Electores irresponsables.


todosLos hechos, y la actitud light de Obama durante su mandato y pico, han confirmado que él pertenece a ese status quo, que prometía iba a sacudir, para reducir la desigualdad social e imponer otro tipo de abordaje de EEUU a los problemas globales, luego del ciclo del nefasto Bush hijo, de herencia militarista y costo de un trillón de dólares, más miles de muertos e inválidos norteamericanos, cuyo costo existencial y de salud también asciende muchos de billones de dólares, más la multitud de muertos de Iraq y Afganistan.

Ahora todos hablan de la ineptitud de Bush en materia de gobierno, sabiendo lo fácil que es salir con buena reputación de un cargo público, si éste ha sido utilizado para promover en extremo los intereses de los poderosos; porque son justamente éstos quienes también poseen los medios de comunicación que siembran e imponen reputaciones.

Lo que aun queda por dirimir es, si para efectos de capitanear un barco tan complejo como es la sociedad norteamericana, también Obama es un inepto, porque si vamos al detalle, el único elemento que le catapultó como candidato presidencial exitoso fue su magnífica retórica, mostrada en su discurso en la convención demócrata que en el año 2004 eligió a Kerry como candidato -perdedor- presidencial.

Antes de eso la nada, salvo el ser senador del status, sin  ninguna evidencia sobre su potencial como gobernante exitoso para ese exigente nivel como es el presidencial, aunque ello, en esta sociedad es irrelevante, si recordamos la importancia que tiene la retórica, en un mundo secuestrado por lo mediático, que todo lo banaliza y simplifica, y reduce el tiempo disponible para presentar ideas complejas, dejando solamente despojos conceptuales en la mente de una sociedad cada año más ignorante e indiferente en asuntos públicos, internos e internacionales, cuando no funcionalmente analfabeta.

Por tanto, quien se presenta con un discurso simple, pero impactante, automáticamente será identificado como un estadista, sin necesariamente serlo, más aun si es negro, o mujer, o héroe de guerra -y si está lisiado por esa razón, pues mucho mejor-. Y por el contrario, electoralmente es mala cosa, en esa sociedad gringa, saturada de clichés, si se tiene barba, o bigote, o si es es calvo, bajo de estatura, o de apellido latino, o griego…

Es lo que pasa cuando una sociedad se deja llevar por la pereza mental, luego de una larga jornada de trabajo, para rendirse ante lo que le pongan, durante el horario estelar televisivo, antes de caer dormida, pensando en todo, menos en quienes serían las mejores personas para gobernarla.

Ya veremos si Obama demuestra ser lo que muchos esperaban; para ello le queda una parte importante de su segundo mandato, aunque por lo pronto los hechos son demoledores, y las promesas están rotas, como el cierre de la cárcel en Guatánamo, la chapuza del seguro médico obligatorio -por su retraso y por su mala implementación-, la torta puesta con el espionaje de la NSA, cuyos investigados van desde cualquier ciudadano norteamericano hasta jefes de Estado -incluyendo los aliados-, y por supuesto, la continuación de abusos financieros -y la falta de escarmiento- por parte de la banca y Wall Street, al éstos percatarse, que en general siguen teniendo barra libre para seguir arruinando lo que queda de clase media norteamericana.

La creciente desigualdad en EEUU es ya una mancha que se extiende rápidamente en la página de ese contrato social que suscribe cada ciudadano al nacer; y los abusos del lobby de las armas, de la energía, de la comida rápida, o del tabaco, no han tenido ni siquiera una respuesta retórica frontal por parte de ese presidente, que fue electo justamente para compensar, aunque sea un poco, esa influencia, que no solo profundiza la injusticia social, sino que le está dando un golpe irreversible a la salud biofísica del planeta.

Siempre existe, por otra parte, la excusa de la inacción presidencial por causa de un Congreso muy dividido, y cuya ala republicana está secuestrada por fundamentalistas religiosos y ultraliberales, negacionistas del cambio climático y del evidente efecto que las armas están causando en la población, además de los presentes problemas de salud, derivados de esa obesidad causada por una mala alimentación, y que a su vez nace no solamente de una educación deficiente, sino del lavado de cerebro al que la someten las grandes corporaciones de comida basura.

Pero esa realidad parlamentaria no debe ser una excusa para quien fue electo con la misión de superarla; menos si por ninguna parte se han visto las bases comunicacionales de esa presidencia, ni las de su partido, enfocadas a concienciar al electorado, para que cuando escoja sus representantes, otorgue a uno u otro partido un mandato claro.

El discurso de la Unión de este año, abre tal vez el último compás para seguir concediéndole a Obama el beneficio de la duda; se habla de retirar muy pronto todas las tropas de Afganistán, y de reformar la NSA, cuya misión de seguridad ya está indeleblemente asociada con el espionaje sin límite y a la violación de derechos civiles fundamentales. Se habla de reformar ese maléfico Patriot Act de Bush, que en manos inescrupulosas -y en manos ineptas, dada la demasiada subcontratación en muchas de sus áreas de acción- ha condenado a gente inocente, y puesto en la lista de sospechosos a centenares de miles de ciudadanos norteamericanos, sin ninguna razón sustentada, recordando así los mejores tiempos del fanático Edgar Hoover; solo que esta vez, en ver de cazar comunistas, ahora lo hacen con quien tenga barba, apellido raro, religión exótica, piel oliva, y hasta estudios no tradicionales, esto es, a quien les venga en gana.

El discurso presidencial ha sido un ejercicio de equilibrio entre los ideales y, dadas las circunstancias, lo políticamente factible. Pero ese contraste lo puede hacer cualquiera, y sin ser presidente de EEUU, porque todos podemos hablar de ideales, y de retirar tropas, cuando es evidente que ese militarismo hacia el resto del mundo no solo es financieramente inasumible -Clinton le entregó a Bush un país solvente, y éste, con sus invasiones, le entregó a Obama un país endeudado hasta las cejas-, sino que a la larga demuestra su inutilidad -el Iraq actual así lo confirma-, sin considerar, además, que acaba con la credibilidad de un país que durante la paz debe ser ejemplo de democracia y derechos humanos, y que en guerra debe combatir por la justicia y la razón, no motivado por mentiras -como la de la (in)existencia de las armas de destrucción masiva de Saddam- ni para enriquecer a los subcontratistas de armas, son socios de parte de esa casta política.

Esto es lo que hay; y allá ellos, pues, y Obama; por ello es más seguro elegir a gente probada, para que al menos se les pueda recriminar racionalmente su fracaso; en cambio, quienes irresponsablemente eligen a alguien solo porque habla bonito y cae simpático, no tendrán la autoridad moral para reclamarle su ineptitud.

Fácil es reclamar fallas a gobernantes exitosos, como Capriles y Ledezma, y difícil es que lo hagan quienes votaron por Chávez, y Maduro (y CAP II); porque ellos sabían de antemano que esos ineptos iban a dar palos de ciego para desgarrar una piñata, que ahora está vacía. Para ruina de todos.

Hermann Alvino

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