Dos escenarios y una oportunidad.


El problema de cómo salir de esta gentuza que gobierna Venezuela es doble, porque si bien el régimen es muy bruto, parte del abordaje opositor a su vez es ingenuo, y parte de la población -chavista o no- comienza a ser insensible a todo, cosa más o menos entendible, porque al igual que en los países más desordenados o destartalados del planeta, la gente tiene que seguir inventando rutinas diarias para llevar algo de comer a su hogar, lo cual, dentro de la alienación generada por el caos mismo, hace que se desentienda del resto.

Pero se ha visto que sacárselos de encima solo mediante la acción “política” no ha dado resultado, por lo que ahora quedan dos caminos: el del debilitamiento propio del régimen, hasta provocar hambre real en la población, o el mismo camino político -que esta vez se presenta con la elección de alcaldes en diciembre- pero con el complemento indispensable de la fuerza de la gente detrás de cada triunfo local.

Con relación a lo primero, Maduro y sus compinches van enredando más el problema social y económico del país, al cual Chávez de partida impuso un estatismo absurdo, que ha significado el colapso productivo y la creación de un estado paralelo de complicidad cuyo único objetivo ahora es perpetuar la corrupción. Y si de antemano el esquema es errado, todo que se siga haciendo dentro de ese mismo marco conceptual lo empeorará a una velocidad creciente, cosa que se demuestra con cada medida del régimen.

Ese estatismo corrupto ha destruido no solo al sector privado sino a la industria petrolera, unico soporte del régimen, al utilizarla para repartir dádivas en la población, que ya solo extrae la mitad de lo que se lograba hasta hace pocos años.

De esa mitad de barriles extraídos, a su vez la mitad de éstos no produce dinero alguno, porque se destina a otros países del continente, a quienes se les fía petróleo a bajo interés que nunca será pagado, porque allá saben que su morosidad es el trueque para apoyar al régimen en los foros internacionales, además de que si nos suministran algo de ropa, comida, cemento y ¡hasta profesores de Inglés! podrán seguir estirando los plazos.

Por su parte tenemos los envíos a Cuba de una porción de petróleo a precios muy bajos, para que la utilice internamente o la (re)venda a precios de mercado, junto a otra cuota petrolera a cambio de “médicos”, “entrenadores deportivos”, y “asesorías técnicas”; así mismo están los “negocios” con China, donde se envía petróleo tanto para ir pagando la enorme deuda que ya se tiene con ese país, como para generar más deuda, que representa justamente el dinero que el régimen requiere para mantenerse, porque ya no lo puede obtener de la mencionada primera mitad de volumen extraído de petróleo, siendo éste la única fuente de divisas para medio atender las necesidades materiales del país, y no toda, porque parte de esa pobre mitad a su vez se va en consumo interno, facturándose, para efectos de caja de PDVSA, a precios de gasolina más baratos que el agua de los bebederos que aun funcionan en sus pasillos.

Esa deuda criminal, de paso, es un dinerito que los chinos nos cobrarán de una u otra forma; por lo pronto le están entrando a nuestras minas de oro. Pero por ahora, para gran parte del país, todo esto no parece un problema, ni la criminalidad, ni el tráfico, ni la degradación general de la ciudad y sus servicios, ni el fraude electoral, ni el tener un presidente indocumentado, ni el tener que soportar cubanos en cada esquina, porque el país sigue en letargo.

Pero de seguir así, el hambre que aparecerá de repente por este manejo loco de la economía, sí podría provocar un explosivo despertar, que hará que todo lo anterior sea un mero detalle, incluso aquel nefasto Caracazo. Y ya veremos como huirán despavoridos hasta los milicianos puestos por el régimen en las cajas de los supermercados. Los excépticos pueden consultar el “período especial” cubano, luego de la implosión de la URSS que causó una carencia de bienes y alimentos similar a la de la Venezuela actual.

De paso, eso el régimen cubano lo sabe muy bien, por ello protege su chulería internacional entrándole ahora a Brazil, gracias a la idiotez de su presidenta.

Por otro lado, muchos opositores siguen siendo ingenuos al creer que con las actuales reglas de juego electorales, se irá desplazando progesivamente al régimen; pero ello no puede ocurrir si no se es capaz de defender esos espacios creados, y el caso más patético lo tuvimos en la pasividad con que se aceptó el fraude electoral presidencial, porque ahora el régimen sabe que al final de cuentas no hay fuerza opositora real que se les enfrente, y cada día se sentirá más fuerte para seguir apretando las tuercas a cada venezolano que no haya entrado en ese círculo selecto de chavistas corruptos.

Porque para desplazar una dictadura, la fuerza real es indispensable, aun si aquella se debilita en extremo, ya que siempre deberá haber una contraparte más poderosa que provoque el cambio, sea mediante la acción directa o la disuasoria; ejemplo contundente de ello lo vemos en las redes sociales en el mundo árabe, porque detrás de cada usuario de Twiter o Facebook no solo estaba un(a) inconforme sino alquien dispuesto(a) a salir a la calle; el ejemplo opuesto, y para efectos prácticos irrelevante, son los indignados europeos, que llevan la protesta incluso más allá de la red, esto es, se manifiestan, pero a la hora de votar no lo hacen, ni se organizan para ser electoralmente efectivos.

Visto así, con la vía política, las próximas elecciones de alcaldes plantean dos planos de acción opositora: el primero, a sabiendas de que el sistema electoral está diseñado para perder, supone ir a votar masivamente para estrecharle los márgenes a la trampa y defender los resultados, no precisamente quedándose en casa, porque las eventuales protestas simultáneas y regadas por todo el país serían una novedad para el régimen.

El segundo plano de acción estará en manos de los alcaldes opositores electos, partiendo del supuesto que serán la mayoría, y que tomarán posesión de sus cargos, cosa que a su vez habría también que defender en caso de que el régimen intente impedirlo, al impugnar resultados, estirando los tiempos de traspaso de mando, o decretando algún estado de excepción; porque esos alcaldes sí podrían constituir la avanzada que abra la puerta de salida al régimen, y oportunidades no les faltarán para probar esta hipótesis, comenzando a partir de la primera evidencia del corte de recursos para su gestión, momento decisivo para hacerse respetar.

De manera que los nuevos alcandes tendrán que reaccionar de forma muy distinta a como se actuó cuando el régimen aisló a Ledezma luego de su triunfo como alcalde capitalino. Tal vez eran otros tiempos y otras etapas de (in)madurez opositora; en todo caso no se podrá ser pasivo ante la certeza de que el régimen de seguro cortará los recursos -si acaso existen- para que el respectivo gobernador oficialista disponga de ellos.

Esos son pues los dos escenarios, uno minado de situaciones críticas y el otro con una interesante oportunidad para abrir la puerta del cambio.

Amanecerá y veremos.

Hermann Alvino

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