Taxonomía.


DinosLa última moda nacional consiste en la práctica de la taxonomía política, para clasificar las variantes dentro de las especies opositoras y oficialistas. Las recientes sesiones de “diálogo” -si cabe el término- han hecho obvia la división opositora, entre quienes se sientan con Maduro y sus compinches, y quienes se han negado a hacerlo; una división que los opinionistas taxónomos han acentuado escorándose en la crítica hacia uno u otro bando, al punto que quien los lee, con toda razón, concluye que hay una enorme brecha entre ambas subespecies y que, de seguir así, cuando vengan las elecciones parlamentarias, y luego todo el resto de procesos estadales, locales y presidenciales, la oposición se presentará dividida en especies ya separadas y ajenas entre sí.

Y el régimen, por supuesto, estará contentísimo.

Pero hay una impronta política que aún mantiene unida a toda esa gente, no importa si son dialogantes o revoltosos, ni si tienen una paciencia bíblica para que los tiempos se cumplan, o los carcome la impaciencia para salir de esta pesadilla, cual es que nadie nos cuenta qué planes tienen para gobernar; puesto que todos ellos solo se han limitado durante meses y años a tirarle peñonazos al régimen -lo cual que es necesario en esta sociedad de corta memoria, y más siendo dominada por una gentuza que cada día se propone manipular un pedacito adicional de verdad histórica-, sin decirle a la gente lo que habrá que hacer con el país, a sabiendas de que esas verdades son muy incómodas, y que probablemente serán tajantemente rechazadas -hasta que la realidad de la quiebra nacional las imponga con más sufrimientos por parte de todos-; aunque arriesgarse a ello implique no perder en nada, porque ni están en el poder, ni hay siquiera la menor probabilidad de que ello ocurra durante algún tiempo.

Más valdría entonces que destapen su visión de país, si es que la tienen, y sobre todas esas medidas incómodas que será inevitable poner en práctica cuando toque: precios de la gasolina, privatización de grandes empresas básicas y áreas de explotación petrolera, desmantelamiento del control de cambio, Ley del Trabajo, etc.

Y eso, aunque algunos piensen lo contrario, no es un suicidio político ni mucho menos, sino un ejercicio de valentía, que aunque sea por un instante, pondría lo importante -reflotar al país- por encima de lo urgente -salir de los malandros que nos gobiernan-, y que además aparcaría el inútil debate que ahora desgasta tanto a dialogantes como a impacientes, para que puedan disponer de un terreno común de reflexión. A lo mejor se entienden, y se reenciende la esperanza de ir compactos a todas las elecciones que puedan venir -aunque cuando se habla de elecciones, inevitablemente habría que recordar también lo del fraude y ventajismo, punto éste que también los divide. Ya veremos entonces si la brecha es insalvable o puede involucionar. Para bien de todos.

Por su parte, las taxonomías chavistas difieren sobre la existencia de su componente civil. Por ejemplo, Juan Carlos Zapata nos habla de una “derecha endógena-militar” y una “izquierda chavista civil” (http://goo.gl/xpkCnv), para luego introducir diversas subespecies de chavistas, como los de la ultraizquierda, los pragmáticos y los socialdemócratas; en cambio Fernando Mires (http://goo.gl/R7oWTq) limita la especie chavista a dos subespecies: la que se deriva del típico militarismo latinoamericano -lo que los izquierdistas de toda la vida han definido como “gorilas”- y la que proviene del militarismo castrista. La primera taxonomía permite insertar diversos nombres de civiles, como los de Arreaza y Rodríguez, más no así la segunda, al restringir esta fauna a dos subespecies puramente militaristas, una al mando de Cabello, y la otra -como producto de una inusitada carambola- representada por el civil Maduro, al menos por ahora.

Se puede pensar que es lógico que haya mar de fondo en un colectivo tan amplio y variado, especialmente si está constituido por gente que tuvo que esperar hasta medio siglo para llegar al poder, tiempo éste suficiente para absorber muchas influencias diferentes del estalinismo y leninismo, como el mismo castrismo y todo el gorilismo latinoamericano, más la misma experiencia democrática venezolana, que dejó señal, aunque mínima, en algunos de ellos.

Aun así, esos chavistas críticos a quienes se les pueda haber pasado por la mente la necesidad de dialogar, nos recuerdan aquello del policía bueno y policía malo, que en sintonía para que el sospechoso “cante”, acá buscan mantener el status quo del poder, mientras engañan a los opositores animándolos a pensar que puede haber un entendimiento con esa componente civil que se presenta como razonable, pasando por alto el hecho de que todos ellos, durante quince años, han callado, han cobrado, y han disfrutado del poder, además de haber gozado en lo íntimo de su alma con las humillaciones a las que el régimen ha sometido a muchos venezolanos. Y para recordarnos quienes son, podemos repasar la lista de firmantes de aquel “Manifiesto de bienvenida” a Fidel (http://goo.gl/RYTnYV), cuando éste vino al país para la toma de posesión de CAP II en 1989. Ese gentío civil, durante tres lustros no ha dicho ni “pío” con relación a la necesidad de convivencia entre todos los venezolanos, mucho menos sobre la rectificación de sus líderes.

Por tanto no debe haber engaño, y por su parte los taxónomos deben comprender que la especie chavocastrista se mantiene en su leninismo original -un paso adelante, dos pasos atrás (http://goo.gl/H8oOo2)- para “profundizar” una “revolución” en la que los más corruptos seguirán enriqueciéndose, mientras que los ñángaras cínicos -que de soñadores no tienen nada- continuarán cobrando a final de mes sin trabajar, porque todos ellos saben que durante sus ciclos de vida aún habrá petróleo suficiente para que el país se siga hipotecando, para continuar manteniéndolos y llenándoles el buche.

El engaño de esa taxonomía chavista, con su presunta variedad de subespecies, se delata con la terquedad de hechos; por ejemplo: ¿Es que los exabruptos de la eterna ministra Varela son una anomalía evolutiva?. Pues claro que no, y eso se comprueba al leer la última perla de Delcy Rodríguez, titular del MINCI: “¿Qué pensaba Ramos Allup cuando se pedía amnistía para P. Márquez y Petkoff y se les acusaba d rebelión militar pero no d la muerte d alguien?” (la “d” sin la “e” es literal); o con lo dicho por la esposa de Maduro (http://goo.gl/tPHCWc): “Los jóvenes tienen que sentirse orgullosos de cantar el himno nacional de Cuba”.

Son todos iguales pues, y nunca cambiarán, ni evolucionarán; y opositor que se les acerque, quedará frito: porque a los ñángaras, si se les combate, éstos reprimen, y si se dialoga con ellos, pues siguen en lo suyo, mientras queman el liderazgo de quien se les acerca.

Por ello, derrotarlos no será sencillo, ni saldrá gratis.

Y predicar lo contrario es engañar a la gente de buena fe.

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s