Ahora, dialogar no toca


Establecer paralelismos históricos para proponer una línea de acción sirve para aprovechar las lecciones de la Historia, siempre que éstos se seleccionen adecuadamente.

Como agentes opositores, todos nos hemos fijado en el constante llamado al diálogo de Eduardo Fernández; un diálogo que sería lo mejor que le puede pasar a este país tan dividido espiritualmente y al borde de la ruina material irreversible. Esa postura  ha sido criticada últimamente por Gustavo Coronel; y para recordar de qué va este asunto, las más recientes declaraciones de Fernández y Coronel se pueden repasar en estos dos enlaces: http://goo.gl/hcW4Yu y http://goo.gl/0OxTri

Al margen de ese contrapunteo, y sin dudar de la sensatez y la buena fe en las propuestas de Fernández, hay que puntualizar que sus paralelismos no son válidos, y hay que prevenir cualquier confusión que pueda surgir en la oposición (semi)organizada y (semi)unida por la magia vinculante de gente como Ramón Guillermo Aveledo.

¿Por qué los paralelismos de Fernández no son validos? Pues porque cada miembro de las parejas de  actores dialogantes que él cita tenía en ese momento una posición de fuerza más o menos equivalente a su contraparte. Cosa que no ocurre con la oposición venezolana. Por ejemplo, el símil fernandiano que afirma que “Richard Nixon viajó hasta Pekin para dialogar con Mao Tse-Tung” pasa por alto el hecho de que EEUU era –y sigue siendo por ahora– la potencia dominante del planeta, y que China ya era –desde siempre aunque con altibajos– un factor fundamental en el ajedrez planetario.

Ciertamente Fernández acierta cuando afirma que el diálogo entre quienes piensan de la misma manera es irrelevante al compararlo con la dificultad de establecer canales de comunicación y consensos entre quienes discrepan profundamente, al punto de desear cada uno la exterminación del otro, dada su clara y recíproca animadversión, no necesariamente personal sino de sistemas de vida. Pero olvida que la fuerza equivalente de cada contraparte obligó a todos a considerar en detalle los complejos escenarios de la teoría de juegos, donde a veces lo que gana uno lo pierde el otro, o lo que pierde el otro también termina perdiéndolo uno.

En otras palabras, si bien todos pensaban que su vida sería mejor si el otro no existiese, también tuvieron que realizar un ejercicio de cálculo que les llevó a concluir que la ganancia militar o política obtenida aniquilando su adversario –física o moralmente– era menor que la obtenida manteniendo el status quo.

Hacer entonces paralelismos dialogantes entre este régimen y la oposición venezolana citando los episodios Nixon (EEUU)-Mao (China),  o Juan Pablo II (Vaticano)-Fidel (Cuba), tiene pues ese defecto, cual es que la oposición venezolana no está en posición de fuerza para sentarse a dialogar, o lo que es lo mismo, no puede obligar al régimen a hacerlo, porque Castro, Maduro, Cabello y el resto de la pandilla piensan que la fuerza de la ventaja electoral sistémica de la que disponen, unida a episodios de represión personal bien diseñados, hacen superfluo tomar en cuenta al país que no piensa como ellos.

El régimen considera que lo que queda de riqueza petrolera es suficiente para seguir tirándole huesos a sus seguidores, mientras sus jerarcas siguen amasando dinero; por tanto, el diálogo que plantea Fernández en la Venezuela actual no es posible.

Y no lo es porque es más que evidente que el andamiaje electoral, inicialmente chavista,  y ahora cautivo de los cubanos, hace imposible que la oposición siquiera logre el avance mínimo para obligar al régimen a buscar consensos sociales, y porque los mismos cubanos que ya dominan al país, no están dispuestos a soltar la presa colonizada, tanto materialmente, como militarmente y mentalmente, siendo Maduro, y su discurso progresivamente agresivo hacia los opositores, el representante más conspicuo de esta conquista mental fidelista.

Tampoco es posible dialogar cuando el chavismo temprano, el chavismo tardío, y ahora el castrismo dominante han probado reiteradamente que jamás permitirían una transición pacífica de poder, y que junto a ello, su objetivo permanente ha sido –y es– la aniquilación política de su adversario demócrata; y si de paso se puede, pues también darle una que otra paliza, matarlo, apresarlo, calumniarlo y vejarlo.

Para colmo, ahora vivimos en un mundo que, con relación a Venezuela, se divide ente cobardes y vendidos, siendo los primeros quienes conviven diplomáticamente con un régimen que de partida es ilegítimo y usurpador, y los segundos aquellos que se han prostituido con dinero petrolero para darle entrada y aplaudir a los tiranos de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Siria, o Zimbabue, en los foros internacionales. En resumen, la oposición es débil incluso en sus intentos de generar presión desde fuera del terruño.

Por otro lado, no parece posible un triunfo masivo de la oposición en las elecciones a alcaldes del próximo Diciembre; aunque eso tampoco serviría de gran cosa, porque el poder ya está cínicamente recentralizado, y porque los gobernadores del régimen se encargarían de aplicar la medicina de la escasez a los alcaldes díscolos. Eso ya lo hizo Chávez, y Maduro lo repetirá.

Tampoco servirá de mucho ganar muchas alcaldías por el hecho de que, si los opositores ya son capaces de dividirse sin tener prácticamente nada de poder institucional, imaginémonos cuántos “matices” saldrían con unas doscientos alcaldías en la mano. Es que así somos los opositores de ahora: débiles.

Un caso muy actual –salvando las distancias institucionales– es el proceso español –referencia permanente para Latinoamérica– donde el actual partido gobernante, mediante una mayoría absoluta en el parlamento, impone leyes y cambia formas de vida sin contemplaciones, y sin ninguna voluntad para lograr consensos con el resto de las fuerzas políticas que representan a la parte de la sociedad que no le apoya, porque éstas no poseen la fuerza institucional indispensable. Claramente, el PP español perderá las próximas elecciones, y con ello se corregirán las desviaciones de su comportamiento político, porque el reparto de escaños hará que varios otros partidos tengan la fuerza parlamentaria para negociar y consensuar.

Y este ejemplo nos sirve para insinuar el escenario “endógeno” más probable para equiparar fuerzas, en el cual no será la oposición quien se fortalezca sino el régimen quien se debilite, lo cual haría incluso más comprensible que Fernández continúe en su línea –además del hecho de que los políticos de raza nunca se retiran–, porque su coherencia hasta podría premiarle si a lo mejor, dentro de un tiempo, la situación económica y social venezolana, unida al enardecimiento que diariamente crece al entrar en una oficina pública y escuchar con muchísima frecuencia un acento cubano atendiendo al ciudadano, cause un desmoronamiento del régimen suficiente para que esta gentuza piense en una transición dialogada con lo que quede entonces de oposición…capaz que en ese momento a Eduardo le toque liderar la transición que saque al país de esta tormenta.

Mientras tanto una cosa está bien clara: ahora, dialogar no toca.

Hermann Alvino

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3 comentarios en “Ahora, dialogar no toca

  1. Querido y recordado amigo

    Has terciado en el debate con un excelente razonamiento y con palabras amables para tu viejo amigo.
    Solamente quiero decirte que para mí, lo contrario del diálogo es el deprimente espectáculo que vimos en la Asamblea Nacional hace un par de días.
    ¡Qué horror! Yo prefiero el diálogo. Y deploro que quienes nos gobiernan no lo entiendan así.
    Recibe un cordial saludo y mis mejores votos para ti y para tu familia.

    Eduardo Fernández
    Presidente de Ifedec
    @EfernandezVE

    • Tienes razón. Es preferible el diálogo y no la confrontación extremada por este régimen. Es un caso clásico de la disonancia entre el “ser” y el “deber ser” que aprendimos en los cursos de formación política del IFEDEC. Y la oposición toda tiene el deber de ganar impulso y fortalecerse para que tus propuestas se comprendan y se lleven a cabo a plenitud.
      Pero eso aun no es posible. Desafortunadamente, añado.
      Y también tienes razón en que he utilizado palabras amables para tu persona. Son un espejo de los deseos de tanta gente buena que quiere a Venezuela, y que desea que más pronto que tarde, alguien con temple y capacidad pueda liderar una transición exitosa para volver al camino de la paz y la prosperidad. Y que te tiene de primero en esa corta lista de elegidos.
      Un abrazote para ti y los tuyos.
      Hermann Alvino
      @hjalvino

  2. El artículo puede resumirse en una pregunta ¿Cómo dialogar, cuando, quien debería ser tu interlocutor, quiere aniquilarte? Entiendo que el autor la responde con dos alternativas:

    1) Demuestras que no eres fácil de aniquilar y que, de hecho, sacas a tu adversario de su círculo de confort (Hermann Alvino escribió: “En otras palabras, si bien todos pensaban que su vida sería mejor si el otro no existiese, también tuvieron que realizar un ejercicio de cálculo que les llevó a concluir que la ganancia militar o política obtenida aniquilando su adversario –física o moralmente– era menor que la obtenida manteniendo el status quo.”)

    2) Esperas el momento oportuno en que tu adversario está perdiendo fuerzas para presentarle una “transición dialogada” en la que se le ofrezca respeto como opositor (Hermann Alvino escribió: “Y este ejemplo nos sirve para insinuar el escenario “endógeno” más probable para equiparar fuerzas, en el cual no será la oposición quien se fortalezca sino el régimen quien se debilite… un desmoronamiento del régimen suficiente para que esta gentuza piense en una transición dialogada con lo que quede entonces de oposición…”).

    Si usted se fija bien, los dos escenarios que usted ha elegido son de confrontación. Un bando gana, y el otro pierde, lo que en la práctica significa que el país pierde. Parto de la premisa de que esta posición gano/pierdes por parte de la oposición, ha exacerbado la misma posición en el gobierno, sin importar quién la haya asumido primero. Un vulgar “quítate tú para ponerme yo”.

    Una persona que está genuinamente dispuesta a dialogar, no debe perder de vista la necesidad de pensar en ganar/ganar. Es evidente que la posición del autor de este artículo rechazaría de inmediato ese planteamiento porque parte de una posición dicotómica expresada en los siguientes términos: “vivimos en un mundo que, con relación a Venezuela, se divide entre cobardes y vendidos”.

    En el planteamiento del diálogo que hace Fernández, yo encuentro una posición “ganar/ganar” que lo sustenta. Por eso yo lo apoyo, y no sólo le ofrezco mi ayuda, sino que le pido la oportunidad para que nos escribamos por email o nos comuniquemos de la forma en que lo prefiera para plantearle detalladamente una estrategia que he ideado y que al estratega político Michael Rowan le ha parecido la única forma de llevar a Venezuela a la reconciliación nacional y al progreso. No creo estar pidiendo mucho, dado que Eduardo Fernández, humildemente, en una actitud que me reafirma la sinceridad de su posición, ha decidido seguirme en Twitter, por donde puede contactarme por mensajería directa, dado que yo también lo seguía, para comunicarme por qué vía podemos ejercitar un primer diálogo entre nosotros mismos. Seguramente tendremos divergencias y podremos llegar al fondo de las mismas. No aspiro a nada más que ver a mi país en las manos de un líder que emprenda las necesarias transformaciones en beneficio de la nación y que al mismo tiempo promueva la paz y la concordia nacional. No me caben dudas de que, si Eduardo comprende profundamente las motivaciones de la estrategia, las asimila y usa su experiencia política y sus contactos para ponerla en práctica, estará solitario en esa posición ventajosa para que “le toque liderar la transición que saque al país de esta tormenta.” (Cita de Hermann Alvino)

    Quedo a sus órdenes para lo que pueda ser útil.

    Atentamente,

    Cristhian Martínez
    @cristhmart

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