Venezuela: violencia o desobediencia, golpe de Estado o transición.


caracasLos fanáticos hípicos más veteranos recordarán los éxitos de un caballo físicamente poco agraciado llamado Cañonero II, quien montado por el jinete criollo Gustavo Ávila, y entrenado por el paisano Juan Arias, en el año 1971 conquistó las dos primeras carreras de la triple corona hípica de EEUU -el Kentucky Derby y el Preakness Stakes-. También les vendrá a la memoria que la tercera carrera fue transmitida por un canal de esos que acostumbraban -aún lo hacen- a dopar con ordinariez al pueblo llano durante su maratón vespertino de cada Sábado, el cual, en los prolegómenos de la justa, le dio espacio a un farsante que convocó a concentrarse mentalmente a todos los asistentes al show, junto a los centenares de miles de televidentes ocasionalmente añadidos para ver correr en vivo a ese ejemplar, y cuyo triunfo nos consagraría como sabios criadores y entrenadores de caballos de carrera, además de ser ya maestros en la concepción de telenovelas -aunque Delia Fiallo no fuese venezolana sino cubana- y en parir misses, aunque entonces solo destacaba la gran Susana Duijm, porque Joaquin Rivera -también cubano- aun no había perfeccionado su técnica triunfadora con la que destacaría solo a partir de 1980.

Cañonero II perdió esa tercera carrera de la triple corona -aun no se había recuperado del todo de una lesión en un  casco- y el mentalista desapareció, no sin antes justificar su fracaso -y el del caballo- a la poca intensidad y voluntad del pueblo para concentrarse en ese preciso instante en que el equino y su jinete así lo requerían.

Ni con buenas intenciones pues, ni con mentes “concentradas”, se ganan carreras de caballos, ni tampoco revoluciones, ni se sale del chavismo. Infortunadamente tampoco sirven cruzadas cristianas de sanación -con el debido respeto para todos- ni las estampitas y ruegos a vírgenes y santos, aunque el intento regale algo de serenidad espiritual.

En el plano más terrenal, los estudios de opinión muestran una mayoría de venezolanos que creen en un traspaso pacífico de poder dentro de la constitución vigente, cuando haya elecciones y cuando gane la oposición, aunque no sabemos si vista la reacción del régimen a las protestas, verdaderamente creen en eso o dan una respuesta que simplemente es cónsona con lo políticamente correcto. Porque es difícil imaginar que el régimen de Maduro, Cabello y los Castro, más los narcosoles, más el inmenso ejército de malandros motorizados y armados hasta los dientes, más una -ya fuera de control- Guardia del Pueblo, entregarán el gobierno -y el poder- a quien les gane unas elecciones presidenciales. Y también deberían responder, luego de sentir en sus ojos los gases de la represión, si realmente creen que podamos tener elecciones limpias y sin ventajismo.

Y también deberían explorar si la gente realmente cree que Maduro llegará al 2019, porque tal como están evolucionando las cosas, acá o viene un golpe de Estado, o tomamos medidas para catalizar una transición de poder para allanar el camino a la democracia.

Demostrado ya que el régimen no aflojará por ningún motivo, podemos entonces considerar a las marchas con atuendos patrios y a las oraciones de esperanza, como terapias de grupo, mientras nos concentramos en la realidad, cual es que habrá que derrotarlos; cosa que solamente se puede hacer de dos maneras: con las armas o con la  desobediencia cívica, esperando que ésta no se vuelva a su vez armada.

Ambas opciones se desarrollarían dentro de un sustrato cultural que como en toda Latinoamérica, al igual que el de Ucrania, Egipto o Túnez, exige el fermento de una masa crítica, esto es, un mínimo de pueblo que se moviliza, armado o pacíficamente para concretar eso que justamente se denomina como “revolución”; porque acá no se trata solo de sustituir un gobierno procubano por uno democrático, sino de cambiar el sistema mismo, esto es, todo el andamiaje que Chávez, Cabello, Castro, Maduro, Giordani, y ¿por que no? también Michilena et all cuando tuvieron el mando, han montado durante tres lustros: un entramado políticamente inviable (y hasta mal redactado en la constitución chavista), económicamente absurdo, y socialmente promotor del odio, ya no solamente entre clases, sino entre colores de piel y vestimenta.

Guste o no, en Venezuela ya ha comenzado ese proceso para fraguar la masa crítica destinada a defenestrar la gentuza procubana; el problema es que, lejos de ser una revolución pensada y diseñada por un grupo de conspiradores -como quiere hacerlo aparecer el régimen-, es un fenómeno que por espontáneo –al menos hasta los momentos– nunca ha estado sujeto a las manos de nadie, y por tanto, dada su obvia ineficacia para el logro de su objetivo central, por la asimetría en su armamento, y la dispersión callejera, corre el peligro de seguir desbocándose más aún, generando varios riesgos, entre otros:

– Diversificación y multiplicación de la violencia, sea del régimen como de los rebeldes, posibilitando además venganzas y ajustes de cuentas ajenos a la lucha política.

– Descalificación progresiva de la MUD, así como de muchos otros opositores.

– Entrada militar como actor final de este drama, catalizada por la debilidad institucional tanto del régimen como de la oposición y eventual sustitución de un régimen por otro.

Se hace urgente entonces la reingeniería de la revuelta, porque así como está no llegará a ninguna parte; y ello es evidente tanto para los violentos como para los dialogantes, aunque los unos lo digan, y los otros lo callen, en razón de que:

– Esos partidarios de la violencia saben que escalar el nivel de lucha no implicará ni chinas ni botellitas llenas de gasolina, sino pistolas, rifles, granadas, y si se puede, bazookas y hasta cohetes. Y lo más importante, una estrategia y liderazgo común.

– Y porque los partidarios del diálogo saben que su mensaje está perdiendo fuerza, dada la indiferencia del régimen, y el simple hecho de que parte importante de la oposición ya está en la calle. Hasta Capriles, por ejemplo, el flaco muy querido por tanta gente,  ya recibe -literalmente- peñonazos retóricos por parte de sus críticos, cosa que antes no ocurría con tal frecuencia ni intensidad.

La vía armada es impensable, por lo complicado que es concebirla y presentarla ante un pueblo que no ha vivido esa locura desde la misma guerra federal; y muy cara, tanto en armamento como en destrucción y muerte, más la obvia incertidumbre en el éxito final. Lo vemos en la destrucción humana y material de Siria, con ciudades más desbaratadas de las que acá gestionan los alcaldes chavistas, con cuerpos mucho más destrozados de los que son atracados y asesinados por nuestros malandros, y con almas mucho más rotas que las nuestras, que al menos no deben lidiar con tanta brecha religiosa y odio tribal secular. Y con todo, durante las últimas semanas, el régimen hasta está recuperando casi todo el terreno perdido. Más muertos en vano, pues, como los miles de El Salvador, para que al final hubiese un empate técnico entre rebeldes y gobierno; y los de Colombia, donde la paz sigue inalcanzable luego de más de 60 años de guerrillas. Y los de la Venezuela de los años 60, cuando la guerrilla castrista fue derrotada por nuestras  FFAA democráticas.

Seguramente debe haber por allí gente que desea escalar la violencia, y que hasta es capaz de financiar parte de la aventura, mientras complementa la gracia con sus contactos internacionales de mercenarios y traficantes de armamento, lo cual es normal en media África, y en la mencionada Colombia. Parece absurdo, pero hay que estar vigilante, no vaya a ser que de las FFAA se desprendiese algún grupo ganado a esta idea.

La opción pacífica no es menos difícil, ya que implica la vuelta a casa de todo aquel que ha cogido calle, y piensa seguir allí si no siente que hay un camino alterno; por ello tal vez lo mejor sea olvidarse de tanto llamado al diálogo sin que haya ningún gesto a cambio por parte del régimen, y esperar que éste venga por sí solo si la correlación de fuerzas régimen-oposición así lo determina.

Porque, si bien se comprende a plenitud el sentido de Estado de los voceros de la MUD, planteando lo que debería hacerse -dialogar y mover al régimen a cambiar actitudes y políticas-, ésta debe entender que ello no está ocurriendo, ausencia que a su vez está desprestigiando progresivamente no solo al mensaje en sí, sino al mensajero mismo, con lo cual la oposición se arriesga a no tener a nadie con credibilidad. Solo esto faltaría.

Para evitar eso hay que hacer lo mismo que el régimen: huir hacia adelante, pero ni con violencia ni con armas, sino con la desobediencia activa, representadas en lo que hacía Gandhi hasta la más reciente compilación táctica realizada por Gene Sharp.

Porque en estos momentos, solo este camino tendría la fuerza para provocar un colapso institucional lo suficientemente recio como para implosionar al régimen y obligarlo a sentarse, y eventualmente a acelerar los tiempos electorales, o al menos, pactar una transición. Además de alejar la vía de la violencia y de la conspiración militar, y repotenciar el prestigio de una parte importante de la dirigencia opositora.

Algunas acciones compiladas por Sharp pueden leerse en:

http://www.noviolencia.org/publicaciones/metodos_sharp.pdf

Todas ellas -son 197- tomadas como un conjunto no desagregado, convierten a la acción opositora en un mecanismo envolvente muy efectivo para poner contra la pared a cualquier régimen -tal vez con la excepción del Norcoreano, por su grado de condicionamiento mental que induce una insensibilidad patológica frente a la tortura y el asesinato-. Pero el plan requiere de una fortaleza espiritual de la gente, la cual, aunque en parte ya está curtida por la escasez y las tribulaciones de cada día, debe comprender que hay que saltar a otro nivel de lucha, con actitudes muy concretas, donde gota a gota se dosifica el esfuerzo de combatir al régimen, en una suerte de compromiso más espiritual que verbal.

La dirigencia opositora regada por todo el país, y en tantas instancias institucionales, tiene en un plan de esta naturaleza, un aliado valiosísimo para desactivar los escenarios comentados, aunque debe comprometerse a fondo con ello, y jugársela completa en la misión de motivar y organizarnos a todos en este camino.

Lo contrario es jugar a la ruleta rusa. Cualquier cosa puede pasar. Así lo enseña en caso egipcio (http://goo.gl/M0ThXb) y el caso libio (http://goo.gl/gKnaVn). Y para seguir en el campo pagano, ajeno a la santería y a los falsos profetas de la mente, podemos recurrir a Yourcenar y sus Memorias de Adriano: “Cuando los cálculos complicados resultan falsos, cuando los mismos filósofos no tienen ya nada que decirnos, es excusable volverse hacia el parloteo fortuito de las aves, o hacia el lejano contrapeso de los astros.”

O, dicho en criollo, que Dios nos agarre confesados si la dirigencia opositora no da pasos audaces para tomar el control de la situación..

Hermann Alvino

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