Cómo vencer la tentación de la calle.


protestas_tachira_0No tiene sentido seguir atiborrando a la gente con las cifras del desastre chavomadurista, primero porque son magnitudes difíciles de imaginar, y segundo, porque al final uno termina perdiendo la capacidad de asombro; eso ya se vivió mientras los medios relataban en tiempo real las barbaridades del gobierno de CAP I, o el de Lusinchi, cuando cada sucesivo escándalo le iba haciendo sombra al anterior, hasta que todos terminábamos perdiendo la memoria de la retrospectiva de tanto oprobio, al punto que aun hoy, hay mucha gente que habla bien de esa época podrida y tan abusiva del poder.

Baste entonces decir lo que todos sabemos: que el país está quebrado, porque ha malgastado la riqueza en la nada, y en llenar el bolsillo de estos bárbaros que lo han secuestrado; que el recomponerlo atragantará al menos a un par de generaciones, porque no solo no hay capacidad para generar riqueza -ni divisas- sino que hay una enorme deuda que comprometerá cualquier acción futura -dicho claramente, estamos “sin chivo y sin mecate”-; y que quienes tienen el poder no van a rectificar, cosa que en criollo también podríamos describir como que “o comerán gallina, o morirán arponeados”, porque ése es el destino de los fanáticos y fundamentalistas de cualquier doctrina social.

Ellos han optado por la represión pura y dura, sea física, mediática o legal; y la están desplegando ahora, porque saben que éste es un período clave durante el cual se definirá, tanto la capacidad del régimen para abastecer de insumos básicos a la población, como la de la oposición para movilizar y resistir a la represión, si el gobierno no logra lo primero.

A su vez, la capacidad del régimen para abastecer esos mínimos tolerables por sus propias bases dependerá del aliento que China esté dispuesto a darle, a cambio de soberanía, claro está; siendo ésta parte de la ecuación una incógnita aun por resolver.

Por su parte, la oposición callejera -que a todas luces se ha iniciado de manera silvestre y sin un liderazgo claro- no podrá resistir el ritmo que  ella misma se ha impuesto, además de que las explosiones puntuales que produce su espontaneidad, son relativamente sencillas de controlar, y reprimir.

Ahora bien, el problema sí podría ser realmente significativo si las ondulaciones de este cuero seco comenzaran a coordinarse, y por tanto a extenderse, no solo más rápido sino también a todo el país; pero ello obligaría a la estructuración de un liderazgo más o menos centralizado, a la vez que compartido por los diversos frentes estadales.

Pero cuidado, este paso implicaría cruzar una frontera  de no retorno, cuyas posibilidades son una de dos: o que todo derive en una pelotera general, y por tanto imposible de controlar (a la cual hasta se sumarían incluso los miles de malandros motorizados y armados, porque lo de ellos es un desorden, venga de donde venga, y la milicia que ha estado algo dormida, pero con un arma bajo el catre), o que esa explosión sea desbaratada por el  régimen  por la vía de una represión muy dura, e inteligentemente aplicada.

Lo primero implica un desorden que haría inevitable un golpe de Estado. Aunque no se sabe qué bando militar podría llevarlo a cabo con éxito, puesto que existe la posibilidad de que lo que inicie un sector sea terminado por otro rival, e igualmente poderoso.

Lo segundo conllevaría a un reforzamiento del régimen, cual bacteria a quien los antibióticos no lograron exterminar, haciéndose más fuerte e inmune, al menos a la misma dosis, una vez masticado el amargo bocado, que no sería tanto el haber reprimido a fondo a la población, sino el haberlo hecho a su misma gente, unida ya a la rebelión ciudadana.

Por tanto, si la calle sigue viva, y la oposición desorganizada sigue ocupándola con acciones cada vez más intensas, a los líderes demócratas nacionales le corresponderá jugarse su liderazgo hablándole sin miedo al país sobre estos escenarios, y posicionarse frente a lo que está ocurriendo; esto es: si alguno de ellos se cree capaz, no solo de coordinar esta rebelión in crescendo para defenestrar al régimen, sino de enfrentarse con éxito a los dos peligros mencionados, pues que salga al camino real y se deje de veredas, y apueste su seguridad en dicho desenlace contra la incertidumbre de su opción; de lo contrario, más vale que entre todos se jueguen ese liderazgo canalizando a la gente hacia un combate ligeramente diferente, como es la protesta individual en cada una de las diligencias diarias al enfrentarse a una burocracia inútil y corrupta, mediante una intensa y persistente labor de activismo pedagógico que podría ser muy efectiva.

Porque no es lo mismo tener diez mil personas protestando, pero concentradas en pocas aceras, y por pocos días, que esa misma gente protestando diariamente por sus derechos en cada oficina pública, y además negándose a ser atendida por un funcionario extranjero delatado por su evidente acento cubano, en una intensa lucha cívica que hasta podría lograr no solo que se mejoren ciertos servicios, que al fin y al cabo es lo que se desea de cualquier gobierno, al margen de su legitimidad, sino también elevar el grado de conocimiento ciudadano con relación a los asuntos públicos.

Y ésta, salvo el salto a la violencia permanente, buscando un desenlace que (casi) todos sabemos sería incierto,  es la única forma efectiva para vencer la tentación de la calle: hacer activismo dentro de las entrañas de la misma administración pública corrupta.

Pero claro, en lo que toca a cada ciudadano, esto implica exponerse, y al no tener el amparo de la masa, arriesgarse a que un guardia nacional le agreda por protestar por algún abuso de autoridad en el aeropuerto, o temblar por la posible venganza de algún miembro de los cuerpos de seguridad -formales e “informales”- por una que otra denuncia, o enfrentarse en desventaja al funcionario que se sabe “guapo y apoyao”; porque la lucha, en cualquiera de sus expresiones, no sale gratis para nadie, especialmente frente a un régimen incapaz de reflexionar, y ciego como consecuencia de su locura doctrinaria y adicción a las prebendas de tanto poder, y por tanto dispuesto a todo, con tal y mantener su status quo.

Pero en justicia, esa lucha tampoco debería salirle gratis a quienes lideran o aspiran a liderar a la oposición, porque ellos deben comprender que ya ha llegado la hora de las definiciones y del apartar ambigüedades, para que todos sepamos qué están dispuestos a hacer, o a no hacer, junto a pagar el precio de su opción; un precio que, de ser correcta la visión de alguno de ellos, al final se transformará en su beneficio, junto al de todos los venezolanos de buena voluntad.

El régimen ya ha movido su ficha. Ahora le toca a cada uno de ellos.

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s