Acuciosos y acuciosas.


No se comprende del todo la declaración de la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Gladys Gutiérrez, al afirmar que se consideraron como “inadmisibles” los recursos interpuestos por la oposición el pasado 14 de abril de 2013 clamando fraude electoral, veredicto que todos sospechábamos iba a ser así por los errores de forma o fondo que de seguro conseguirían, o se inventarían, mediante las ya acostumbradas interpretaciones perversas de la Ley que han abundado durante todos estos años.

Pero esa no es la parte que requiere de nuestra hermenéutica, sino la frase en la que Gutiérrez afirma que el TSJ “se realizó una revisión ‘acuciosa’ de los hechos”.

En efecto, cualquier diccionario de nuestra lengua aporta el significado de ese adjetivo:

Acucioso, acuciosa. (De acucia).

1. adj. Diligente, solícito, presuroso.

2. adj. Movido por deseo vehemente.

La decisión se ha tomado luego de casi cuatro meses de la elección, o luego de tres meses de la impugnación opositora, lo cual está algo lejos de lo diligente; por lo tanto, a menos que Gutiérrez considere que este largo lapso es sinónimo de rapidez, o nos crea a todos unos incautos para apoyarla en esa impresión, lo más probable es que haya utilizado el término “acuciosa” de manera incorrecta, queriéndonos decir que el TSJ lo que realizó fue un estudio detallado o minucioso de la impugnación, y no precisamente apuradito.

Si se tratase de la primera posibilidad, entonces Gutiérrez se nos presentaría como una manipuladora, al intentar hacernos creer que el TSJ actuó diligentemente para decidir el contencioso (es casual que la decisión se produce casi inmediatamente después de que Capriles declarase su intención de llevar el asunto al ámbito internacional).

Si en cambio fuese el segundo caso, pues no quedaría más remedio que pensar que los magistrado(a)s desconocen nuestro idioma. Que es también el suyo, al menos en cuestiones de vocabulario y gramática, aunque no en la concepción integradora que nuestro Castellano debería significar para todos, al tener que aguantar diariamente tantas frases de odio y división por parte del régimen dentro del cual estos jueces parten y reparten. Y que de paso tampoco saben escribir adecuadamente.

Y es que ello(a)s y no deberían estar allí, al igual que la mayoría de los integrante(a)s de los cuerpos colegiados del Estado, por incompetente(a)s, por parcializado(a)s, por haberse saltado los procedimientos de designación, los lapsos de permanencia en los cargos, y por haber prevaricado al dictar sentencias que sabían injustas. Ello(a)s, al igual, por ejemplo, que la actual titular de la Contraloría –de nuevo declarando sobre inhabilitaciones– y por supuesto su venenoso antecesor –ya fallecido– saben que su rol es represivo frente a cualquier disidencia que ponga en entredicho al régimen.

Todos estos colegiado(a)s, en síntesis, se han convertido en eso con que la izquierda “revolucionaria” planetaria siempre ha etiquetado a sus enemigos: unos reaccionario(a)s, cuya ineptitud y sectarismo, traducidos en abuso y corrupción, nos ha convertido en un país paria, cuyos representante(a)s en el exterior, muchos de ello(a)s borracho(a)s y  contrabandisto(a)s, son apéndices de esa diplomacia petrolera que prostituye a los débiles de otros países y reinos, para convertirlos en focas que aplauden las gracias de Maduro y los Castro en los foros e instituciones internacionales.

Una de estas gracias dentro del ámbito internacional la encontramos en el discurso de Maduro durante la entrega del premio literario Rómulo Gallegos, cuando se lanzó una proclama independentista para Puerto Rico que nada tiene que ver con el evento ni con la literatura en sí, solo por el hecho de que el galardonado –Eduardo Lalo– representa y ha hecho vida en ese país, aunque haya nacido en Cuba, lo cual ya le da un tufillo sospechoso a los criterios de otro cuerpo colegiado oficial como es el jurado para seleccionar al ganador, y que huele peor si leemos la declaración oficial de dicho jurado:

“las modalidades de la crónica, el diario, la psicogeografía, el collage de citas, el aforismo y el arte conceptual convergen en una aventura magistralmente contada, donde se apuesta, pese al culto al fracaso que embarga al narrador, a la capacidad reivindicadora de la literatura, el amor y el ensueño en el mundo desencantado del capitalismo tardío”.

(http://www.elpais.cr/frontend/noticia_detalle/7/82105)

Debemos indicar que la protagonista de la novela ganadora –Simone– es una china que va a parar a Puerto Rico, por lo que no queda nada claro si lo del “capitalismo tardío” se refiere a la China –que es un país “pana” del régimen venezolano– o a la isla caribeña, que de capitalismo tardío no tiene absolutamente nada.

Seguramente el mismo galardonado tuvo pena ajena, pero qué remedio, él es un buen escritor, y parte de sus actividades consiste en concursar. Vale por ello mencionar una entrevista a un medio peruano en la que él afirmó que “Ahora que se conmemoran los 50 años de ‘Rayuela’, creo que muchos coincidimos en que si ahora esta novela fuera ofrecida a una gran editorial no la aceptarían; le dirían es muy larga, es muy compleja, cámbiale esto…” (http://gestion.pe/tendencias/eduardo–lalo–dije–no–al–agente–literario–que–parece–vampiro–2071594)

Igualmente se podría decir que con estos jurados del régimen, bastante mediocres casi todos ellos como agentes culturales, ideologizados, procubanos y de vocación parasitaria, a Mario Vargas Llosa con “La casa verde” jamás le habrían otorgado el Rómulo Gallegos, como tampoco con un TSJ y un CNE compuesto por gente competente y decente, a Maduro no se le habría permitido usurpar el poder, ni a los diputados chavistas cambiar las reglas de asignación parlamentaria para mantener siempre la mayoría.

Todos estos abusos y “hechos cumplidos” perpetuados durante casi tres lustros, han hecho que la oposición se divida en dos toletes: los que creen que esto se arregla por las buenas, y los que están convencidos de que esto se solucionará solo por las malas.

Entre los primeros, junto a gente honorable que realmente cree en ello, como Aveledo y Capriles, hay un gentío que solo lo predica­ mientras tenga la posibilidad de obtener algún beneficio, siendo así la semilla de la división de la MUD; porque para ellos, la desesperación de la espera en conseguir “algo” crece en la medida en que el régimen se mantenga. Cermeño es un buen ejemplo, y los que luego le siguieron.

De los segundos, hay una parte que piensa que solo un sacudón y una mano fuerte podrán devolver al país las condiciones sociopolíticas que había antes de la llegada de la barbarie, mientras que otros solo quieren salir de esto, sin importar lo que pueda venir luego, porque, asumen, jamás podría ser peor de lo que hay ahora.

En todo caso hay que asumir que al salir de esto, de una forma u otra, no quedará nada de esos valores, creencias o actitudes de aquella Venezuela pacífica y más o menos normal, que fue un maravilloso espejismo durante pocas décadas; y aceptar que para lograr algo nuevamente similar, pasarán varias décadas.

Y eso actuando desde ya, acuciosamente…además de detalladamente, dado el caos que heredaremos.

Hermann Alvino

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