Amén


123Hace menos de un mes, la Corte Suprema de Justicia de EEUU, con el voto de 5 de sus 9 integrantes, acordó algo muy inquietante con relación a la ciudad de Greece en Nueva York, lugar éste donde algunos ciudadanos no aceptan que su ayuntamiento abra su ciclo de sesiones mensuales con una plegaria por parte de un predicador religioso.

La corte favoreció esa presencia religiosa, en una decisión con enormes efectos a futuro, puesto que confirma y profundiza dicha influencia en la vida de las personas, al punto que en Greece -que no es un pueblito cualquiera de pocos centenares de habitantes, sino una robusta comunidad de 96000 personas-, el religioso inicia la sesión con una oración que rememora “el sacrifico salvador de Jesús”, la cual debe culminar con un “Amén” de los asistentes, mientras éstos inclinan sus cabezas.

Lo más inquietante de todo esto no es que la demanda misma no se haya basado en la raíz del asunto, cual es que una religión no puede tener este tipo de ingerencia en las instituciones de un Estado del moderno Occidente democrático, sino que el caso ante la Corte se basó en que la presencia de ministros cristianos constituía una suerte de “sectarismo religioso” con relación a las otras religiones. El llamado “capellán del mes” es cristiano, y por tanto su escogencia excluye otros ministros de otras creencias, asunto confirmado por el hecho de que durante los últimos 15 años de prédicas mensuales, solo cuatro religiosos “no cristianos” fueron designados para abrir las sesiones, y eso luego de unas buenas disputas con los clérigos cristianos, quienes luego terminaron por apoderarse de la oración inaugural durante los siguientes seis años de sesiones, no sin referirse agresivamente a quienes, aún hoy, se posicionan hacia un mayor pluralismo de invitados.

Lo realmente preocupante, entonces, no es el potencial sectarismo de los religiosos invitados, sino el hecho de que en EEUU es legal que un religioso abra sesiones institucionales de organismos del Estado mediante la denominada “plegaria legislativa”, estando ésta dirigida solamente a los miembros oficiales de la respectiva institución, lo cual fue consagrado en 1983 mediante sentencia en el caso Marsh v. Chambers, referida a la legislatura del estado de Nebraska, basada además en que no había evidencia de que el religioso encargado del acto hiciera proselitismo a favor de su religión, o emitiera algún juicio desdeñoso hacia alguna otra creencia, ya que incluso -dentro de lo bizantino de estas historias, y en pleno siglo xxi- hasta un predicador cristiano eliminó sus referencias a Jesús, cuando un hebreo presente objetó ese abordaje.

De manera que la religión, en un país que es la primera potencia global, presunto ejemplo de democracia y libertad individual, actúa intensamente dentro de sus entrañas institucionales, con lo cual es imposible no concluir que la diferencia entre EEUU y los estados musulmanes -con o sin Sharia actuando como cuerpo judicial- no es cualitativa, sino meramente cuantitativa, y que será solo cuestión de tiempo para que la religión cristiana intensifique más aún su influencia institucional, puesto que además, en ese país es imposible que un político que se proclame ateo tenga futuro alguno, o si manifestase su aceptación al aborto, a la eutanasia, o al mismo matrimonio de personas del mismo sexo, porque esa componente religiosa, cuya inercia ya provenía desde los primeros colonos y que ahora toma nuevo impulso por la presencia latina con su carga católica y protestante fundamentalista, lo anularía de inmediato.

Más inquietante es la lógica misma de la Corte Suprema de EEUU, porque según ésta, los miembros del gobierno de la ciudad no pueden establecer cuando el religioso se comporta de manera “sectarea”.

Un aspecto fundamental de este absurdo problema tiene que ver con quienes intervienen en las deliberaciones de las instituciones; en el caso de la legislatura de Nebraska, el religioso -apegado a lo dispuesto en Marsh v. Chambers se dirige exclusivamente a los parlamentarios -ya que dicho cuerpo está integrado solamente por éstos-, pero en el caso del organismo de la ciudad de Greece, como todo concejo municipal, en el pleno de sesiones intervienen también ciudadanos con diversas solicitudes, y por tanto, el religioso de hecho también se refiere a éstos cuando predica, desbordando así los establecido en aquella ley de 1983.

Es obvio que quien acude a su ayuntamiento para un trámite a presentar en sus sesiones, no lo hace en su condición de cristiano, ni de judío, musulmán, etc., y por tanto, aún aceptando esta presencia religiosa en la institución, ningún ciudadano que no sea concejal, está obligado a decir Amén, ni tampoco a inclinar la cabeza. El episodio puede leerse en: http://goo.gl/z7H3wy.

No hace falta ser marxistas para ver a la religión con mucha desconfianza, cuando ésta condiciona el comportamiento de las instituciones del Estado; hay demasiados casos que sustentan esta inquietud, incluso aquél en que el Papa Inocencio vii condenó los gatos como representantes del demonio –siendo, por tanto, demonios ellos mismos-, incitando a quemarlos por miles, y dejando el ecosistema libre para que las ratas proliferasen, sirviendo de paso como vector para la difusión de la Plaga, que se llevó por delante nada menos que unos doscientos millones de personas. Cuento largo también sería, entre otros, la presencia religiosa consolidada en las fuerzas armadas de medio mundo.

Tampoco hace falta ser radicales de ultra izquierda para notar la importancia en la designación de los miembros de instituciones fundamentales para una sociedad; en el caso de EEUU tenemos que, a excepción de los dos períodos presidenciales de Clinton, han sido los republicanos quienes han establecido el tono conservador de la Corte, durante las presidencias de Reagan, Bush padre, y Bush hijo. Y esos efectos a largo plazo, dado lo vitalicio de esos cargos, se notan en esos 5 votos que decidieron que la religión avanzase un paso más en ese camino de dominio social, porque en todo el mundo, ese contraste entre políticos conservadores religiosos y políticos laicos, es asimétrico, en virtud de que las referencias que utiliza cada sector son muy distintas: unos ponen por delante a su dios como filtro para establecer las leyes de los hombres, mientras que otros se ajustan a un concepto de libertad individual que cree en que la ética no requiere de religión alguna. El caso de los médicos y farmacéuticos, que violan su contrato como servidores públicos amparándose en la “objeción de conciencia” para negarse a prestar ciertos servicios a los que están obligados por la ley, son otro ejemplo claro de que la religión transciende lo espiritual para actuar concretamente en el campo político. al igual que las pataletas mediáticas de las iglesias de cualquier religión cuando sienten que sus privilegios económicos, e incluso el margen de su abuso, están en entredicho.

Lo que pasa es que para muchos creyentes, hablar de esta forma sobre la religión y sus instituciones no es políticamente correcto, pero el hecho es que éstas, al actuar como entes políticos, exigen que no se les juzgue ni política ni moralmente. Y eso -nunca mejor dicho- es simplemente mala fe.

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s