La acción política opositora en el exterior.


infografía-venezolanos-en-el-exterior2 [640x480]Quienes han optado por emigrar a Canadá seguramente recordarán que entre los varios documentos para leer y firmar hay uno que contiene un párrafo en el cual se dice algo así como: “Usted viene a una nueva vida, por tanto no debe traer consigo los problemas de su país de orígen”. Tiene sentido, aunque no es del todo realista; y de ello pueden dar fe los cubanos que se fueron de la isla huyendo de la dictadura de Batista y sus esbirros, cuando de repente se vieron conviviendo en la misma Miami con esos sus anteriores verdugos, quienes a su vez huían de las huestes de Fidel. Y ya veremos, cuando toque, a nuestros paisanos opositores de Miami cruzándose por la calle con los chavistas escapados de la justicia venezolana, rogando que no los extraditen de vuelta a casa.

Historias similares las hay a decenas, porque no es nada sencillo huir del pasado, especialmente si es reciente, y si en esa escapada se deja parte o toda la familia, más todos los amigos de siempre. Lo cual hace inevitable que se actúe políticamente en el nuevo destino, aunque a veces ni siquiera se tenga autorización para ello.

Afortunadamente todo indica que la acción política de los venezolanos opositores dispersados en todo el globo se efectúa dentro de la Ley de cada país donde residen, lo cual contrasta con la cantidad de tracalerías que realizan allí los diplomáticos chavistas, y añade un valor moral indestructible a la importancia de la misión opositora exterior en la reconquista de nuestra soberanía y democracia. Su activismo, como suma de grupos creados para seguir las directrices de la MUD, más los espontáneos puntualmente asociados para eventos determinados, es invalorable.

Actuar desde el exterior implica una labor política sobre las diversas fuerzas vivas del ámbito donde se vive, las autoridades locales y nacionales, los partidos políticos del respectivo país, los medios de comunicación y los foros de toda la red, para ayudar a conformar una matriz de opinión pública local con relación a la verdadera naturaleza del régimen venezolano-cubano, lo cual, en el plano personal, y al margen del rol terapéutico de esta actividad, también cataliza la unión entre paisanos, para ayudarse en lo personal, comercial, y profesionalmente, reforzando los vínculos culturales, y transmitiendo valores, tanto a los hijos emigrados muy jóvenes como a los nacidos en tierra lejana -aunque ello está más dentro del ámbito de las diversas asociaciones creadas al efecto-, además de hacerle saber a los venezolanos dentro el terruño, en estos momentos de violencia y represión, escasez y colapso económico que profundizan la crisis y la incertidumbre, que no están solos.

Pero hay que tener en cuenta que la migración venezolana, comparada con la de otros pueblos que llevan varias generaciones viviendo fuera de su tierra natal, es muy reciente: judíos, sirios, libaneses, irlandeses, italianos, españoles o portugueses, al igual que los balseros africanos, emigraron a causa de guerras, hambrunas, represión, o estimulados por los mismos países de destino. Igualmente, argentinos, chilenos o uruguayos, vinieron a nuestro país huyendo de las conocidas dictaduras del Cono Sur. Todos ellos, junto a los refugiados de Colombia, de Siria, o los Kurdos, nos indican que cada pueblo tiene su historia de sufrimientos, y que los venezolanos que se van  son solo parte del relato de las familias rotas por la crueldad de los tiranos.

Nadie desea irse de su país ni alejarse de lo que ha sido su vida, su entorno y sus afectos, y es natural que los venezolanos valoremos esta horrible vivencia como una tragedia, porque lo es; pero no debemos olvidar que el mundo es relativamente indiferente a este sentimiento -y para ello baste recordar las matanzas en la implosionada Yugoeslavia-, lo cual nos indica que la acción política en el exterior debe ser concebida para superar este factor con el que de partida nos topamos: la indiferencia de nuestros anfitriones, quienes tienen sus propios problemas de vida, trabajo y familia, como para preocuparse de nosotros, o para mantenerse lo suficientemente informados para superar el estereotipo que tenemos de país petrolero y exportador de novelas y misses.

Ya no existe entonces la Venezuela petrolera e integrante de una potentísima OPEP y a la cual el mundo desarrollado veía con atención; ahora, la complejidad, intensidad e importancia geoestratégica de otros conflictos, como el de Siria, África Central o Ucrania, hacen que el problema venezolano se achique al verlo en esa perspectiva global.

Los tiempos han cambiado pues, en comparación con la activa presencia de los diplomáticos de la Venezuela democrática en los foros internacionales, defendiendo las libertades y condenando a las dictaduras, y la receptividad que dentro de nuestro mismo  país tenían las actividades de diversos pueblos en la reconquista de la libertad de sus lejanas tierras. A esto se suma la diplomacia petrolera chavista, que se ha encargado de lubricar adecuadamente a muchos gobiernos, para que usen su voz y voto en defender al régimen venezolano en los foros internacionales, gobiernos éstos que incluso están contaminados por las mafias del tráfico de drogas, armas, y hasta de personas, y que tienen en el régimen venezolano un apoyo importantísimo al disponer de nuestro territorio como base de operaciones.

Estamos solos pues, enfrentados a una ofensiva diplomática del régimen que identifica a todo emigrante venezolano como un ricachón y un “fascista”, y hasta a unos consulados extranjeros hostiles, como el de la República Dominicana en La Coruña, que se negó a recibir una petición de la MUD Galicia, solicitando de ese país -que ahora preside el consejo Permanente de la OEA- una actuación más cónsona con la defensa de la libertad que tanto pregona.

Por tanto, para darle sentido y valor añadido a las actividades en el exterior, especialmente en las democracias decentes del mundo, el objetivo más importante a lograr es que sus dirigentes y gobernantes se percaten que el precio político y comercial por ser indiferentes a nuestro drama es mucho mayor al que existiría si se posicionasen firmemente a favor de la salida de Cuba de nuestro país, y por el restablecimiento de las libertades y la democracia venezolanas: porque petróleo, minerales, empresas privadas gestionando áreas fundamentales de nuestra economía, y el combate a esa criminalidad comentada, son evidentemente mucho más convenientes para sus países.

¿Cómo lograrlo? Pues sensibilizando a sus electores -quienes son los que condicionan la acción política de esos gobernantes-, por ejemplo informándoles que las armas y granadas para reprimir a la población desarmada son adquiridas a fabricantes y distribuidores de su propio país. Ello requiere entonces superar el activismo básico que consiste en mostrarse periódicamente en los parques o playas durante los fines de semana -con pancartas y consignas que impactan a muy poca gente- e iniciar un abordaje integral y permanente a los cuerpos decisorios y de opinión mencionados al inicio, mostrando la evolución de los indicadores de corrupción, libertad política y económicos, más los delitos cometidos por el régimen y sus posibles conexiones locales, para solicitarles la revisión de su política de visados a sospechosos o acusados de narcotráfico, lavado de dinero y corrupción, y proceder a congelar sus cuentas bancarias, y que pongan su atención en las estrechas relaciones del régimen venezolano con gobiernos peligrosos para la paz mundial, como Corea del Norte, Siria, Bielorusia, Irán, y Cuba, a quienes, además se le suministra información sobre nuestros minerales nucleares estratégicos.

La línea argumental es muy clara, y nos asiste razón y verdad, tanto en los hechos como en los indicadores -generados con metodologías reconocidas y homologadas por todos los países-. Y ambas fuentes de argumentación son lo suficientemente contundentes incluso para rebatir a esos palangreros de la opinión y el periodismo francés, italiano, español, argentino, o incluso escandinavo, a quienes el chavismo ha sobornado para que lo alaben permanentemente.

Para ello, en lo operativo, lo más efectivo sería incorporar a cada equipo analistas políticos, especialistas de márketing, y experimentados tácticos, capaces de darle forma impactante a cada propuesta y añadirle valor comunicacional -y recursos humanos en cada comunidad de venezolanos es lo que más abunda-. Por ejemplo, ¿es más efectiva una marcha a la orilla del mar al final de un día Sábado, o alquilar en día de semana un kiosko y montarlo céntricamente -con los respectivos permisos, claro está- con pantalla de televisión mostrando lo que sucede en el país, complementado con reparto de material escrito a quienes pasen por ese sector? ¿Es más efectivo convocar una rueda de prensa en la cual algún exdiplomático de la Venezuela democrática lea un recio manifiesto refiriéndose al papel que debería jugar la República Dominicana en la OEA, o llevar dicha petición a la sede local de ese país y arriesgarse a un portazo? ¿Qué impacta más, frecuentes marchas con poca gente o una concentración única muy numerosa?, etc.

Sabemos que solo desde afuera es imposible cambiar las cosas en Venezuela, pero contribuir a moldear a la opinión pública internacional es una labor indispensable, dada la volatilidad de la situación venezolana, donde la gente sigue en la calle, la MUD insiste en sus llamados a la sensatez por parte de todos, y el régimen sigue dispuesto a llegar al límite de la violencia con tal y mantenerse en el poder.

Hay mucho por hacer, pues. Más vale apurarse.

Hermann Alvino

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