¡Chito!


Chávez nació unos cien después de Cipriano Castro, en un estado vecino y de  gente algo distinta, lo cual no le impidió al destino marcar paralelismos sorprendentes, comenzando por los dos proyectos muy diferentes de país que se enfrentaban en cada época.

En efecto, a mitad del siglo XIX la división entre liberales y conservadores era tan profunda que ni la Guerra Federal pudo zanjar el asunto, aplazándolo por medio siglo, cuando Gómez defenestró al compadre, e impuso a su vez una nueva casta: los andinos.

Por su parte, a mitad del siglo pasado, también había dos ideas de Venezuela: la de los demócratas -populistas y reformistas-, y la de los colonizados mentalmente por Stalin, y luego Fidel, tocayo de aquel Cipriano decimonónico, y con el mismo arrojo y ganas totalitarias como para estar incordiando, no solo a Venezuela sino a Latinoamérica entera, hasta el sol de hoy. Y al igual que ningún bando federal pudo imponer un modelo de país, tampoco la democracia ni el comunismo lograron consolidarse, hasta que vino Chávez y su casta de boliburgueses-cubanos.

Parece increíble que de siglo a siglo, la debilidad moral de gobiernos como el de otro Castro -Julián, presidente de Venezuela entre 1858 y 1859- y el de CAP I, que gobernaron por decretos nunca cumplidos, tuviesen efectos tan similares, como el prologar una dialéctica entre dos visiones de país, para que décadas después se impusiese la barbarie: porque cuando Don Cipriano alcanzó el poder, el desbarajuste social, sexual, financiero y diplomático es equivalente al creado por Chávez cien años más tarde.

Ciertamente que el nativo de Capacho Viejo habría estado muy orgulloso de su vecino de Sabaneta, su compinche en el encanto de serpientes, cantante y trovador, amoral en extremo, amigo del placer inescrupuloso y del dolor físico ajeno, y gozón de dinero mal habido hasta reventar elcuerpo, mientras su penetrante y lasciva mirada radiografiaba cuanta mujer decente, bonita o no, tuviese la mala suerte de cruzarse en su camino.

Castro -Cipriano- se peleó políticamente con medio mundo, mientras seguía pidiendo prestado, hasta que alemanes e ingleses, junto a italianos, franceses, holandeses, españoles, belgas, y hasta mexicanos, bloquearon nuestros puertos; de allí aquello de “¡Venezolanos! ¡La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria!”, aunque luego se entregase de cuerpo y alma a los gringos, mientras que Chávez, cien años despúes luego también de pelearse con medio mundo, se entregó a los chinos.

Son paralelismos que recuerdan a los “Cien años de soledad” de García Márquez: “Ya esto me lo sé de memoria -gritaba Úrsula-. Es como si el tiempo diera vueltas en redondo y hubiéramos vuelto al principio”.

Y efectivamente, el país ha vuelto al principio, sin esa separación de poderes que ya existía incluso en el siglo XIX en muchos países. Por segunda vez hemos vuelto a perder cien años, y ahora solo falta saber si el final de este chavismo conllevará algo similar a lo que vino después de Cipriano Castro, y que terminó dominando al país durante los treinta años siguientes, dejando secuelas que a su vez serían más o menos corregidas con el gobierno de Betancourt un cuarto de siglo después de acabado ese gomecismo.

Aun así, si bien Don Rómulo pudo medio contener la barbarie dentro de las fronteras venezolanas, lógicamente no podía controlar lo que sucedía fuera de éstas, como el ascenso de Fidel, quien increíblemente conspiraba desde mucho antes, al punto que las crónicas lo ubican en Bogotá en 1948 (!), en un evento que él mismo ideó y aupó -el “Congreso Latinoamericano de Estudiantes“, financiado por !el peronismo!- para oponerse a la influencia norteamericana en la región, y a la realización de la “IX Conferencia Panamericana” -que se realizó por esos dias en dicha ciudad, cuando por cierto asesinaron al líder liberal Gaitán-, y que terminó con la firma del llamado “Pacto de Bogotá”, que significó la creación de la Organización de Estados Americanos.

Por supuesto que todo paralelismo histórico es discutible, y en justicia habría que decir que aquellos “militares”, “coroneles” y “generales”, de lanzas, chopos y machetes, peleaban de verdad y triunfaban, a diferencia de sus descendientes de gorra, que un siglo después -exceptuando a los soldados y oficiales de los años 60 que derrotaron a las guerrillas castristas- dedican su vida a ocupar cargos de gobierno, engordar, eructar en televisión, sin saber lo que es una batalla real, ni concretar un golpe de Estado exitoso.

También habría que fijarse en el detalle de que al liderazgo muy fuerte de Cipriano le siguió otro mucho más fuerte, como fue el de Gómez, mientras que al dominio de Hugo pareciera le ha seguido un segundón insípido, que tiene -como diría Francisco Herrera Luque- “menos encanto que un budare”, aunque eso mismo, y con imprudente desdén, decían de Gómez aquellos burgueses valencianos y caraqueños.

Gómez tenía espías bien colocados en todos los ambientes; ahora está Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (CESPPA), que puede hasta catalogar como delito el decir que la deuda externa criolla ya va por los ciento seis  mil millones de dólares, o que la inflación acumulada hasta Septiembre es del 38.7%; como también podría ser delito referirse a la página http://dolartoday.org/ para corroborar estos datos. Un delito no solo que toca al autor de este escrito, sino al portal que lo publica.

Ese es el terreno que pisamos actualmente pues, por tanto, y a pesar de la situación económica, y de la comprobada ineptitud de Maduro referente a la complejidad del Estado moderno, la ya evidente influencia del mencionado CESPPA -y el pequeño ensayo represivo con el Diario 2001- hacen pertinente -y prudente- dejar abiertas todas las posibilidades, incluso el escenario que permitiría al mismo Maduro imponerse sobre su entorno de ofidios, militares incluídos, y de que realmente se trate de un tigre afeitado, enjaulado ciertamente por chinos y cubanos, pero tigre al fin y al cabo, como lo fue Gómez, constreñido a su vez por aquellos gringos petroleros.

Claro que comparar a Gómez con Maduro puede parecer excesivo, pero si su actuación como usurpador del poder termina siendo igual de nefasta para el país que la del benemérito, solo queda decir… ¡Chito! -y recordar que ambos tienen raíces cucuteñas- mientras votamos por alcaldes democráticos y defendemos los resultados, para así quitarle ese espacio real de influencia, e impedir que su poder siga creciendo.

Cuidado pues, no lo subestimemos.

Hermann Alvino

https://vivalapolitica.wordpress.com/

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