Chapuzas


Soldiers and Dogs Wearing Gas Masks

Todos conocemos alguna variante del cuento aquel, cuando un hombre llama alarmado a la esposa, para decirle que la Muerte lo había mirado fijamente en la panadería, y por tanto se iba de inmediato a un pueblo lejano, para evitar morir; y mientras éste huía, la mujer baja al negocio y encara a la Muerte, reclamándole enérgicamente por qué había asustado a su consorte, a lo cual ésta le responde que en efecto le había mirado fijamente, pero no para asustarlo, sino porque estaba sorprendida de verlo allí, cuando en su agenda le tenía que ver más tarde en un pueblo lejano, justamente el mismo lugar al que el esposo había decidido huir…

Uno no sabe entonces si todo está ya escrito, o si todo este tinglado de la vida está dirigido por el azar. Pero lo que sí sabemos es que las chapuzas humanas no están escritas, porque éstas nacen de la estulticia de sus dueños, quienes cuando dirigen a los hombres, hacen que el mundo sufra bandazos impredecibles.

Las chapuzas de quienes gobernaron durante el siglo XX han causado unos 250 millones de muertos, entre las dos grandes guerras, los conflictos locales, holocautos y genocidios varios -el de los nazis, los franquistas, los camboyanos, los soviéticos, los chinos, etc.- y las enfermedades que han tenido rueda libre por África y Latinoamérica debido a la desidia gobernante.

La lista es inmensa, y solo apuntaremos algunas, como aquella del atentado de Sarajevo, que catalizó la Primera Guerra Mundial, cuando la granada defectuosa lanzada por uno de los agresores ubicados en la calle por donde pasaba la caravana, explotó tardíamente debajo del vehículo siguiente al del heredero austrohúngaro, para que luego de cumplida la jornada oficial de la comitiva, ésta decidiese ir a visitar a los heridos, lo cual exigía un cambio de ruta, pero como uno de los hospitalizados era justamente el encargado de notificar esos cambios de itinerario, el chofer, al no ser informado del nuevo trazado, tomó la ruta de vuelta prevista inicialmente, y cuando alguien al fín le gritó que ese no era el camino, detuvo el coche para devolverse, y fue allí, a dos metros, y frente a una tienda, donde la leyenda dice que estaba saliendo, luego de haberse comido un sandwich, que uno de los agresores se topó con su misión (y con el destino), y aprovechó la casualidad para sacar su revolver y matar al príncipe, además de su esposa, aunque ella no era su objetivo sino el gobernador de Bosnia.

O sea, que el asesino también equivocó en parte, porque su segundo blanco era otro, como erró días antes el ministro de Finanzas austríaco, al no comprender a plenitud lo que le insinuaba el enviado Serbio sobre la posibilidad de un atentado; mensaje que tal vez el ministro de exteriores austríaco hubiera comprendido, pero al no haber querido recibir a dicho enviado, porque le tenía antipatía, el destino siguió su curso…

Esa cadena de chapuzas costó 37 millones de muertos, cinco imperios (ruso, alemán, polaco, austrohúngaro y otómano), más la entrada del comunismo y el fascismo, junto al bautismo de EEUU como potencia dominante, más la siembra del sustrato para la Segunda Guerra Mundial. Los generales y emperadores creían que esa guerra iría a durar un par de semanas, y terminó durando cuatro años.

Más chapuzas, como cuando Occidente creyó en las promesas de Hitler, o ya avanzada la siguiente guerra, éste creyó que la invasión de Normandía se iba a producir en otra parte, y mientras ésta se iniciaba, su asistentes no atrevieron a despertarlo. O la de la CIA, en la fracasada invasión de Bahía de Cochinos en Cuba, cuando se les pasó por alto que la hora de salida de los aviones para el apoyo aéreo correspondía a otro huso horario, diferente a los que estaban en tierra esperando el bombardeo de refuerzo; o la del Congreso de EEUU, al cortar recursos para rematar la faena en Vietnam; la de Carter en su fallido rescate de rehenes norteamericanos por parte de los fundamentalistas iraníes, etc.; para así ir recorriendo el siglo XX con asombro, y preguntándonos en qué manos hemos estado realmente, porque hasta la NASA, en sus prisas, desdeñó los informes sobre los sellos de los cohetes que terminaron explotando al Challenger.

Y porque acá, el que nuestros militares hayan permitido que Fidel viniese a la coronación de CAP II, con un terminal del aeropuerto dedicado exclusivamente a introducir centenares de armas, también indica en qué manos estaba aquel país feliz, que luego de Lusinchi reeligió a CAP; y porque hasta los agitadores destinatarios de esas armas se equivocaron, y salieron a solviantar a los barrios al creer que las señales previas al Carachazo significaban la revuelta total prevista; como chapuza fue la de Pérez con aquello de que “a mi no me tumba nadie” desdeñando la importancia del intento de golpe de Chávez, y la del mismo barinés, al fallar ese golpe; y la de todos quienes permitieron que éste apareciera en televisión con su “por ahora”; y la de sus carceleros, al dejarle mano suelta para seguir conspirando y organizando su movimiento; por no hablar de la de Caldera, al indultarlo; y la de AD y COPEI, al saltar de candidato en candidato en las elecciones del ‘98; o la de millones de venezolanos, por votar por el delincuente Chávez; para así llegar a la metida de pata de Carmona, mientras Bush chapuzeaba en Afganistán e Irak, a cuenta del atentado del 2001, que no pudo ser evitado por los errores de la CIA, el FBI, el Dpto. de Estado, etc. que por sus anodinas rivalidades no se intercambiaban datos sobre gente sospechosa, para llegar así a la de Rosales, a la del vuelvan caras del 17 de Abril de 2013 y la silenciosa estrechada de manos caprilista en Miraflores.

Es una apretada síntesis de la soberbia humana y de su insignificancia, que unida a los miles de eventos de estos cien años ha conformado el mundo en que vivimos, y causado tantos millones de muertes de seres humanos, sin contar los caballos y perros combatientes, ni el destripe de las entrañas del planeta, en busca de minerales para fabricar tanto artilugio de muerte, ni el reguero de contaminación y reducción de nuestra biodiversidad, porque a ésta, no la está matando solamente las guerras, sino el desarrollo derivado de un consumismo enfermizo y la simple estupidez humana.

Y como ejemplo final de esa estupidez solo queda recordar que, hace unos días, unos ladrones muy especiales, se llevaron de un vivero londinense -el Kew Gardens- una flor muy rara –Nymphaea thermarum-; tan rara es que solo se había logrado prolongar su especie en cautividad, y luego de veinte años de esfuerzos de los botánicos, porque el entorno natural donde apareció y prosperó durante millones de años ya no existe, cual era un cálido lago volcánico en Rwanda que se secó.

Pero el asunto no tiene solo que ver con los millonarios coleccionistas criminales que mandan a robar cosas que son patrimonio del planeta mismo, ya que ese lago se secó porque algún gobernante rwandés inepto -o corrupto, o ambas cosas- autorizó que en la villa de Mashyuza, se instalase una lavandería a orillas de dicho lago, para que utilizase a discreción toda su agua para ese negocio, y secarlo por completo. Y acabar con la plantita en cuestión.

Esto es lo que hay, y después se quejan de que la gente estalla y se lleva todo lo que se atraviesa por delante.

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s