Un película de terror ya vista.


imagesLos venezolanos que optaron por irse a trabajar por un tiempo a Europa, valoran con gran inquietud los resultados de las recientes elecciones europeas, especialmente en los casos de Francia, Italia, y sobre todo en España, donde nuestros compatriotas no solo viven, sino que siguen con atención los acontecimientos políticos de esas sociedades.

Para la gran mayoría de paisanos, esto parece una película de terror ya vista, cuyo guión parece calcado de la historia contemporánea de Venezuela, cuando aquellos grandes partidos de la democracia post dictadura de Pérez Jiménez, AD y COPEI, luego de los primeros años de libertad y progreso social, optaron por escorarse paulatinamente hacia la autocomplacencia, enfermedad ésta que los fue haciendo laxos hacia las realidades más significativas, como la corrupción, el despilfarro, el relajo y los desmanes de las castas dirigentes, que actuaban con una creciente chulería que a la postre causó una ruptura con las clases populares y la misma clase media, para que éstas, huérfanas de dirigentes creíbles, convencidas de que había que erradicar estos vicios de raíz, optasen por el mensaje chavista.

Faltaría aclarar si en el caso venezolano, el vuelvan caras hacia el chavismo, y el haberle dado la espalda a las organizaciones políticas, económicas y mediáticas que dominaron la agenda nacional durante casi cuarenta años, pretendía poner el sistema patas arriba, buscando otro modelo socioeconómico, o solo deseaba limitarse a una profunda operación de limpieza. La avalancha de votos hacia la constituyente convocada por un Chávez recién electo sugieren lo segundo, al menos durante los primeros años del régimen; mientras que las recientes encuestas apuntan a que los venezolanos desean volver a vivir en una sociedad pacífica, con elecciones libres, y con instituciones equilibradas, esto es, algo similar a lo que había antes del chavismo, pero sin muchos de sus vicios.

El hecho es que AD, COPEI, junto a una gran parte de las clases populares, y una enorme porción de clase media se cargaron a la democracia, lo cual de ninguna manera justificó el intento de golpe de Chávez, ni su veneno demagógico, ni el régimen que logró concretar, para ruina de todo el país.

Ese deterioro del sistema democrático se nota en el Sur de Europa, al observar como el principal partido de la derecha española, junto al de la italiana, conviven descaradamente con la corrupción, mientras aplican sin misericordia las recetas neoliberales para paliar una deuda y un general deterioro económico que ellos mismos causaron con sus políticas industriales erradas, causando burbujas inmobiliarias, y enormes aumentos del costo de la vida, mientras sus dirigentes y sus partidos llenaban de sus bolsillos y arcas con dinero mal habido. Ni siquiera Francia se ha salvado de escándalos que hasta han salpicado al anterior presidente Sarkozy, mientras que la derecha española se ha ensuciado hasta las raíces con financiamiento ilegal del Partido Popular, además de sueldos en negro de su más alta dirigencia; el caso Berlusconi en Italia es extremo, por la compra pura y simple de senadores para ganar su voto y tumbar al gobierno de Prodi, electo en las urnas, sus fiestas con prostitutas menores de edad, y los miles (literalmente) de dirigentes nacionales y locales acusados de corrupción, cohecho, malversación, evasión fiscal, vínculos con la mafia (decenas de ayuntamientos han tenido que ser disueltos por esto último), muchos de ellos diputados y senadores refugiados en el fuero parlamentario que su mayoría parlamentaria confirmaba, mientras se vencían los lapsos de prescripción establecidos por unas leyes cada vez más tolerantes con estos ladrones de cuello blanco.

Ahora, esa derecha del Sur de Europa, recorta programas sociales, al punto que el aumento de la pobreza, el desempleo y la desesperanza son el empujón final para que muchísima gente no quiera saber nada de ellos -España e Italia tienen un desempleo juvenil entre el 40 y el 60%, la pobreza española ha ascendido al 20% de las familias, etc.- Y esas políticas se ponen en marcha con equipos de gobierno extremadamente mediocres, y realmente nadie sabe como esa gente puede llegar a esos cargos, y luego irse de inmediato a las filas directivas de la empresa privada, saltándose de paso los conflictos de intereses que ello implica.

La izquierda no está mejor, ni mucho menos, porque los socialistas italianos y españoles  imputados por corrupción se cuentan por centenares, además de que los italianos, ahora en el poder, aplican al milímetro políticas tan neoliberales como las de la derecha española, lo mismo que a su vez hicieron los socialistas españoles cuando estuvieron gobernando.

Los adecos y copeyanos del Sur de Europa término que le es perfectamente aplicable a los españoles PP y PSOE, y a los italianos FI y PD, han cavado un profundo foso que los aleja de la gente común. Lo mismo puede decirse con la derecha e izquierda francesas.

Hasta aquí la repetición de escenas de la película referida al inicio. La variante es que en aquella Venezuela había alternativas a AD y COPEI, que podían no gustar a un país acostumbrado a la gomina y a la imagen artificial impuesta por los asesores del marketing político, pero que habrían sido un buen sacudón político sin salirse de los rieles del sistema democrático: Andrés Velásquez, por ejemplo.

El problema italiano, español y francés es que, en general, el ciudadano no encuentra alternativas que limpien, pero  mantengan el sistema, porque ese lugar, en Francia lo ha ocupado el nacionalismo extremo de Le Pen, en Italia el movimiento 5 Stelle del excómico Grillo (con un empresario cual cerebro gris, Casaleggio), y en España el partido Podemos, de Iglesias. Y todos ellos quieren cargarse el sistema. Y en esto no hay ni Europa ni instituciones “fuertes” que resistan, porque la gente y su resentimiento son capaces de barrer con todo. En Europa ya ha sucedido, y podrá volver a suceder, porque las sociedades no aprenden, y repiten incansablemente sus errores, al igual que sus dirigentes.

No cabe duda que el raciocinio europeo se ofusca cuando, como en el Reino Unido, o en la misma Madrid, con siete u ocho meses de intenso frío, se debe pasar cada noche  vistiendo ropa polar barata, olorosa a plásticos contaminantes, comprada en bazares chinos, porque no hay dinero suficiente para pagar la factura de la calefacción. O empiezan a dañarse irreversiblemente los dientes porque no hay para pagar un dentista, o hay que recurrir a la caridad para obtener alimentos para los hijos, a quienes incluso se les niega atención médica especializada a causa de los enormes recortes en los programas sociales, por los que se optó para pagar la factura del déficit y la deuda estadal creada por la ineptitud de los grandes partidos del sistema, mientras sus protagonistas continúan con su fiesta personal, y su desdén hacia los ciudadanos de a pie.

El guión es el mismo, pues.

Los paisanos que viven en España añaden a esa inquietud una cuota de rabia ajena, al ver que los votantes inconformes por los motivos comentados, al contrario de los italianos y franceses que apoyan movimientos extremos de derecha, en el caso español lo hacen con un movimiento de extrema izquierda, y además amigo y beneficiario del chavismo, y es allí donde la similitud se hace impresionante, por los vínculos contractuales del partido Podemos, y el de su líder Iglesias, con el régimen venezolano, y por sus vínculos ideológicos, que confirman con regularidad con declaraciones de pleno apoyo, antes a Chávez, y ahora a Maduro, a las que le añaden una especial saña cuando se refieren a la oposición democrática venezolana (http://goo.gl/BbvAGS).

Podemos, con sus cinco diputados al parlamento europeo, se ha convertido en una fuerza de primer orden en la capital española, además de otras comunidades -como la gallega-, y en cualquier escenario a futuro, su franco crecimiento es indudable, teniendo como objetivo convertirse en un factor de peso parlamentario indispensable para derrotar a la derecha española, un factor, sin embargo, cuyo apoyo implicará aceptarlos como aliados en un proceso de gobernanza entre organizaciones disímiles de izquierda, que en otras latitudes han dado muy malos resultados, como en el Chile de Allende, al ser inevitable que los radicales secuestren al gobierno a cambio de su estabilidad como tal.

En la Francia del siglo XVIII la gente se hartó de tanto abuso, y hubo una revolución con guillotina y todo, que arrasó con el sistema para que luego viniera la autocracia napoleónica a poner orden; en la Alemania de los años 20 del siglo pasado, el desorden y la crisis, unido a la autocomplacencia gobernante, ofuscó el entendimiento ciudadano para abrirle las puertas al nazismo, igual sucedió en Italia con Mussolini; en la España republicana, el despelote fue tan grande que la mitad de la población aceptó de buen grado el golpe de Estado de Franco y la posterior guerra civil; en la Argentina de Isabel de Perón, la Junta Militar presidida por Videla hasta sacó suspiros de alivio de mucha gente.

En cada caso los efectos están a la vista: una escabechina y décadas de sufrimiento.

Angustia ajena entonces, es lo que sienten tantos venezolanos en esas lejanas latitudes; y seguramente, tanto venezolano, hijo de esos emigrantes europeos, que fueron a nuestro trópico a buscar horizontes más amplios, ahora comprenderá aquella angustia de sus padres, al ver como ese país se iba desmigajando irreversiblemente.

Porque esa angustia ahora la viven ellos mismos, al sospechar que dentro de algunos años –en Venezuela fueron necesarios cuarenta- sus descendientes podrían repetir la historia; por tercera vez, e irse a otra parte.

Y así, hasta que se termine este vaivén, quien sabe cuando.

Hermann Alvino

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