Forenses


El legado de Chávez & Sucesores se asociará para siempre con los apagones, las explosiones en las refinerías, o las fallas de metro; pero no solamente por la ocurrencia de esos eventos provocados por la desidia y la ineptitud de quienes llegaron al poder sin tener nociones de gobernanza ni la preparación técnica debida, y que han costado dinero y vidas, sino por lo turbio de sus explicaciones y justificaciones.

Para ellos todo es producto del sabotaje opositor; quien sabe, podría ser, pero hay que probarlo. El problema es que al investigar a fondo las causas de tanto colapso de la infraestructura, evidentemente se descubriría la verdad: la falta de inversión y el mantenimiento inexistente

Para investigar estos asuntos es que existe un conjunto multidisciplinario al que se le ha denominado como “Ingeniería Forense”, donde interaccionan diversas ciencias básicas y aplicadas como la Mecánica, la Ciencia de los Materiales, la Electrónica, la Informática, etc., y que actúan con métodos de despistaje e investigación, muy similares a las otras ramas forenses como la Criminalística o la Informática Forense aplicada al mundo de los ordenadores, el software y las redes.

Es una actividad fundamental para la sociedad moderna, puesto que el estudio y detección de las causas de eventos catastróficos cuantifica los daños, ayuda a prevenirlos, y cuantifica el riesgo de las operaciones, apartando con ello el concepto de incertidumbre; pero más aun, establece responsabilidades económicas, de gestión, y políticas, cuando se trata de fallas de sistemas a cargo de funcionarios del Estado sean técnicos, o políticos.

La Ingeniería Forense pues, provee así de elementos objetivos para explicar esos eventos, los cuales a su vez constituirán la base sólida en la que se basarían los eventuales contenciosos que puedan derivarse.

Seguramente de esta actividad también se tiene una imagen relativamente distorsionada y similar a la de las conocidas investigaciones policíacas de las series de televisión al estilo CSI, porque en éstas, los análisis más complejos del ADN humano o de la composición química de ciertas evidencias, se obtienen en pocos minutos, o a lo sumo en pocas horas, mientras que la verdad es algo diferente, al requerir tiempos mucho mayores, ensayos más complicados, como lo son la recreación de la escena de la falla, los equipos y circuitos involucrados, la gestión de los operadores de los equipos mismos y la gestión previa de quienes los diseñaron ensamblaron, escogieron los materiales, se encargaron de su mantenimiento y renovación de partes, etc.

Es un asunto muy complejo, para lo cual se requieren ingenieros, físicos, químicos, geólogos, economistas, abogados, y hasta periodistas que tengan la adecuada metodología para saber buscar y encontrar; y frente a esta forma de abordar las cosas ¿De veras el país se cree las explicaciones de los ineptos que han desgobernado durante los últimos casi quince años en los ministerios y empresas públicas venezolanas, y que no han sabido gestionar la infraestructura a su cargo? ¿De veras nos creeríamos que esa gente es capaz de facilitar y promover equipos técnicos multidisciplinarios para que se establezcan responsabilidades, cuantifiquen los daños, y aporten recomendaciones en materia de inversión y mantenimiento y que realmente sean tomadas en cuenta?

Más aun, si extendiésemos -o reviviésemos- el concepto forense a la función contralora, seguramente muchos chavistas, maduristas y cabellistas solicitarían asilo en China, o en Cuba, o tal vez en Nicaragua, Bolivia y Brazil, en Irán y Siria, y ¿Por qué no?, en Zimbabwe; porque esa metodología multidisciplinaria, aplicada a la detección de las tracalerías de cualquier administrador público o privado, no falla, y las trampas se descubren más temprano que tarde, aunque se destruyan y oculten pruebas.

Pensar que eso existía en el pasado remoto, cuando la Contraloría General era una institución respetada y hasta temida, gestionada por gente capaz y decente, con equipos técnicos muy competentes que se ramificaban en toda la administración pública, y que encima disponían de una ley de salvaguarda del patrimonio público que los hacía aun más temibles, en parte también porque la ley tenía generalidades y ambigüedades innecesarias, que por un lado se podían asociar con ciertos márgenes de actuación discrecional para los administradores, pero también como restricciones igualmente discrecionales -y punibles- por la parte contralora.

Por eso, al comparar aquella oficina contralora, y aquellos gestores de PDVSA, del Metro de Caracas, de CADAFE o de EDELCA, o de SIDOR, ALCASA, VENALUM, etc., con lo que luego entró a gobernar y administrar con Chávez, dan ganas de llorar, por tanto esfuerzo y dinero que se empleó para comenzar el camino para modernizar la administración pública y la transparencia administrativa, para que luego esta gente lo destruyese todo, a veces con saña y a veces con indiferencia bovina para tener mano libre en su misión de enriquecerse y corromper en extremo a todo el sistema.

Y por eso, con esta gente seguirán los apagones; y no lo dudemos: seguirá fallando el metro, y no se producirá ningún progreso en las empresas guayanesas; y seguirán cayéndose los puentes y deslizándose los cerros. Y mientras haya capacidad de endeudarse, pues se aplicarán paños calientes para seguir engañando a esa mitad de país que los apoya, diciéndoles que todo es producto de un sabotaje…hasta que se tranque el flujo de dinero. Y entonces sí, la infraestructura física del país comenzará a parecerse físicamente a la cubana, y a la africana de los países más atrasados de esa región.

Hacia eso vamos, sin duda, y si algún día salimos de todo esto, serán los forenses de las disciplinas humanistas quienes deberán explicar cómo se llegó a tanta degradación del gentilicio, tanto por parte de Chávez & Sucesores como por parte de los millones de venezolanos que los apoyaron durante tanto tiempo.

Y serán también esos forenses de la Historia quienes decretarán la muerte de esta forma de concebir una sociedad y de esta forma de gobernar; ellos cuantificarán daños y responsabilidades, para vergüenza de quienes los causaron, y de sus descendientes, quienes a sabiendas del origen de tanto dinero malhabido y manchado de indignidad, han aceptado gozar de todos privilegios inmerecidos que se derivaron de esos delitos.

Esos forenses sabrán poner las cosas en su justo lugar; aunque infortunadamente, ese momento está tardando más de lo que debería.

Hermann Alvino

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