Dictablanda de cachicamo, dictadura de lapa.


Hay países que se empeñan en elegir gobernantes idiotas y picarones: Italia es una tierra donde sus ciudadanos se empeñaron a fondo para que Berlusconi los dominase por casi veinte años, al punto que incluso perdiendo las elecciones, Silvio lograba ser electo jefe del gobierno, gracias además a las complicidades de la oposición, para así imponer su agenda personal, a saber: dominar los medios de comunicación -porque siendo dueño de los medios privados más importantes, como jefe de gobierno también controló la radio y tv públicas-, crear un entorno de corrupción que permeó todos los estamentos políticos y sociales, rodearse de ineptos y cómplices -para enriquecerles y controlarles de por vida-, darle mano larga a la Iglesia Católica -que en Italia es un factor de poder fundamental-, legislar a su conveniencia personal -para descatalogar los delitos que él mismo cometía o estirar sus lapsos de prescripción-, y por supuesto crear una ley electoral que hacía muy complicado a sus adversarios desplazarlo del poder -la porcata, o sea, la cochinada o la marramucia, pues.

Con ello se generó un sistema diabólico y autosustentable que hasta le permitió reprimir a gente incómoda a través de la mafia, y que incluso le dio mano libre para dedicarse al puterío -hay centenares de personas involucradas en su mundo de prostitución- al punto de que él mismo ha sido imputado por involucrarse con menores de edad.

Ese sistema aún perdura, y a Berlusconi solo ha sido posible neutralizarlo parcialmente por la persistencia de algunos jueces, cuyas sentencias condenatorias disuaden a parte de la clase política el permitirle continuar su dominio. Veremos.

Gobernantes idiotas e ineptos también hay en España, donde el actual gobierno tiene un perfil muy similar al comentado: el secretario de finanzas del partido de gobierno está preso, hay decenas de casos de corrupción prescritos por laxitud del sistema legislativo y judicial, los medios de comunicación públicos informan sobre banalidades y tergiversan lo importante, los medios privados de la ultraderecha nacional-católica se ceban diariamente con sus adversarios, insultando y vejando al límite, la Iglesia Católica gobierna de facto a través de ministros que impulsan reformas educativas y sociales sin siquiera buscar consensos mínimos con el resto del país, los grupos nazi-fascistas y franquistas ya comienzan a preocupar por su desparpajo y apoyo en ciertos círculos de gobierno, etc.; y el Presidente de Gobierno, que no permite preguntas en las pocas ruedas de prensa que concede, salvo lo del puterío de su colega italiano, está junto a éste entre los gobernantes más desprestigiado de los países desarrollados.

El resultado final ha sido que tanto Italia como España tienen situaciones económicas críticas, llevando sus ciudadanos al límite de lo tolerable, además de estar en la cola del analfabetismo funcional y numérico por el relajo de sus sistemas educativos; pero los verdaderos parecidos entre estos dos atribulados países son dos: el que las actuaciones de sus gobiernos no se corresponden con sus promesas electorales sino con los intereses económicos, ideológicos y religiosos, que se van entrecruzando durante el período de cada legislatura, y el que, al irse alejando cada vez más del país real y de las necesidades de la gente, se refugian en sus mayorías parlamentarias, para seguir en su empeño de hacer lo que les venga en gana, a cuenta de que en su oportunidad obtuvieron los votos para ello, olvidando su obligación para buscar consensos mínimos con el resto del país.

Y esto es lo que objetivamente se define como dictablanda; y si cruzamos el océano y aterrizamos en Venezuela, veremos que casi todo el ciclo de Chávez también fue una dictablanda: ley electoral a la medida, corrupción en todas partes, población laxa, reformas ideológicas y a capricho del autócrata, represión selectiva, mucho puterío y desprecio por la mujer –con Chávez a la cabeza-, control de los medios de comunicación oficiales e invasión progresiva de los privados, desprestigio personal internacional, otorgamiento progresivo de poder a los Castro, sustituyendo a la Iglesia Católica como referencia espiritual del chavismo, odio y resentimiento colectivos, y una monstruosa crisis económico-industrial.

Afortunadamente para los idiotas y picarones italianos y españoles, ellos de vez en cuando pueden librarse de la gentuza que los gobierna, con todo y los sistemas electorales que ésta ha creado como blindaje parlamentario, porque el inevitable desgaste personal y los pésimos resultados de su gestión van minando su base electoral, aunque no para que ésta vote por otros, sino para que en determinado momento se abstenga de votar, provocando así el cambio de mayoría parlamentaria por forfait, aunque ello no implique que el relevo sea necesariamente mejor; y ejemplo de esto último se vio cuando el ciudadano español de izquierdas no fue a votar, dejando en mínimos al PSOE de Rodríguez Zapatero para que el Partido Popular obtuviese por forfait la actual mayoría parlamentaria absoluta, y estafar así a todos los españoles decentes con su actual gestión.

De la dictablanda entonces, se puede salir, más tarde que temprano, aunque sea heredando un reguero de insensatez en una sociedad dividida y pobre; y eso es lo que millones de venezolanos esperaban sucedería con Chávez, o luego con Maduro…si no fuese por la única diferencia real que acá existe con relación a esas dictablandas europeas, y que ha sido el impedimento para poder sacudirnos electoralmente esta pesadilla: y es que allá, ciertamente, hay sistemas electorales de lista que premian más de la cuenta al partido más votado, pero no hay fraude como tal en mesas, ni en actas, ni totalizando, mientras que en Venezuela sí lo hay.

Luego del fraude electoral de Maduro, ahora se piensa que el final de la dictablanda endógena se iniciará con el triunfo opositor en las elecciones a alcaldes; esperemos estar a tiempo, porque todo indica que la dictablanda estaría a punto de convertirse en dictadura, haciendo así inútil la hipótesis anterior, y ello se evidencia en la profundización de la represión -comenzando por los parlamentarios opositores condenados al silencio, a lo que podría seguir uno que otro encarcelamiento disuasorio-, el control extremo de divisas -no por razones económicas, sino para atar definitivamente la población al racionamiento-, y la actitud agresiva e in crescendo de Maduro con todo lo que no le agrade, venga de la oposición o de sus mismos compinches, y cuya última expresión la tuvimos con el berrinche que armó al leer la noticia publicada por el Diario 2001 titulada “La gasolina la echan con gotero”.

Si, estamos a las puertas de la dictadura, y al cruzar este umbral no solo nos toparemos con la Ley Habilitante, sino con el recién creado Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (CESPPA), que es un organismo con un poder tan amplio que lo  controlará prácticamente todo, y que por ello paradójicamente constituye una decisión muy arriesgada de Maduro, quien, con su poco carisma e ineptitud, corre el riesgo de no ser ni siquiera el líder de lo que crípticamente podríamos definir como una pronta disputa de país entre cachicamo y lapa. Para desgracia de todos.

Avisados estamos pues, por ello, lo que hay que hacer es defender con uñas y dientes los triunfos de los alcaldes opositores, porque de esos espacios de libertad dependerá todo.

Hermann Alvino.

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