Medievales.


Las crónicas nos enseñan que hay momentos en los cuales aparece alguien con un nuevo paradigma, que a la postre terminará provocando profundos cambios en nuestra forma de ver la vida, la naturaleza, el cosmos, y en la forma de comportarnos y de relacionarnos.

Todos sabemos el impacto que han tenido las genialidades y los descubrimientos de pensadores y científicos, especialmente a partir del ocaso de la Edad Media, cuando se produjo una aceleración en el número de saltos del conocimiento -y de los artefactos derivados de éstos- que desde entonces ha provocado tantos cambios en las estructuras de poder y en las relaciones socioeconómicas; en el caso del Occidente europeo, hubo un momento determinante que apartó ese obstáculo del desarrollo intelectual en el que se había convertido el Cristianismo: ello ocurrió entre los siglos XI y XII, cuando Toledo pudo ser visitado en tropel por todos los estudiosos europeos de esos tiempos, quienes se toparon de repente con los textos aristotélicos junto a la ciencia y literatura árabe.

El (re)descubimiento de la lógica aristotélica y de esas semillas árabes de racionalismo -que a la larga florecerían en el llamado método científico- produjo en toda Europa una suerte de rebelión de la mente contra el dogma, y poco a poco la Filosofía y las Ciencias Naturales se fueron liberando de la Teología y de la visión unidimensional de quienes habían convertido a ese Cristianismo en el sistema más opresivo de toda la Historia, tanto intelectual como políticamente.

De allí en adelante se aplicaría a plenitud el método científico que la Europa oscura descubrió en esa Toledo árabe, judía y cristiana, que fue modelo de convivencia y prosperidad, antes que la misma Reconquista hispana liquidase de nuevo esos espacios de libertad intelectual en esa región. Pero eso es otra historia.

El método científico, aunque ahora nos parezca muy sencillo de aprehender, en aquellos tiempos no era así, debido a que durante siglos todo se veía solamente a través del cristal teológico; pero una vez apartado dicho filtro, el conocimiento creció aceleradamente, aupado por la experimentación asociada con el ensayo y error de cada hipótesis, para así para ir explicando coherentemente la realidad, pasando así a ser el paradigma que ha conformado el mundo hasta el presente.

La dificultad de ese salto mental se capta a partir de un comentario que alguien le hizo al filósofo Ludwig Wittgenstein, sobre lo tonta que era la humanidad cuando pensaba que el Sol giraba alrededor de la Tierra; la respuesta del filósofo del lenguaje fue que a él le hubiese gustado ver cómo se presentaría el firmamento si el Sol realmente girase en torno a la Tierra…porque con nuestros pies en el suelo, el fenómeno se vería de la misma forma, lo cual indica que una misma apariencia se puede corresponder con varias explicaciones disímiles, todas creíbles a primera vista., aunque al final solamente una de ellas resulte ser la correcta.

Tal vez la lección más interesante e importante que podamos extraer del método científico es que los hechos son muy tercos, y que la realidad no se modifica para adaptarse a nuestros modelos, sino que es al revés: son nuestros modelos y explicaciones los que deben adaptarse a los hechos y fenómenos; y por no proceder así es que fracasó el “socialismo científico” de los soviéticos -que de científico no tenía una pizca, como  tampoco de socialismo-, puesto que se basaba en una ensalada mental marxiana y engeliana compuesta de especulaciones intelectuales nunca comprobadas, y por tanto sujetas a error sin posibilidad de ser corregidos. Porque el comportamiento humano siempre ha sido muy diferente al que modelaba esa banda de iluminados leninistas y estalinistas en medio de sus borracheras con vodka.

Lo mismo sucedió con el modelo maoísta chino, o el camboyano y polpotiano hombre nuevo, errores éstos que podemos inicialmente suponer se basaron en la buena fe de sus inductores –además de su rebuznante ignorancia y delirios etílicos-; pero si en cambio, de partida hay mala fe y se mezclan intencionalmente diversas estulticias ideológicas para amparar detrás de ellas sus instintos de dominación y abuso, entonces sobre esa gentuza ya no podrá haber un veredicto histórico benevolente, sino un condena firme, previa a la cual toda acción política deberá orientarse a sacarlos del poder, y no a convivir, ni con ellos ni con ninguna de sus manipuladoras concepciones de la sociedad…y en eso, pues, debería consistir el hacer oposición real en Venezuela, porque es más que evidente que el Chavismo & Sucesores trata justamente de esto: mala fe y fascismo charlatán.

Cabe entonces preguntarse cómo deberíamos juzgar a Maduro y a su absurda política económica; si desde la perspectiva de su ignorancia, desde su ángulo fascista, o si desde estas dos componentes a la vez. ¿Y a Giordani y Ramirez?…seguramente con la misma vara que medimos a Chávez y a Fidel, quienes en su momento nos demostraron que toda su verborrea y socialismo tropical fueron un vuelvan caras oportunista, aunque igualmente desconectado de la realidad y de la genuína naturaleza liberal del ser humano.

¿Cómo debemos por ello juzgar el aprisionamiento del dólar que imposibilita producir a las empresas venezolanas -y que genera esta escasez extrema-, y que obviamente impide a las empresas foráneas invertir en el país? Pues no como una fantasía social de Chávez, ni de Giordani, ni mucho menos de Maduro -que conceptualmente es errada y por tanto irreal-, sino como un componente básico de su morbosa y enfermiza estrategia fascista de dominio sobre los venezolanos, porque para unos gobernantes mentalmente equilibrados, es la realidad, y la verdadera naturaleza de la economía la que deben prevalecer en la concepción de su gobernanza, y no al revés.

Por todo ello, cortos nos hemos quedado quienes acusamos a Chávez & Sucesores por habernos devuelto al siglo XIX, porque lo que realmente ha sucedido es que ellos han devuelto al país a una oscuridad medieval intemporal donde, junto al extravío de la esperanza, va creciendo ese nuevo paradigma que en su momento lo barrerá todo.

Cuestión de saber esperar, y de irles avisando a los gobiernos serios para que los apresen cuando crucen sus fronteras…pero eso también será otra historia.

Hermann Alvino

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