Feliz 2014…


download (2)La Historia no se repite, aunque quienes dominan a las sociedades de sus respectivos tiempos sí repiten sus tragedias, copiándolas con exactitud. Tal vez ello sea por aquello de que se sienten diferentes y superiores a los demás, al punto de creer que no caerán en las mismas trampas de sus predecesores.

El caso es que dentro de pocos meses se cumplirá un siglo del inicio de la Primera Guerra Mundial, cuyas decenas de millones de muertos y geopolítica final conllevaron al mundo a la Segunda Guerra Mundial 20 años después, y cuyos resultados a su vez, condicionaron a nuestro planeta y su gente por casi cincuenta años: más millones de muertos, bomba atómica, cortina de hierro, y guerra fría, con su obligado desarrollo tecnológico -o sea militar- como para haber llegado a la Luna, tener ordenadores, y generar una explosión de productividad y consumo de masas que han implicado el uso extremo de hidrocarburos y la degradación imparable de recursos terrestres y biodiversidad, para mantener el ritmo de vida de aquellas sociedades vencedoras y del resto de países -casi todos- que desde los últimos 25 años del siglo pasado, se han ido sumando a lo que -no sabemos si para bien- llamamos vida moderna.

El caso también es que por allá en 1914, la frivolidad y la absoluta falta de preocupación sobre el mañana, dominaban a las sociedades industrializadas, seguramente motivadas por los adelantos tecnológicos del siglo anterior -el XIX-, y su aporte inmenso en todos los campos; pero detrás de esa confianza irresponsable había imperios, como la Gran Bretaña, que a todas luces ya no podían con su carga, imperios en franca expansión -EEUU-, imperios en retroceso frente a vecinos con un poder hostil y en crecimiento -Francia con relación a Rusia y Alemania-, nacionalismos incipientes que se iban extremando -Serbia-, potencias con enorme volumen de intercambio comercial que hacía impensable que se fuesen a las manos -Gran Bretaña y Alemania-, y regiones que constituían un imán para las olas migratorias europeas -Latino América-; había también un pais que para modernizarse copió todo lo que había en Occidente en materia tecnológica y de sistemas de gobierno, para así expandirse y dominar -con mucha crueldad- a su vecino -Japón con relación a China-, o sociedades que poco a poco iban siendo dominadas por el fundamentalismo religioso, o el fanatismo al emperador -considerado de orígen divino- como la Rusia ortodoxa que sale en auxilio de sus hermanos de religión balcánicos, y los súbditos japoneses con relación a su emperador; había millones de desplazados, refugiados y muertos de inanición, como la población armenia a manos de los otómanos, presintiendo lo mismo que Stalin le haría años despúes al pueblo ucraniano, o los nazis a los judíos, a quienes además de matarlos de hambre, los asfixiarían en las cámaras de gas.

Hay muchas otras características de aquel mundo industrializado que podemos mencionar, pero las anteriores pueden bastar para notar los paralelismos con los tiempos actuales: un imperio que ya no puede contener más las fuerzas centrífugas mundiales -EEUU-, un país en franca expansión comercial como la China, otro país en retroceso con relación a poderes crecientes y potencialmente hostiles -Japón con relación a China y Rusia-, nacionalismos factibles en contra de la tendencia integradora de la última parte del siglo XX -Escocia, Quebec, Cataluña, País Vasco-, potencias como China y EEUU con un casi infinito volumen de intercambio comercial que no harían lógico un conflicto armado entre éstas, regiones que son un imán -y un espejismo- para inmensas olas migratorias asiáticas y africanas, como Europa y Norteamérica, un país que para modernizarse ha copiado todo lo posible del escogido como referencia para igualarse con éste -China con EEUU, salvo lo del sistema político- y dispuesto a dominar a su otrora poderoso y dominante vecino japonés; y varias sociedades actuales, secuestradas desde el gobierno por el fundamentalismo religioso -como Irán, o progresivamente Turquía- cuando no desde el Parlamento mismo -como EEUU o España-.

Y, tal vez el factor más importante, una sociedad global tan frívola como sus antepasados, muy ignorante como colectivo, inmersa en un capitalismo salvaje que ha permeado todas las formas de gobierno -salvo Corea del Norte y Cuba-, que ha creado una brecha socioeconómica tan profunda que comienza a parecerse a la que imperaba en la Edad Media, con el agravante del desempleo y el desmantelamiento del estado de bienestar, que luego de aquellos dos conflictos mundiales se fue imponiendo poco a poco.

Al igual que hace cien años, en el mundo actual hay centenares de millones de personas que no tienen mucho que esperar de la vida, y que se unen a los millones de desplazados por los conflictos regionales y locales como los de Colombia, los de Ruanda, Burundi y el Congo -conflictos además donde no hay cámara de gas para las “etnias” dominadas, sino machete-. Seguramente ninguno de estos pueblos tendría nada que perder si algún demiurgo de la retórica, y cargado de demagogia, los animase a movilizarse para la causa que mejor les sirva para desatar su frustración -tanto la del demiurgo como la de la gente misma- y volver así a desplegar los instintos humanos más básicos e inmisericordes, a lo que se anotarían incluso las juventudes de las sociedades actuales -ciertamente muy críticas, pero sin aportar soluciones, absteniéndose además de votar, mientras crean subculturas fuera del sistema, para que éste siga erosionando las bases de la convivencia. Todos ellos serán justamente la carne de cañón del monstruo de la Historia.

Puede que incluso los tiempos venideros se salpiquen con el agravante de la escasez de recursos minerales -porque de nada sirve tener mucho petróleo si no hay Níquel, o ColTan, por ejemplo-, o la falta de agua potable causada por el arrase de selvas enteras para para sembrar plantaciones de aceite de palma, o por talar, legal o ilegalmente, árboles que nunca se volverán a sembrar; todo ello para sumarlo a los gases industriales y bovinos de nuestra “civilización”, que están cambiando el clima, calentando el planeta, y derritiendo el hielo polar, para así terminar reduciendo la superficie costera, añadiendo así potenciales conflictos territoriales.

También hay peligros potenciales, como los gobiernos paranoicos de Corea del Norte y Siria -uno con bombas nucleares, y otro con el apoyo de Rusia que igualmente las tiene-, el de países envenenados de raíz como India y Paquistán, y los de los estados fallidos como Irak y sus equivalentes africanos, políticamente tan estratégicos por sus recursos minerales y su ubicación geográfica como lo eran hace cien años.

Si, luego de estas pocas décadas de progreso, enmarcado en una dejadez moral global, al mundo se le ha olvidado aquella conformación geopolítica de hace un siglo que tanta sangre terminó virtiendo, al igual que hace pocos años, los venezolanos olvidaron que la Venezuela de hace cien años estaba gobernada de manera caprichosa y tiránica como en la actualidad; y que al igual que ahora, también estaba sujeta a potencias extranjeras, por su enorme deuda financiera.

Acá pues, bastaron poco más de tres décadas de irresponsabilidad política y ciudadana para volver a cometer los mismos errores, y así darle entrada a un demiurgo con su carga de barbarie social.

Y como eso también puede pasar en cualquier parte, los deseos para un feliz 2014 -y para los años siguientes- siempre deberán estar acompañados por la admonición de estar alertas a las insensateces de tanto gobernante y dictador que abunda en este tiempo durante el cual nos ha tocado vivir, y recordar además, que siempre que se pueda, habrá que quitárselos de encima lo más pronto posible.

Hermann Alvino

 

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