La verdadera pelea.


 

libro-educacionLa verdadera pelea.

Contra este régimen, cual combinación de castrismo, fascismo, comunismo, latrocinio -opciones éstas fáciles de definir y describir-, y chavismo -opción imposible de precisar-, la verdadera pelea es la espiritual, porque además de la ruina material, lo que está en marcha acelerada es el proceso de adoctrinamiento de una generación de jóvenes; un proceso que podría convertirse en autosustentable, como en general ya lo es el régimen mismo, malversando la riqueza petrolera para controlar todas las instituciones.

En el caso del adoctrinamiento de la juventud, la misma ineficiencia del chavismo ha retrasado la fragua masiva de maestros y profesores de mente unidimensional -sea por convencimiento, o por puro oportunismo personal- dispuestos a lavarle el cerebro a quienes pasen por sus aulas. Pero el objetivo esta clarísimo, porque los jerarcas del régimen, y los cubanos, también saben que éste es el campo donde se disputarán las voluntades de la Venezuela decente contra quienes degradaron nuestro gentilicio. Ellos saben que si logran disponer de una generación de jóvenes mal formados, mal educados, y que interpreten sus vidas a través del filtro de una historia manipulada que gravita alrededor del culto a la personalidad del extinto barinés, el régimen hasta podría compensar su propia torpeza, para continuar su dominio sobre el país.

No se trata de que no haya agua, ni papel higiénico, ni alimentos, ni de los apagones, de los atracos y asesinatos, ni del robo masivo de la riqueza, etc. Se trata de que dentro de pocos años no nos reconoceremos como país, porque espiritualmente, nuestro gentilicio habrá desaparecido, siendo sustituido por una falsedad que será compartida por millones de ciudadanos alienados y sin otras referencias, ya que quienes aún poseen información fidedigna de nuestra historia patria, por ley de vida habrán muerto.

Todos los jerarcas de los regímenes totalitarios de la Historia emprendieron el adoctrinamiento de la juventud como punto de partida indispensable para su continuidad; y no hay que remontarse mucho en la Historia para saber los efectos que ese crimen espiritual le causa a toda una sociedad; basta verlo en la Rusia postsoviética, en China, en la misma España post nacional-católica.

En el caso ruso, la confusión mental causada durante setenta años aún persiste; allí sigue el estilo estalinista de aquellos jóvenes de cerebro lavado que hoy dominan ese país, y la nostalgia del ciudadano de a pie en ser guiado por un líder fuerte, sin importar su libertad. En el caso chino, el sometimiento al líder, al partido, y la tolerancia a cualquier abuso de sus dirigentes, ha permitido perpetuar un régimen esquizofrénico -en lo político con un partido único, corrupto hasta la médula, y en lo económico con un capitalismo salvaje, cuyos magnates son los mismos funcionarios del PCC.

En el otro extremo ideológico, vemos que la herencia cultural de la España nacional-católica franquista aún persiste en quienes ocupan puestos de alta responsabilidad, que vivieron con misa obligatoria, esclavitud hogareña de la mujer, designación a dedo de los dirigentes a todos los cargos, el doblar la cerviz de las fuerzas armadas antes las estatuas de vírgenes y cristos en los diversos desfiles, etc.; cosas éstas que aun ocurren con frecuencia en ese país. Y dentro del mismo extremo opuesto al comunismo, está la dictadura de Pinochet, que comparada con los casos descritos, duró relativamente poco, y por ello no pudo adoctrinar del todo a los jóvenes, aunque sí tuvo tiempo para adulterar los libros de Historia, presentando al régimen como el salvador del país, al igual que lo hizo algo más apresuradamente -porque sospechaba que iría a durar poco- el gobierno que le precedió: el del comunista Allende, al manipular Historia e información, en operaciones de igual arrope mediático, pero que afortunadamente se estrellaron frente a una población no tan vulnerable espiritualmente, porque desde los tiempos de nuestro mismo Andrés Bello, chileno por adopción, la educación formal, y de valores, de esa sociedad, siempre mantuvo una calidad envidiable.

La nuestra también fue, “técnicamente” hablando, de gran calidad -prescindiendo del factor adoctrinamiento del postgomecismo, el medinismo y la dictadura perejimenista- tanto en castellano y literatura, como en ciencias naturales y humanidades; y ese nivel incluso fue superado con creces durante el gobierno de Gallegos, y luego con el fenecido ciclo de la democracia iniciado con Betancourt.

Infortunadamente, sin embargo, pareciera ser que nuestras juventudes de la democracia, cuando más necesitaban del ejemplo público, institucional y personal de los gobernantes, éste no apareció, y la educación cívica quedó relegada a un simple manual de conducta callejera -como ayudar a un anciano a cruzar la calle, o no escupir ni decir groserías-, descuidando valores éticos indispensables. Un grave error que cometieron no solamente los gobernantes, sino la clase media profesional -cual pilar ético y referencia intelectual de cualquier país- ya víctima de lo que Zygmun Bauman definiría como una suerte de ética líquida, al lanzarse ávida a la carrera de la riqueza petrolera -como predecesora de los boliburgueses chavistas-, pasando por encima del discernimiento obligado de los conflictos de intereses, y del trabajo mismo como valor personal.

Esa objetiva normalidad antiética, generalizada durante el ciclo democrático, y letal para la formación de aquella juventud, el chavismo la ha empeorado degradando los contenidos mismos de las categorías de materias mencionadas anteriormente, al punto de que no es frecuente conseguirse jóvenes que sepan escribir sin errores de ortografía, o de sintaxis, lo cual a su vez indica una carencia de raciocinio, y la incapacidad para abordar textos complejos, o incluso los más sencillos, que muchos solo balbucean en voz alta, porque no le enseñaron a leer bien, menos a comprender.

La educación bolivariana es de mala calidad (ver informe UCAB en http://goo.gl/zDIsjL); y la Colección Bicentenario” a utilizar masivamente en las escuelas públicas venezolanas deforma la historia patria y los valores de nuestro gentilicio; y el descaro de personajes como la exministro(a) de educación, Maryan Hanson, al afirmar que Sí, aparece el Comandante Eterno porque es la historia inmediata y no tenemos por qué negarla” (http://goo.gl/LNgqMN) es un insulto a la honestidad de cualquier educador decente.

Sumémosle a esa ausencia de contenidos sólidos la realidad mediática global, más las redes sociales a los cuales todos nos diluimos con multitud de dispositivos, como sustrato a la inmediatez que deja de lado todo contenido que implique dedicarle cierto tiempo de lectura y reflexión. Ese sustrato incluye hasta la misma televisión, que en sus debates políticos y culturales -cuando los hay…– impone tiempos muy cortos, con mensajes telegráficos que rellenan el poco tiempo que deja disponible la publicidad, haciendo imposible desarrollar cualquier idea medianamente compleja; un aporte, por cierto, de nuestras televisoras privadas de siempre, al embrutecimiento general de una sociedad.

Y este estado de cosas deja a la juventud en una posición de gran vulnerabilidad, para adoctrinarla y moldearla, cuando se es infante, con cartitas de amor a Chávez, y con una falsa narración lineal de la historia patria –cual mala copia de la lógica cristiana y su irrupción del Cristo que lava todo pecado, y hasta la misma linealidad finalista de la sociedad comunista-, al presentar a Chávez como un natural desenlace de redención de una sociedad perdida en la pobreza por culpa de sus gobernantes.

Sabiendo entonces que el chavismo ha quebrado la cultura democrática, imponiendo la idea de un “enemigo” a quien hay que ganarle como sea, y con quien cualquier acuerdo será imposible, es inmediato concluir que esa concepción divisionista de la sociedad es la que ahora impondrá en las escuelas a través de la manipulación histórica, donde hasta el mismo concepto de familia se irá diluyendo en adoración al “comandante eterno”.

Por supuesto, ese plan no tiene nada que ver con la capacitación técnica para poder sobrevivir en la actual aldea global, o para aprehender fenómenos como el del cambio climático -con una obligada elaboración de una ética de la naturaleza para intentar sanear un planeta descompuesto y degradado en extremo-, ni las necesarias formas de organización y consenso internacionales para no retrotraerse en las dinámicas que caracterizaron el siglo XIX y los primeros años del siglo pasado, a los cuales, casualmente, la alineada generación de jóvenes rusos que hoy mandan en ese país, y la de sus colegas chinos, pretender retroceder: Ucrania, y la conflictiva plataforma marítima Sino-Vietnamita, son ejemplos de querer arreglar las cosas por las armas.

A lo anterior se suma el desconocimiento de la importancia de la tecnología, la cual ya de por sí es un agente despersonalizador que limita la responsabilidad de cada uno a su labor específica, esto es, cumplir órdenes, sin proveerle de sentido de sus acciones; todo lo cual, insertado en lo orgánico del totalitarismo y del finalismo chavista nos supondrá una juventud psicópata, incapaz de tener esa sana empatía necesaria para convivir en paz.

Este es un campo de pelea espiritual que, como se dijo al inicio, es fundamental. Y el hecho de que desde el mismo inicio del próximo año escolar, este proceso chavista tome nuevo impulso, es motivo más que suficiente como que este asunto se considere tan urgente como cualquier otro que pueda tener la oposición en su agenda. Porque ciertamente lo de Leopoldo es urgente, como lo de el caso de Simonovis, el de los estudiantes presos y la escasez de alimentos. Pero si a esto se le deja correr sin oposición alguna, en pocos años el enemigo estará dentro de casa. Y ya no habrá nada que hacer, porque los padres ya no reconocerán a sus propios hijos. Y no valdrá la pena seguir luchando.

Por lo pronto la MUD debería posicionarse con este asunto innegociable. Los padres y madres negarse a escolarizar sus hijos bajo estas circunstancias. Y los maestros y profesores sensatos, pues negarse a dar clases utilizando un material dañino y mediocre.

Allí hay unos cuantos millones de venezolanos, que si llegaran a unirse en este asunto, podrían avanzar más que todas las manifestaciones juntas realizadas hasta ahora, a sabiendas que fácil es decirle a un maestro que renuncie a su trabajo, y por ello es fácil catalogar esta petición de irreal; al igual que es fácil decirle a unos padres que no envíen sus hijos a la escuela, y que los eduquen en casa, teniendo que ir a trabajar.

Pero, ¿quién dijo que iba a ser fácil sacarlos del poder?

Hermann Alvino

 

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