99 Luftballons


Si entramos a la página twitter de Jaime Ballestas, mejor conocido por todos como Otrova Gomás, conseguiremos esta estupenda frase del pasado 23 de Agosto, que describe el “proceso” chavista: “El chavismo no fue una revolución, fue incorporar al mundo de los ricos a miles de personas por la vía del delito y la corrupción” (https://twitter.com/OtrovagomasREAL).

Esa frase puede aplicarse a casi todas las revoluciones de la Historia, salvándose solo algunas de ellas –como la Revolución Francesa-, no porque éstas no hayan creado también nuevas castas de pudientes, sino porque a la larga, haber cambiado las bases de sus sociedades por la vía del knock-out, pareciera haber dejado mejores condiciones de vida con relación a si se hubiese dejado el asunto a la evolución natural de las cosas.

Surge la pregunta del por qué la gente permite que ocurran revoluciones nefastas, que a la larga la esclavizarán y buscarán camorra y guerras internas o foráneas, generando inmensas carnicerías, pobreza, ignorancia, o desesperanza y odio, que se traducen en un retroceso en la prosperidad y convivencia social que será superado –si acaso- solo luego de varias generaciones.

La respuesta es que estas cosas ocurren -y seguirán ocurriendo- porque la humanidad es así, algo perezosa, y mentalmente incauta -cuando no ignorante de partida- para que con las condiciones adecuadas, el engaño de los temerarios pueda fraguar sin que se produzca una respuesta oportuna y contundente por parte de sus futuras víctimas.

Es lo que hay ahora en Venezuela, una nueva camada de ricos -de la cual Chávez y sus familiares son válidos representantes- cual casta de privilegiados, algunos de ellos incluso con serios desequilibrios mentales, acomplejados, resentidos, cobardones al enfrentarse solos a ciertas situaciones, y muchos de ellos ya convertidos en mitómanos, al creer no solo que la “manguangua” que les ha tocado ha sido por sus méritos de vida, sino también que su latrocinio no es tal, sino les “toca” por ser éste una acción natural asociada a lo que ellos consideran es su estatus como ”revolucionarios”. Y de verdad así lo creen.

Claro es que ello ha sido posible por la complicidad de una sociedad que en su momento tuvo “flojera” para reflexionar y actuar, y así  evitar esta desgracia, potenciada además por un ciclo histórico durante el cual prevalecieron políticos débiles, junto los eternos políticos fracasados, y vivianes que medraban a ver “si se metían unos reales”; todos ellos agrupados en lo que ahora podríamos definir en retrospectiva como “tontos útiles”.

Estas características de los chavistas obviamente van acompañadas de su enorme resistencia a un posible cambio en su régimen de vida, que los obligaría a trabajar -aun manteniendo sus riquezas malhabidas-, o les rebajaría a la nada su influencia política. Y por esa resistencia es que ellos han aceptado una simbiosis con el tirano cubano, en la cual éste depreda a Venezuela a cambio de ofrecerles cierta “seguridad personal”, y la garantía que nada cambiará, para que puedan seguir gozando del poder.

Que suerte tienen, dirían algunos: gozar a plenitud de lo que sus inmensas riquezas pueden comprar, a cambio de un riesgo mínimo de decapitación o linchamiento, como hicieron los nobles franceses durante siglos, hasta que les llegó la hora; o como el pavo que come y deambula felizmente en el corral, pensando en lo sabrosa que es la vida, hasta que llega la Navidad, cuando su carne será fuente de sabrosura ajena.

Esa gentuza sabe que el pavo siempre pierde la cabeza, y que probablemente ellos se librarán -injusta es la vida-, por lo que siguen apostando a que no les pasará nada, ni a ellos ni a sus hijos -cuyos nombres también se conocen-, herederos de tanta vergüenza, y muy bien enterados de que su vida ha sido light gracias al latrocinio de sus progenitores.

Entre esos defectos que apostillan al régimen, evidentemente también se destaca su  ignorancia para gestionar los asuntos públicos, y su absoluta incapacidad para comprender la separación de poderes que debe prevalecer en un Estado moderno, siendo esto ultimo además, en parte consecuencia de la mencionada mitomanía.

Es dentro de ésta inexistencia de poderes separados y autónomos que debemos comprender la frase del usurpador Maduro “Si me la niegan, tomaremos otros caminos”, para blindarse de antemano frente a la posibilidad de no disponer de una Ley Habilitante, por no lograr sus compinches de la Asamblea Nacional la requerida mayoría calificada de tres quintas partes de sus integrantes, según el Artículo 203 de la “bicha”.

Recordemos que hace tres años el régimen cambió las reglas electorales para que, aun perdiendo las elecciones parlamentarias, pudiese conservar la mayoría en la AN; pero la jugada no les salió completa, y para tener esos ansiados tres quintos -99 diputados de acuerdo al reparto actual de escaños- le falta un voto.

El camino “clásico” que le gustaría recorrer a Maduro, aunque es improbable, es que algún opositor salte la “talanquera”, al menos en esa sesión clave de la AN-; salto que puede ser estimulado de muchas formas: debilidad espiritual, amenazas, o alguna negociación que obviamente le reportaría tantos beneficios como para no seguir en esto.

Pero si ello no fuese posible, el único “otro camino” que le quedaría a Maduro –al menos sin utilizar las armas- sería el que trazaría el Tribunal Supremo de Justicia, evacuando otra de sus grotescas interpretaciones de la “bicha”, por ejemplo (re)definiendo el quórum de la AN, o bien su mayoría calificada (re)calculando el número de asistentes a la sesión, o interpretando alguna frase de “urgencia nacional” con la que se adornaría el texto de ley, junto a alguna excepción que sobre la marcha decidiría la misma mayoría simple de la AN, o quien sabe que otra grosería leguleya. Ya lo ha hecho en el pasado, y –podemos anotarlo desde ya-, volverá a hacerlo.

Para Maduro, a sabiendas de lo complicado que ahora le resultaría la represión directa, aprobar esa Ley -con la complicidad del TSJ- sería matar dos pájaros de un solo tiro: terminar de camuflajear la ilegitimidad de su Presidencia, y disponer de un instrumento diseñado a la medida “para combatir la corrupción”…pero la de sus opositores, sean chavistas o no, y sea ésta real o inventada mediante pruebas “aportadas” por el mismo régimen, para apartarlos y apresarlos definitivamente.

Por ahora queda recordar la canción del rock clásico de los años ’80 del grupo alemán Nena, titulada 99 Luftballons -99 globos- (http://www.youtube.com/watch?v=jQYQTFudrqc), en cuya versión alemana, mucho más potente que la inglesa, se dice:

99 Kriegsminister/ Streichholz und Benzinkanister/ Hielten sich für schlaue Leute/ Witterten schon fette Beute/ Riefen Krieg und wollten Macht…esto es:

99 ministros de la guerra/ (con) cerillas y latas de gasolina/ que se creen inteligentes/

ya desgastados y gordos/ llamando a la guerra y deseando poder.

Así es esta gentuza pues…desgastada, gorda de riqueza y grasa, insaciable de poder, apostando a que conservarán el pescuezo.

Amanecerá y veremos.

Hermann Alvino

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