Militar ahora en la MUD es aclararse, unirse, y apurarse.


no way outEn algún momento, todo ser humano ha pensado en el problema de su trascendencia, y por supuesto en lo relativo al hecho religioso; y a pesar de que los ateos o agnósticos pensemos, o sintamos, el habernos salido de ese riel para vivir la vida sin temor ni incertidumbre, lo cierto -y lo racional- es que ello, como enseñó Pascal (http://goo.gl/xc71F), es una suerte de apuesta personal en la cual, querramos o no, todos estamos involucrados (cela n’est pas volontaire, vous êtes embarqué).

Lo mismo sucede con la militancia política, porque militar -o no- con todo y ser también una apuesta individual limitada solo a lo terrenal, sus efectos son colectivos, y tienen consecuencias, sea por acción o por omisión.

Hay mucho donde escoger para nuestra personal actuación social, cónsona con la visión personal del mundo y de sus semejantes, o la falta de ésta, porque en conciencia cada uno sabe hasta qué punto le puede importar su entorno: clubs deportivos y sociales, de observación del comportamiento de las aves, de defensa del rinoceronte negro, o de los chigüires llaneros, de ayuda a la parálisis cerebral, de cofradías religiosas, etc.

Pero, cuando uno siente que su rol puede y debe ir un poco más allá, es inevitable apuntarse a un gremio profesional, a una asociación de vecinos, al activismo cívico, a la defensa de derechos humanos, a la ayuda médica local e internacional, al activismo sindical, etc., y por supuesto a la acción partidista, en un salto cualitativo que podemos denominar “militancia”, mediante la cual, junto a todo tipo de actuación asociativa de corte privado, y de influencia limitada a un específico grupo de personas, se actua dentro de instituciones públicas cuya imbricación con las leyes, y el mismo ámbito de interés general, hacen que sus efectos sobre el entorno social sean mucho  más marcados.

No todos dan ese salto, porque en una sociedad libre y abierta -Karl Popper- la vocación y la indiferencia son libres. Pero muchos de aquellos que lo hacen, también avanzarán un poco más en sus deseos de involucrarse en el desarrollo de los acontecimientos, pasando a militar en organizaciones ya no políticas -todas lo son- sino partidistas.

Partimos, claro está, que su opción es libre, (aunque no siempre del todo razonada -por ejemplo hay muchos hijos o amigos de dirigentes políticos que militan allí por inercia), en contraste con las decenas de regímenes en los cuales la militancia es obligatoria, sea para tener acceso a la comida, al trabajo, a la educación, y en todo caso, para no ser fusilado o asesinado por aquellas turbas nacionalsocialistas y mussolinianas, por las fuerzas represoras de la entonces URSS, o las de Cuba, Corea del Norte, y China.

Esa militancia en sistemas democráticos -con relevo pacífico del poder mediante elecciones- implica la búsqueda del voto para la propia plataforma partidista, u para otra, integrada por fuerzas dispares. Y es allí donde los indiferentes -y los desilusionados- que se dedican solo a sus asuntos, tienen un efecto muy importante al abstenerse de votar, porque ese vacío de voluntades altera las cuentas (caso España, donde la abstención de jóvenes y críticos de la izquierda le dieron por forfait una mayoría parlamentaria absoluta a la derecha española, que movilizó sus votantes).

Militar en una organización política, o partidista -que no en una secta oculta- por lo demás implica un torrente de transacciones personales -en la medida que éstas no renieguen de lo fundamental de las convicciones personales- mientras se comparten valores y propuestas de actuación, además de saber convivir con gente, y transar y aceptar desviaciones -dentro de rangos que solo nuestras conciencias establecerán-, recordando siempre que si los integrantes de una organización, cual seres humanos, de partida somos imperfectos, imaginémonos como conjunto, con todo y que dicho conjunto pueda compensar muchas de estas fallas. Pero esa imperfección partidista tiene sus límites, y fue justamente porque millones de militantes no quisieron rebelarse ante la podredumbre que durante dos decenios fue cavando la tumba del sistema democrático, que el chavismo pudo imponerse. No hablemos de los indiferentes, ni de los eternos tirapiedras que nunca han aportado nada.

Todos pues, en el pasado, tuvimos un par de décadas como ventana de oportunidad para evitar la catástrofe, incluso dentro de éste mismo tiempo de pesadilla chavista; incluso  el mismo régimen, junto a su militancia, han desperdiciado toda oportunidad para adecentar su paso por el poder. Y esto, “La Hojarasca” de García Márquez, nos lo recordará siempre como parte de nuestra historia:

“Hace diez años, cuando sobrevino la ruina, el esfuerzo colectivo de quienes aspiraban a recuperarse habría sido suficiente para la reconstrucción. Habría bastado con salir a los campos estragados por la compañía bananera; limpiarlos de maleza y comenzar otra vez por el principio. Pero a la hojarasca la habían enseñado a ser impaciente; a no creer en el pasado ni en el futuro. Le habían enseñado a creer en el momento actual y a saciar en él la voracidad de sus apetitos. Poco tiempo se necesitó para que nos diéramos cuenta de que la hojarasca se había ido y de que sin ella era imposible la reconstrucción. Todo lo había traído la hojarasca y todo se lo había llevado. Después de ella sólo quedaba un domingo en los escombros de un pueblo, y el eterno trapisondista electoral en la última noche de Macondo…”

Es destino pues, que sea esa misma complicidad militante de su pueblo llano la que terminará sepultando al régimen, aunque parece que no todavía, porque aun dentro de su queja, quiere terminar de exprimir la máquina de prebendas (algo así como el ruego de San Agustín a Dios en el Capítulo 8 de sus Confesiones: Hazme puro… pero aun no. http://goo.gl/U9u5TR), por lo que, desde la MUD, habría que darle un buen empujoncito, cosa que nos involucra a todos los opositores, dentro de esta oscura amnesia de lo que realmente significa ser militante, esto es, también le atañe a Capriles, Machado, López, y cualquier otro (pre)colocado -como Ledezma-, que a la postre termine capitaneando a esta confederación de partidos, en una efectiva labor de zapa del terreno que sustenta al régimen, basada en dos pilares: desplazar al régimen del poder, y disponer de un programa compartido de reconstrucción, siendo lo primero el objetivo primario, y lo segundo no solamente lo que le da trascendencia a la acción, sino el medio mismo, tanto racional como de marketing, para agruparnos a todos.

Si se parte pues de la idea de que el objetivo primario es realmente compartido por todos -o al menos por aquellos opositores que así lo proclaman- entonces, durante este largo período no electoral que comienza, habrá que apurar tanto la unión como la labor opositora, antes de que la desesperanza se ancle en la población. Recordemos la “Canción para los que saben”, de Hans Magnus Enzensberger (“Poesías para los que no leen poesías”, http://goo.gl/TEtQmG):

“Sabemos que hay que hacer algo inmediatamente,

lo sabemos.

Pero naturalmente es demasiado pronto para hacerlo,

pero naturalmente es demasiado tarde para hacerlo,

lo sabemos.”

En cuanto a la unión conceptual y programática, hay que reconocer que hay mucha gente que intuye que eso no será posible, sea por rivalidades o incompatibilidad de visiones. Las rivalidades deben gestionarse a través del primer objetivo comentado, porque éste, estando divididos, nunca se podrá alcanzar. Y las diversas visiones de país, tienen una valiosísima referencia escrita hace poco por Pedro Paúl Bello (“El diálogo franco y verdadero”, http://goo.gl/w8ehdU), donde las citas a Maritain y a Tauler nos recuerdan que hay que distinguir para unir, y que cada distinción hay que aceptarla y comprenderla, para fortalecer a toda la unión.

Ése es el camino, sin duda alguna, pero si las organizaciones de la MUD quieren sinceramente compartir un proyecto de país, más vale que cada uno de los individuos que las integramos nos aclaremos, porque de partida, las fuentes de las que -por ejemplo- se nutren quienes tienen a Andrés Velázquez como referencia, no son las mismas que abastecen a los seguidores de María Corina, la cuales a su vez son diferentes de las que dice provenir Leopoldo López. Y éste es solo un ejemplo del complejo ecosistema que debe autosustentarse como fuerza unitaria.

Por eso hay que hacer un esfuerzo personal para considerar que, si bien una de esas fuentes -el Comunismo, y luego el Socialismo-, terminaron degenerando en sistemas crueles y esclavistas, su fuerza vital original constituyó la única utopía de carácter exclusivamente terrenal capaz de movilizar a millones de personas cuyas luchas sociales han podido minimizar algunas de las perversidades de la otra fuente, la del Capitalismo, con su explotación extrema, pero que al controlarla parcialmente se ha revelado como la mejor forma de producir progreso y prosperidad.

Por ello hay que contrastar las barbaridades estalinistas con las de los capitalistas alemanes, que utilizaron los esclavos y deportados de los nazis para aumentar inmensamente su riqueza, incluso contando con la simpatía del norteamericano Ford. Y las carnicerías comunistas chinas, coreanas y cubanas yendo de la mano de los envenenamientos de Union Carbide, y de la degradación planetaria que ese capitalismo ha producido, dentro de una creciente pobreza planetaria a la cual contribuyen diariamente ambas visiones del mundo al haberlas dejado rodar sin control.

Y también habrá que notar la similitud argumental en ambas fuentes, que afirman que el problema no es la fuente en sí, sino su mala aplicación, para que al final uno deba tomar una decisión importante, cual es: si se tiene el hígado, o la buena fe y la confianza en el otro, para compartir un camino juntos, a pesar de ser todos tan diferentes -porque así lo han dictado nuestros sustratos históricos-, atándonos a nuestras similitudes nacidas de una reflexión como ésta, que nos indica que nadie tiene ninguna fuente tiene la verdad, ni la bondad absoluta, y que nos puede agrupar en una suerte e centro liberal, cuyos matices de izquierda y derecha serán importantes a futuro, pero que al momento, frente al objetivo supremo, son insignificantes.

Sin ese proceso decisión y decisión posterior, pues mejor quedarse protegiendo las babas de nuestros ríos, y olvidarse de todo esto, ligando en todo caso, de que no lo asesinen ni secuestren.

En síntesis, aclararse personalmente, unirse para fortalecerse, y apurarse.

Y que el destino nos lo premie, o se apiade de nosotros.

Hermann Alvino

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