Psiquiatra


abandon 1 [50%]Los mitos griegos son una compilación de todos los sentimientos humanos: el poder de Zeus, la agresión de Ares, la belleza de Afrodita, etc.; ellos fueron durante siglos la referencia moral de la especie humana en esa parte del mundo que la larga constituiría el Occidente como cultura, hasta el adviento del judeocristianismo, cuya mezcla de conceptos de varias mitologías quebró aquel concepto del tiempo, y del mundo mismo.

En la antigüedad el tiempo era circular, y cada estación se repetía ciclo a ciclo, en una naturaleza indiferente al ser humano donde muerte y vida eran simplemente dientes de un engranaje que giraba serenamente. Con la cosmovisión judeocristiana, ese tiempo pasó a ser lineal, desde el comienzo de la creación hasta el dia de la reencarnación, y el hombre fue definido como la creatura que debía dominar a la naturaleza con su trabajo, para compensar sus limitaciones y redimir con su sufrimiento el pecado original.

Frente a ese nuevo posicionamiento ya no había mitos, y el reconocimiento de nuestras emociones solo era posible mediante la interpretación de los textos considerados como sagrados por las diversas castas sacerdotales que se fueron sucediendo en la construcción del nuevo edificio moral. Así aparecen sentimientos como la misericordia y la tolerancia.

El sustrato judeocristiano encerró al ser humano en un mundo espiritual donde el hombre es definido como el objetivo primario de la creación, y por tanto, toda variante ética que se pudiese concebir debía sustentarse en dicho precepto, que equivale a hacer de la especie dominante la especie predestinada. Quien quisiese explorar otros mundos espirituales ahora disponía solamente de un instrumento: Literatura.

Han sido entonces las obras literarias las que nos han servido de espejo de nuestras emociones y sentimientos, permitiéndonos superar el simple estado en el que hemos vivido como todos los infantes sin uso de razón propiamente dicha, esto es, el de la sensación pura y simple, como producto de estímulos externos, expresada en simple gesto, sin mayor capacidad de racionalización y reconocimiento de dicho acto.

Pero también esa misma ética judeocristiana ha sido la base de las teorías modernas de redención humana, pero no en el más allá, sino en este mismo mundo, como el comunismo y el fascismo, que utilizando la misma dogmática cristiana, lograron dividir sin medias tintas a pueblos enteros, mientras sus respectivos totalitarismos constreñían la misma Literatura a las obras permitidas, limitando aún más nuestra capacidad de explorar y reconocer emociones y sentimientos, al no poder acceder a muchos autores fundamentales.

Por eso hay que leer, y mucho, sistemática y selectivamente, para reconocernos espiritualmente. Quien sabe qué tipo de Literatura leyó Chávez, y leen Cabello y Maduro. Aunque todo indica que su aprendizaje emocional ha sido bastante limitado, sea por haber leído muy poco, por hacerlo con material relativamente intrascendente, o por haberlo hecho de forma desordenada. Y el efecto está a la vista: su evidente ignorancia, aunque, como dijo hace poco el mismo Maduro, ser ignorante no implica ser bruto. Ni mucho menos.

El caso viene justamente por la evaluación que Maduro hizo de la “sentada” gobierno-oposición (la definimos como “sentada” porque diálogo no fue, tampoco debate, y todo lo que se dijeron en esa oportunidad ya se lo habían dicho durante años en mitines y declaraciones a los medios). Entre las cosas a las que se refirió Maduro, específicamente sobre las palabras del alcalde Rodríguez -protagonista de primer orden del régimen- fue al rol de este personaje como psiquiatra dentro de la dinámica de la mencionada “sentada”: Hacía falta un psiquiatra para que le diera tratamiento a la situación que se había creado (http://goo.gl/uOEMcB).

Dicho sea de paso: no sabemos qué tienen los psiquiatras chavistas contra Venezuela y los venezolanos, porque junto a Rodríguez, debemos recordar que Chirinos también era psiquiatra. Y ambos resultaron ser una calamidad.

Lástima que el psiquiatra Rodríguez se haya limitado a ejercer ese rol solo por esa noche, porque el país entero le habría agradecido que analizase a su propia familia, para intentar comprender el odio que siempre destilan las palabras de la titular del MINCI.

Y, como no, también podía haberse tomado el trabajo de analizar al mismo Chávez. Aunque aún está a tiempo, incluso en retrospectiva. Acá le va una muestra, para que realice un diagnóstico del personaje, y nos ilumine sobre los rasgos de quien gobernó al país por más de una década. Elementos no faltan, por ejemplo, dijo Chávez con relación a la muerte del Cardenal Castillo Lara: Me alegra que haya muerto ese demonio vestido de sotana, ojalá se esté pudriendo en el infierno como se merece, sé que se retorcerá eternamente viendo avanzar la revolución…. O refiriéndose a la señora Fadoul cuando asesinaron a sus hijos, “Deje la lloriqueadera y deje que esos muchachos descansen en paz”.

Tal vez podríamos recordar las propias palabras de Rodríguez, por ejemplo con relación a este trimestre de revueltas: “Hay un golpe de Estado que utiliza la violencia como lenguaje político, que además es amplificado por estos medios de comunicación internacionales”; o sobre Ledezma en las últimas elecciones: “A ese vago mayor nos lo vamos a echar con yuca el 8 de diciembre”; o respondiendo a Capriles sobre el mismo Chávez: Nuestro comandante es galáctico, es celestial, es universal”; o en la misma sentada al decirle a Andrés Velázquez lo mal que le cae. Incluso nos permitimos ayudarlo un poco en esa labor, al recordarle un fragmento de “Prometeo encadenado” de Esquilo, y así ofrecerle elementos paganos para que los añada a su metodología de diagnóstico:

OCÉANO. ¿No sabes esto, Prometeo, que las palabras son médi­cos de la enfermedad de la cólera?

PROMETEO. Sí, si uno ablanda el corazón en el momento preci­so, y no reduce por la fuerza una pasión virulenta.

A través de este párrafo, nuestro psiquiatra revolucionario podría descubrir que se ha dejado llevar por la pasión y la autocomplacencia, y que tanto él como todo el régimen nunca han actuado como hombres de Estado, sino como los Castro: depredadores del poder y de las riquezas.

Reivindique su profesión alcalde Rodríguez; reconozca que ninguno de ustedes es ya capaz de dialogar. Están enfermos. Váyanse.

Hermann Alvino

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