Una historia cualquiera.


romania 2 [50%]Cuando no hay forma de obtener justicia, abusar del poder y humillar a los demás conlleva al rencor, y de allí a la violencia. Y luego a la venganza.
Eso es lo que enseñan los eventos de hace un cuarto de siglo, cuando en la ciudad rumana de Timisoara, a unos 100 km de la frontera con Hungría, el predicamento de un pastor religioso húngaro -László Tőkés- fue tomado por el totalitarismo de Ceauşescu como una incitación al odio étnico, dentro de unas relaciones nunca nada buenas entre comunistas rumanos y húngaros. Cuando aquel régimen quiso expulsarlo, su congregación lo defendió rodeando su vivienda, iniciando así de forma imprevista la caída de todo el sistema; porque a ese episodio local y de relativa poca importancia -comparado con los crímenes y abusos perpetrados durante décadas-, se le sumaron los estudiantes, quienes redirigieron la protesta contra el régimen mismo, lo cual a su vez provocó la actuación del ejército, la policía, y la Securitate del tirano, causando una matanza.
Pocos rumanos se enteraron del asunto, ya que todos los medios estaban bajo el control del régimen, siendo las únicas fuentes alternas La Voz de América, Radio Europa Libre, y quienes volvían del extranjero para la Navidad. Hay que recordar además, que años antes, en un intrascendente escarceo del dictador rumano con el totalitarismo soviético, Occidente creyó ver una brecha para romper la solidez del pacto de Varsovia, y prestó al país 13 mil millones de dólares, generándole una deuda cuyo pago destrozó su desarrollo, al punto que Ceauşescu cambió la constitución –con la típica aprobación unánime en referéndum- para prohibir que Rumanía contrajera deuda alguna en el futuro, y además impuso a su pueblo el pago de dicha deuda exportando la totalidad de su producción.
La población percibió que por más que trabajase, el producto de su esfuerzo no estaría destinado a llenar las tiendas de comestibles de sus pueblos, sino las de otros países, iniciando un ciclo de improductividad y escasez que fue fermentándose para estallar casi una década después en Timisoara, cuando el hartazgo por la falta de alimento -y el frío derivado de la inexistencia de combustibles para calentarse- se coló dentro de una limitada protesta local a causa de un pastor húngaro y sus acólitos.
Seguramente los tachirenses pueden asociar esta historia a la mecha que encendió su revuelta: un intento de violentar a una estudiante local, que ha derivado en lo que ahora se vive en las calles de todo el país. Como seguramente a todos nos vendrá a la mente el control mediático castromadurista para ocultar su represión, y por supuesto, el ignorar todas las leyes de la Economía, más el regalo de nuestra riqueza a otros países.
Como todo dictador que vive dentro de la autocomplacencia, y desdeñando ese descontento, al día siguiente de aquella matanza, Ceauşescu realizó una corta visita oficial a Irán, mientras sus segundones, comandados por su esposa, también protagonista de primer orden del régimen, terminaban el trabajo represor. Su retorno el día 20 fue coronado con un discurso de masas “espontáneamente reunidas en apoyo a su líder”, que, como aquellos discursos de Chávez ante “espontáneos” que acudían al balcón en Miraflores, fue televisado en cadena nacional desde el balcón del Comité Central en la Plaza de la Revolución.
Allí ocurrieron tres cosas importantísimas: la primera fue que el mismo Ceauşescu se refirió a los eventos de Timisoara, informando sin querer a los millones de rumanos que aun no sabían nada de aquello, lo segundo fue referirse a los revoltosos como fascistas y títeres de agresores externos que deseaban acabar con el socialismo y la soberanía rumana -argumentos ya abollados y poco creíbles-, y el tercero fue su reacción ante una pitada a mitad de discurso, manoteando de forma aparentemente senil y fuera de la realidad, porque aunque luego continuó normalmente su perorata -que duró unos 20 minutos-, ese gesto de desconcierto mostró la realidad paralela en la que él vivía.
El discurso -que se puede ver en http://goo.gl/GIziVp y http://goo.gl/ujNX9a.- estuvo ceñido al estilo distante e impersonal del comunismo soviético -el mismo patrón del recientemente depuesto Yanukovych-, incapaz de producir emoción alguna en un auditorio, menos aún en una multitud pasando hambre y necesidad durante décadas, en contraste con la que generaba el chavismo en su mejor momento en sus seguidores, quedando aún algo de ésta, tal vez el hambre criolla todavía anda lejos de la de aquellos rumanos, además que acá no hace frío, y porque el estilo retórico caribeño es distinto.
La pelotera que siguió al discurso tomó cuerpo en la Plaza de la Universidad y se extendió por parte de la capital –Bucarest- con las consabidas barricadas, aunque luego fue sofocada transitoriamente esa misma madrugada, mientras la pareja dictatorial se quedaba durante un par de días en la misma sede del partido.
En esos regímenes, incluyendo el cubano, la población no está armada ni mucho menos, por tanto es relativamente sencillo reprimir a centenares o miles; pero ante centenares de miles de revoltosos la cosa cambia, porque ello obliga a todo régimen a preguntarse a cuántos estaría dispuestos a matar a sangre fría. Por ejemplo, la dictadura birmana (Myanmar) se fijó un límite, la de Siria no, ni el régimen chino tampoco.
Ceauşescu respondió a esa pregunta asumiendo directamente la dirección de la fuerzas armadas, luego del “suicidio” de su ministro de defensa -aunque eso es otra historia- para así acabar con la revuelta; pero ese objetivo también dependía de quienes debían hacer el trabajo sucio, que también pasaban mucha necesidad, o tal vez eran mentalmente mucho más equilibrados que los colectivos chavistas -anárquicos, y sedientos de acción y sangre-, y cuya vacilación permitió que miles de rebeldes invadiesen la sede del partido, arrasando con todo a su paso, incluso los archivos con tantos datos y secretos, dejando indefensa a la pareja presidencial al aislarla de la policía y el ejército.
Ceauşescu y su esposa cometen otro error fatal: huir en helicóptero en vez de hacerlo por los túneles del palacio, generando así otro episodio surrealista de la Historia, mientras uno de sus aún fieles ayudantes apuntaba con una pistola a la sien del piloto, para dirigir el aparato a la residencia en Snagov -unos 30 km al Norte de la capital- y luego seguir hacia Târgovişte -unos 40 km al Oeste-, donde abandonan el aparato, porque el ejército había cerrado el espacio aéreo y corrían el riesgo de ser derribados para seguir huyendo erráticamente de la gente que los perseguía para arrestarlos –y eventualmente lincharlos-, mientras sus ayudantes a su vez decidieron abandonarlos a su suerte. Luego se refugian en una escuela, hasta que la policía los pilla y los mantiene varias horas encerrados en su vehículo, mientras sus captores, escuchando la radio, intentaban adivinar cual bando a la postre ganaría el pulso por el poder. Suena familiar.
Al final los entregarán a unos militares, quienes crearán un tribunal ad hoc para juzgarlos acusándoles del genocidio de Timisoara, de enriquecimiento ilícito y de causar la inmensa pobreza de la población. En 55 minutos son condenados al fusilamiento inmediato. En la red se puede ver todo el proceso, excepto el fusilamiento en sí, ya que los cien disparos se efectuaron justo luego de colocar a los condenados contra la pared, sin darle tiempo a los camarógrafos para ubicarse y cubrir ese acto. Las armas de la ejecución fueron esos rifles tan queridos por Chávez: los AK-47 Kalashnikov. Se ordenó no dispararle al rostro del Conducător para su reconocimiento posterior, aunque ello no valió para la mujer, a quien desfiguraron por completo.
El régimen cae entonces catalizado por una revuelta regional que a su vez comenzó por motivos algo insólitos, y todavía es objeto de debate la imbricación entre las diversas conspiraciones y luchas internas que estaban en pleno desarrollo. Como acá, por ahora.
Fin de la historia, en youtube.com puede verse como les amarraron las manos, y los sacaban de la habitación donde se realizó el juicio para llevarlos al patio y fusilarlos. Vale la pena pasar ese mal rato y contemplar esa escena que ocurrió hace 25 años, pensando que lo peor de estos regímenes no es solamente el maltrato, la humillación, la cárcel, la tortura, la muerte, el hambre y la desesperanza que le causan a quienes ellos subyugan con saña, sino el sentimiento de venganza feroz que sus ultrajes generan en nuestros espíritus, al punto de tentarnos para convertirnos, aunque sea por unos minutos, en bestias como ellos, y devolverle de contado todo el sufrimiento que nos han dispensado a crédito durante estos quince años.
Por ello, en estos momentos que vive la patria, hay que mantenerse sereno, sabiendo que el paso a ese lado oscuro no tiene billete de regreso, y es la forma segura para repetir ese ciclo de perversidad.
Una serenidad que junto al diálogo debe exigir justicia, porque ésta es nuestro único freno para mantener a raya la venganza.
Hermann Alvino

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