Juventud, divino tesoro…


PUAR-LaVictoria-PlazaJoseFelixRivas2La manipulación a un par de generaciones de jóvenes salvadoreños para llevarlos a la muerte por intereses ajenos a ellos, e incluso lejanos a su propio país, fue producto de la maldad de Fidel, quien contribuyó materialmente a una guerra absurda e imposible de ganar por parte de ningún bando, porque requería de barridos de áreas demográficamente muy densas que habrían provocado unos genocidios urbanos mayores al los de las etnias y pueblos, causados por el vecino dictador guatemalteco Rios Mont.

Lo de El Salvador nos recuerda que Castro siempre fue un experto en la búsqueda de cabezas de playa para sus intereses geoestratégicos, al punto que también envió a morir a los propios jóvenes cubanos en Angola, solo por coadyuvar a los intereses petroleros soviéticos, y chulear a ese país africano, como décadas después lo haría con Venezuela.

Muertes inútiles todas ellas ya que, al final, aquellos izquierdistas reciclados en democracia, terminarían conquistando la presidencia de El Salvador, mientras que Angola, siguió su destino a espaldas de aquella maldad cubana. Inútiles también fueron las muertes de la carne de cañón que Castro ordenó se interpusiera a los tanques de Pinochet, como los miles de guerrilleros con el cerebro comido por las mentiras cubanas, que llevan décadas combatiendo en Colombia, para que ahora, sobre sus cadáveres, los jerarcas de todas las partes se sienten a hablar de paz… en la Habana.

A quien logró sobrevivir entero, todo eso le arruinó la vida, porque solo sabía disparar y matar, para vivir un futuro monocromo que, con algo de suerte, le permitiría ser vigilante de bancos o supermercados, mientras que los menos afortunados, en tanto se iban asociando en pandillas, cual caricatura trágica de las familias que nunca tuvieron, eran reclutados por los carteles de la droga. Y para muestra de dos generaciones perdidas allí está la Mara Salvatrucha, cuyos 70 mil integrantes son un ejército que, irónicamente, en vez de traficar con drogas y asolar a las comunidades, debería estar combatiendo políticamente a quienes los metieron en ese pozo de la Historia, esto es, a políticos y dictadores malévolos, que en beneficio propio, utilizaron a aquellos jóvenes -ahora adultos, y secuestrados espiritualmente por esa pandilla- como ganado sacrificial, enviándolos a guerras artificiales.

El efecto de esos años espantosos, y de destrucción generacional, aun perdura luego de varias décadas; eso se evidencia tanto en Colombia como en El Salvador, con sus dificultades para conseguir prosperidad y paz estables; porque sus evoluciones sociales han sufrido cortes muy dolorosos que aún no han podido curar. El poeta nicaragüense Rubén Darío lloraría amargamente, no solo por la huída de la juventud misma, sino porque además de ser tan breve, se la arruinaron a millones de personas sin escrúpulo alguno.

Por su parte, Maduro nunca tuvo una juventud normal, a causa de su formación juvenil castrista y su adolescencia como colaborador familiar en la guerrilla urbana venezolana; por tanto, es lógico que aspire que las nuevas generaciones “sientan” el “socialismo” (¿?) como él lo hizo; por eso él afirma que la juventud venezolana es “socialista” (¿?), y por eso está dispuesto a lavarle el cerebro desde el primer momento al entrar al sistema educativo. Y seguramente, cuando al fín lo decrete, el servicio militar obligatorio será su instrumento estrella para ir cocinando esa carne de cañón, y tenerla lista para seguir la tradición de su mentor cubano.

Por ello Maduro jamás comprenderá que la juventud venezolana, ni es socialista, ni tiene nada que ver con él, como tampoco con ningún político, ni del régimen ni de la oposición: porque la juventud es sentirse libre, para estudiar, copular, tatuarse, desobedecer, trabajar, viajar, oír música, divertirse, y hasta para beber y drogarse, y especialmente para desconfiar de cualquiera con más edad que su respectiva generación.

En 1972, durante la histórica visita a China, Nixon le preguntó a Chou En-Lai su opinión sobre la “Revolución Francesa”, a lo cual Chou respondió que aún era muy temprano para evaluarla; pero lo que sucedió fue que en la traducción de la pregunta se había confundido el contexto, y la cuestión referida a 1789 fue entendida por el dirigente chino como la “revolución francesa” de 1968 (barricadas, Danielito el Rojo, “pidamos lo imposible”, “prohibido prohibir”, etc.); pero luego de casi medio siglo de aquel desbarajuste que los jóvenes le causaron al mundo entero, madurado paralelamente a las contorsiones de Elvis y de Mick Jagger y los Beatles, a las luchas raciales en Memphis, las flores de San Francisco, las afirmaciones de Cassius Clay (Mohammed Alí), los pacifistas anti Vietnam, etc., podemos decir que cada ola de jóvenes, al final termina haciendo lo que le da la gana para intentar disfrutar de la vida a su manera; y que la oposición a la guerra, o a cualquier forma que les constriña su vida, solo obedece a esa componente hormonal que en algún momento de la vida nos impulsa a todos a autoafirmarnos y a querer ser libres.

Y son esas hormonas las que están llenando a las calles venezolanas con los mismos e intactos sentimientos y exigencias de libertad que los jóvenes de todo el mundo siempre han expresado, (aunque cada oleada con su moda diferente, de más o menos tatuajes y piercings, y dispositivos diversos, cual walkman o celulares), sean centroamericanos, chilenos, argentinos, uruguayos, franceses, o chinos, junto los cubanos que pelearon en Angola, los gringuitos que enviaron a Vietnam, y los rusos que enviaron a Afganistán, a quienes le cortaron las alas de libertad con pólvora, con amputaciones de piernas y brazos, ceguera, tembladeras de gas naranja, y le arruinaron la vida al tener que refugiarse en escapismos dentro de una sociedad que, ni agradeció su sacrificio ni se preocupó en darles cariño.

Le tocó a Bush hijo hacer lo mismo, con los jóvenes que enviados a Afganistán e Irak, configurando así otra generación perdida en vómitos de sangre y terapias para parapléjicos. Seguramente lo volvería a hacer, como Castro, si en nuestro caso le dejamos manipular a esos jóvenes venezolanos que están explotando en la calle, clamando por su propia libertad, prosperidad y felicidad, porque ese viejo maligno cubano, a la cabeza de otros menos viejos, pero ancianos reaccionarios por ser esclavos de privilegios mal habidos, ya coordina la represión con armas de guerra para contener esa marea liceísta y universitaria, cuya derrota es clave para el régimen, y cuya naturaleza es también clave que la MUD comprenda, sea López, Corina, Capriles, Ledezma y todos los dirigentes opositores, a quienes miles de estos jóvenes no conocen ni siquiera de nombre.

Yo, que Maduro, decretaría el servicio militar obligatorio para encausar el asunto, y concretar el control y la ruina de todas esas vidas. Y si yo tuviese algo de influencia opositora, para zanjar esto más pronto que tarde, organizaría la rebeldía de muchas formas, no necesariamente todas violentas, pero igualmente efectivas.

Y si yo fuese joven de nuevo, cruzaría los dedos para que no me manipulen más de la cuenta, pensando además que nuestros próceres eran todos jovencísimos cuando lograron la hazaña de la independencia.

Hermann Alvino/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s