir. Muchos destinatarios de estas remesas también son chavistas, cuyos deseos de comer, sus ganas de curarse, y de tener el trasero más o menos limpio, son su castigo por haber permitido a Chávez y a Maduro llegar tan lejos. Ellos saben que su orgullo vernáculo, aunque provenga de aquel ejército de libertadores, ya no se sostiene, por haber optado electoralmente por la tiranía en vez de la libertad, y por entusiásticamente haber dejado entrar al país a los cubanos para que los chuleen y humillen, mientras, como esos inefables diplomáticos, ellos miran para otro lado a ver donde está la mano que le da la propinita por su complicidad.

Claro, ahora esa parte de la masa chavista arrepentida, tiene la excusa de la represión para quedarse quieta, lo cual es un motivo muy válido, pero eso es ahora, porque hasta hace dos o tres años, había margen más que suficiente para defenestrar al régimen. Tarde piaron, diría LHC, y por más que Corina insista en el asunto de elecciones anticipadas, y otros en lo de la Constituyente, todo indica que el régimen resistirá hasta las elecciones parlamentarias y presidenciales, que ciertamente podrá ganar la oposición, pero siempre y cuando ese manso pueblo recuerde que una vez fue bravo, y vote tan masivamente contra quienes lo han martirizado en cuerpo y alma durante un tiempo que para entonces habrá durado casi veinte años, que no habrá fraude capaz de cambiar nuestro destino… y siempre que la oposición siga unida, porque visto lo visto, grietas hay, y es inquietante ver a parte de ésta ya opinando sobre los errores del régimen, y sobre su ineptitud para gobernar, dentro de un marco que no representa en absoluto un cambio de paradigma.

Por ello, la idea de unas elecciones anticipadas, en el caso de ser posible, no necesariamente produciría un cambio, porque tanto para ese hipotético evento tempranero, como para esos procesos previstos dentro de unos años, estaría por verse si la gente preferirá un cambio real a este relajo de corrupción y hambruna. Un cambio que, obviamente, debe presentarse con otra visión de país, lo cual obliga a la oposición no solamente a elaborarla, sino también creer en ella, cosa que en muchos opositores, ya no parece tan evidente como en el pasado, porque se están acostumbrando a lo que hay, incluso a su status como contraparte de un régimen que no cederá en nada.

Ese desideratum loable de Corina, que solo sería posible mediante una irrepetible combinación de eventos o carambolas cósmicas, lo podemos contrastar con la línea de ideas de Eduardo Férnández, quien desde hace tiempo insiste en la necesidad de un gobierno integrado por los mejores talentos del país, al menos en términos de conocimiento de soluciones efectivas, y capacidad de gestión para llevarlas a buen término. La idea de Fernández tendría mucho sentido si no fuese porque quien debe convocar a esta mesa de gobernanza, incluso respondiendo al deseo de buena parte de la población, no lo hará; primero porque no puede, ya que los privilegios endógenos al régimen y la presión cubana lo impiden; y segundo, porque Maduro no tiene preparación necesaria para coordinar un equipo de primera línea, y menos para comprender sus propuestas.

Siguiendo la línea de Fernández, dada la crisis que ha vivido Alemania, puede parecer obvio que allá se haya podido concretar un gobierno integrado tanto por la CDU -el partido de Merkel-, como por el SPD de los socialdemócratas, esto es, la crisis los obligó a actuar como estadistas, aunque a muchos votantes alemanes pueda no haberles gustado del todo, cosa que tal vez expresarán en las sucesivas elecciones (http://goo.gl/1cIkIo).

Pero algo menos obvio es adivinar que eso mismo ya había ocurrido en Zimbabwe, donde desde el año 2008, quien arruinó a ese próspero país -Mugabe- ha estado gobernando en coalición con su rival electoral Morgan Tsvangirai; faltaría por esclarecer si esta alianza fue posible porque Mugabe, luego de décadas en el poder y de ruina, había llegado a tener una posición interna de extrema debilidad -más la presión internacional para que realizase cambios-, o porque los adversarios decidieron dejar de pelear para repartirse lo que aún queda de país. O simplemente porque actuaron como hombres de Estado.

Lo objetivo es que durante este período, salvando las obvias diferencias, tanto Alemania como Zimbabwe han progresado; el caso de Zimbabwe, por lo demás, es realmente sorprendente, porque Mugabe, al margen de sus méritos pasados en los tiempos de la independencia de ese país, sí se parece a Chávez, actúa como lo hacía el barinés, y ha causado una debacle nacional equivalente a la venezolana. Inesperado es entonces que haya promovido esa alianza, y más aún, que su rival la haya aceptado.

Por tanto, si allá ocurrió, pues acá también sería posible, con todo y que Maduro diga que la verdadera intención de la oposición, cuando clamaba por el diálogo, era buscar cargos -cambures pues-, y a pesar de la lógica reacción opositora negando el asunto, y denunciando esa manipulación del régimen.

Quien sabe entonces, si además de los motivos mencionados anteriormente, que inducen al régimen a desechar una propuesta de este calibre, y a pesar de la debacle de su imagen y de la opinión sobre su gestión, de acuerdo a los estremecedores datos presentados en el último estudio de Keller y Asociados, ellos puedan pensar que Venezuela (aún) no esté tan arruinada como lo estaba Zimbabwe para aquel momento de la alianza; o puede que la inexistente presión para cambiar, junto a la creciente benevolencia internacional hacia los Castro, los envalentone cada día más.

O al revés: a lo mejor esos contundentes datos de Keller, simplemente reflejan el inicio del fín del régimen; y que un proceso electoral anticipado, unido a la convergencia de los mejores, conjugue a futuro ambas propuestas, para bien de todos. No lo sabemos, y quien tenga la bola de cristal para ver el futuro que la use.

Lo que sí sabemos, en cambio, es que el régimen carece de hombres de Estado, aunque esto ya era conocido; y lo que produce no solo algo de enojo, sino desorientación, es ver que con creciente frecuencia aparecen fotos de ese mal vestido estrechándole la mano a un vivaracho burocrata muy bien pagado para estos protocolos, y que nunca -a cuenta de eso que llaman intereses económicos, y la tupida red de interacciones derivadas de la globalización- aparezca la foto de un estadista, valiente y demócrata de verdad, dándole un portazo en las narices a los tiranos, y a todos quienes se están cargando la libertad en el mundo.

Pareciera entonces que la ausencia de verdaderos hombres de Estado, es una señal de identidad de estos tiempos.

Hermann Alvino

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