Desierto


imagesLa verdadera naturaleza de un diálogo, en circunstancias como las de Venezuela, es el azar, esto es, una apuesta dentro de la cual quienes optaron por ella confundieron el concepto de riesgo asociado con estos avatares, con el de incertidumbre; porque con el riesgo se pueden calcular las probabilidades a favor y en contra, que en este caso es lo que se puede perder y ganar como sociedad, además de lo que sus protagonistas puedan avanzar o desaparecer en términos de liderazgo. Y si ese cálculo de riesgo está bien realizado, con el diálogo se derivaría un sustrato más sólido de paz social -algo muy distinto a la paz que impone la represión y el terror de Estado, o aquella paz de los cementerios gomecista-; se podría incluso lograr un desequilibrio algo menos escandaloso en la composición de organismos clave, como el CNE y el TSJ, y hasta se podría consensuar un mínimo de avances en materia de política industrial, de liberación de presos políticos, etc., mientras el tiempo pasa, las elecciones aparecen en el horizonte, y quienes promovieron en su oportunidad este esfuerzo de entendimiento, pues serían los candidatos lógicos y naturales de la oposición, para avanzar escaños dentro de la Asamblea Nacional, y luego, ganarle la elección presidencial a Maduro, puesto que no parece sensato por parte del oficialismo cambiar de candidato, en virtud de que las posibilidades de triunfo de gente como Cabello o Rodríguez serían nulas.

Éste es entonces el escenario que se generaría al optar por el diálogo, calculando riesgos, e incluyendo -si se quiere- en la ecuación también la posibilidad de que la oposición no vaya unida a esas elecciones.

El detalle está en que el hecho en sí del diálogo no es asumible por el régimen, y por tanto el realizar largas sesiones de desahogo, cual terapias intergrupales entre antagonistas extremos, no conlleva ningún avance, puesto que el régimen no puede ceder en nada, al ser éste un enlatado cuyo contenido no se puede alterar sin que pierda su esencia. Y esa es justamente la característica de los regímenes totalitarios, porque si se cede en algo en cuanto a represión, a encarcelamiento de la disidencia, a juicios arbitrarios, política económica, control mediático, etc., entonces las microgrietas de libertad, cual margen de acción disidente, serían capaces de agrandarse causando con el tiempo el desmoronamiento de todo el sistema. Eso ellos lo saben, y nosotros también.

De manera tal que a ese diálogo le falta un componente en esta ecuación del riesgo, porque a sabiendas que el régimen lo asume como un teatrillo, y sabiendo que los objetivos de la oposición dialogante son los mencionados al inicio, lo único que podría inducir a Maduro y a los cubanos a sentarse con ésta con la intención verdadera de consensuar algunas cosas, sería que el deterioro llegue a extremos tales como para poner en peligro el status quo del régimen mismo. En ese caso serían ellos, quienes a través de un diálogo más o menos obligado, tratarían de ceder lo menos posible, mientras ganan tiempo para volver a la situación normal de dominio.

Lo que hay que aclarar entonces es si hemos llegado a esa situación extrema de desgaste, y si al actual proceso de diálogo hay que añadirle ese importante factor. Hay quienes creen que ello es así, y que por ello el régimen ha aceptado dialogar; y quienes eso creen son justamente los que se sientan en esa enorme mesa. Y están quienes no lo creen, considerando este proceso una pantomima para complacer a los actores internacionales cómplices de estar esquilmando las riquezas venezolanas, como los miembros de UNASUR, y todos los chulos caribeños y centroamericanos, para mantener una fachada de apertura y diálogo, y presentarse con la cara lavada ante los foros internacionales.

¿Quienes tienen la razón? Allá cada lector con sus conclusiones, pero lo que es claro es que si los dialogantes la tienen, entonces se validaría el concepto de riesgo y los factores que integran los cálculos políticos de todos ellos. Factores válidos, legítimos e indispensables que se ajustan a cualquier metodología de toma de decisiones.

Pero si la interpretación correcta de la realidad está de parte de quienes buscaron la calle -la Salida, los estudiantes, junto con todas las variantes que ahora tenemos- entonces el riesgo del diálogo desaparece para dar paso a la incertidumbre.

Y la incertidumbre es lo peor que puede pasar en una sociedad.

Quienes adversan este diálogo asumen que el régimen siempre dispondrá del suficiente petróleo como para seguir pidiendo prestado y mantener su dominio -para los dirigentes chavistas y cubanos, el futuro del país no es algo que entre en su imaginario-; un dominio que es la esencia misma de las bases ideológicas y mentales del régimen, y que por tanto lo hacen incapaz de cambio alguno en ese horizonte totalitario, y que esa arma rentística que se deriva de hipotecar por décadas el petróleo a los chinos, impedirá que colapse, haciendo del diálogo un acto inútil.

El hecho está en que el desgobierno sigue haciéndole la vida muy difícil a cada venezolano de a pie, los asesinatos imponen su ritmo espeluznante, la percepción colectiva sobre los avances del diálogo, es nula; Leopoldo y Simonovis siguen presos, María Corina sigue fuera de la AN, y los días pasan mientras las protestas se van diluyendo hasta recobrar aliento hasta la próxima ola, a ver qué pasa. Y el régimen se ha salido con la suya, al lograr que el formar fila para comprar alimentos haya pasado a ser una costumbre y una rutina. Se ha iniciado la travesía por el desierto.

Esto es lo que hay, hasta prueba de lo contrario.

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s