¿Diálogo real o teatrillo? ¿Cambio gradual o súbito?


grammaDialogar en una dictadura no es asunto de buena voluntad, sino de fuerza, porque quien manda, si se siente seguro -aunque se equivoque en su valoración- no dialoga, como tampoco dialoga la disidencia, puesto que ello sería un ejercicio inútil, con el riesgo adicional de destapar una que otra información vital para su supervivencia.

El diálogo dependerá por tanto del balance realizado por quien tiene el poder, para calcular qué le beneficia más, tanto en lo interno como en lo internacional; pero hay que recordar que si bien las dictaduras clasicas latinoamericanas no se basaban en ideología alguna, ni tampoco reforzaban su represión estratégica y material con el aporte de otro país, el régimen venezolano es producto de una mitomanía de Chávez, concebida a partir de una ensalada ideológica marxistofascistoide, que se mantiene en el poder ayudado por la tutoría y presencia de fuerzas de seguridad de Fidel Castro.

Esta realidad indica que los bárbaros endógenos no son los únicos interesados en mantenerse en el poder, ya que el poder cubano también se juega el pescuezo en este trance, tanto en su dominio dentro de Cuba como en sus permanentes planes de influencia en toda la región.

El juego entonces es más complicado que el que se jugaba entre demócratas, dictadores y CIA norteamericana -cual soporte de estos últimos-, puesto que si entonces el rechazo a los dictadores iba automáticamente unido al de la CIA que los aupaba, ahora la región está embobada con la aureola castrista, y si bien algunos de estos gobernantes latinoamericanos, en un arrebato de lucidez, pudiesen llegar a condenar al régimen de Maduro, jamás se atreverían a hacerlo con la tiranía de Fidel. Es más, casi todos asistieron complacidos a la reciente cumbre de la Habana de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Y la OEA, en este asunto es una payasada.

Otro factor adicional es que las dictaduras normales de la región nunca han contado con una inmensa riqueza petrolera para seguir fortaleciéndose, no solo en lo interno, sino para utilizarla como arma diplomática y de compra pura y simple de funcionarios y gobernantes extranjeros, para lograr su apoyo en los foros internacionales a los cuales asisten y se vinculan todos los países del globo, y como prebenda a la intelectualidad europea que decidió venderse al mejor postor.

En lo interno pues, el régimen no puede dialogar, ni considerar las propuestas de la oposición verdadera -no aquella que se ha amancebado con el chavismo desde sus inicios-, porque ello implicaría cambiar una concepción económica y política que le es vital; y para impedirlo está esa doble trinchera: la del dictador criollo y la del cubano.

En lo internacional el régimen ha logrado un objetivo importantísimo, cual es que coloquen gobierno y oposición en el mismo nivel moral y material; y desde esta perspectiva, tanto el Secretario de Estado Kerry, como hasta el mismo Papa, hablan ahora de diálogo. Pero resulta que la oposición venezolana no está armada, y todo el poder lo tiene el régimen, quien sí está armado hasta los dientes; y los muertos y torturados son opositores, sin mencionar a presos políticos como Simonovis, a quienes el régimen simplemente les ha cerrado toda posibilidad de liberación.

Como es obvio que oposición y régimen están en niveles morales y concretos muy diferentes, lo que realmente la comunidad internacional debe decir -y exigir- es el diálogo por parte del régimen, y no limitarse a ese llamado genérico que solo servirá para que Maduro realice un pequeño teatrillo interno y poder así seguir sin cambiar nada.

Además, nadie puede poner en duda la voluntad de diálogo de la MUD -y los dirigentes extra MUD-; una voluntad implecablemente ubicada en lo políticamente correcto por parte de gente como Ramón Guillermo Aveledo, a quien nadie tampoco le puede negar su condición de hombre de Estado y sólida reserva política del país. Pero ha sido una voluntad que a toda la MUD le ha costado el apoyo de una parte importante de la ciudadanía opositora, al considerar ese gesto como inútil, dada la permanente intención del régimen de imponer a toda costa su socialismo a la cubana, y de mantenerse en el poder a cualquier precio. Además, por esos llamados al diálogo, y por optar hacer una oposición civilizada, es que tanto Capriles como López han pagado un precio alto en sus liderazgos, uno al decidir no llevar hasta las últimas consecuencias la marcha de aquella noche del 17 de Abril, para intentar reventar el fraude castromadurista, y otro por no dar su pelea candidatural hasta el final, luego de que el régimen lo inhabilitase. Paradójicamente, ambos han conocido las cárceles del régimen, pero para mucha gente, ambos han dejado la sensación de que al final lo dejan a uno en la estacada.

Ingrata es la vida, pues, para que el régimen comprobase que los opositores que puedan estar de moda en determinado momento, unos por tener rabo de paja, otros por débiles, otros por tener una visión de Estado muy por encima de tanta mediocridad chavista, otros por oportunistas, y otros incluso por ser buena gente, al final no son amenaza real alguna.

Por tanto, no es llamando a ambas partes al diálogo como se debe tranquilizar la conciencia de mucha gente, sino llamando al régimen a que lo haga, porque es al régimen a quien hay que desenmascarar y poner contra la pared, no a esa oposición, que habiendo sido demasiado civilizada, y sin que nadie la pueda de acusar de cómplice o amancebada con el régimen, ha terminado pareciendo blandengue.

Pero a los factores mencionados que caracterizan esta dictadura se une otra realidad, que pronto se mostrará en toda su perversidad, y es el hecho mismo de que en esos lugares de discusión globales, Maduro no pinta nada, sino Castro, y por tanto, dada la obvia dominación material y política que éste tiene sobre Venezuela, unida al encandilamiento cerebral de casi toda latinoamérica, y parte de la imbecilizada intelectualidad europea, es evidente que Fidel utilizará la baza venezolana para negociar su reinserción plena en la sociedad internacional.

En otras palabras, Venezuela ha pasado a ser una mercancía de negociación.

¿Diálogo entonces? ¿Vamos a seguir con tanto llamado genérico a la convivencia mientras los hechos cumplidos van extinguiendo la soberanía? Como para pensárselo pues, aunque la alternativa sea el caos interno de una guerra social, o armada.

Tal vez haya sido esa percepción de la inutilidad de este tipo de diálogo -sentados en una mesa con las manos atadas frente  a una contraparte apuntando con un arma- lo que los estudiantes del Táchira, sin tanta elaboración conceptual, ni un plan determinado, hayan captado desde el inicio.

El resto es historia; ya la gente está en la calle, ahora falta saber si la continuidad callejera será capaz de debilitar al régimen al punto de disponerlo a dialogar de verdad, o será directamente capaz de colapsarlo.

En uno y otro caso, tanto las FFAA como la oposición misma, deben plantearse las preguntas correctas, y responderlas también adecuadamente: ¿Cambio gradual o súbito?, y ¿Qué hacer en cada caso para salir del pozo creado por Chávez, Fidel y herederos?

Hermann Alvino

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