El falso historiador


Aclaremos primero algunos conceptos: Fidel no es un héroe latinoamericano que se enfrentó al imperio gringo, él es solo un dictadorzuelo astuto y cruel que supo engañar a mucha gente, que chuleó a los soviéticos durante décadas sin ningún beneficio para su pueblo, y que ahora chulea a los venezolanos, porque éstos tienen un régimen que los ha traicionado desde el primer dia.

Tampoco el Ché es un héroe; él solo fue otro que también realizó su traición particular, como fue cargarse su juramento de médico, para asesinar en vez de salvar vidas. Olvídense de sus gestos heroicos, porque él también fue un tonto a que se dejó engañar por Fidel. Y olvídense también de sus escritos, pues son famosos gracias solamente la propaganda marxista. No valen nada.

Ni tampoco Stalin fue un héroe, ni padre de la patria; él fue uno de los tres mayores asesinos de la Historia, quién además de sufría delirios persecutorios con los que se cargaba a todo lo que se moviese durante en esos momentos particulares. Un borracho además, cuya obra literaria es basurita, aunque la estudien los ñángaras y chavistas criollos, lo cual no da una idea de su preparación.

Mucho menos lo fue Mao, pues él también está en el podio de los asesinos (el tercero que falta es Hitler, y todos concordamos en que tampoco fue un héroe). Mao fue un tipejo al que le gustaba la buena vida y las jovencitas, obtenidas, claro está, como dación al amo feudal. Arruinó a su pueblo con sus saltos ideológicos, sembró el terror, y corrompió a tal punto las instituciones que su país aun no logra salir de esa plaga.

Tampoco fueron héroes Ghedaffi, ni Perón, ni Pinochet, ni Pérez Jiménez, ni Ortega, ni los miembros de la dinastía coreana Kim, ni Khomeini, ni mucho menos dictadorzuelos como Mugabe. Aunque es cierto que todos han dominado a sus respectivos pueblos, y varios llegaron al poder expulsando dictadores -para luego sustituirlos- o expulsando fuerzas invasoras. Pero cierto es también que hubiesen podido gobernar sabiamente para darle paz y prosperidad a sus pueblos, porque el poder para hacerlo lo tenían, y hasta hubiesen podido sembrar las bases para un futuro con instituciones sólidas, no personalistas, abiertas a la libertad y a la justicia por el bien de sus ciudadanos.

En cambio se dedicaron a matar, a gozar de dinero malhabido, a desarrollar al limite sus perversiones, y a destruir el espíritu de sus súbditos. Y casualmente, todos ellos han sido admirados por Chávez, Maduro, o Cabello; y varios de ellos han sido premiados con el máximo honor patrio cual es la espada del Libertador. Menuda gentuza con la que el régimen ha asociado al país, teniendo tantos héroes de verdad, tanto del intelecto como de la guerra, del espíritu como de la acción, como por ejemplo Mandela.

La lista de héroes de mentira es infinita, porque basta que algún imbécil esgrima la hoz y el martillo para que de inmediato el aparato de propaganda global se ponga en marcha para inventarle virtudes al tonto de turno. Pero eso es culpa del Occidente perezoso que se olvidó del combate cultural gracias a la buena vida que tuvo a partir de 1945, para así dejar el terreno libre a todo tonto izquierdoso que presuma de editor o crítico.

Y ha sido esa misma maquinaria propagadora de la falsedad la que ha vendido la idea de que Chávez es un héroe, un libertador de los pobres, cuando la realidad es que ese indivíduo, mientras gozaba de la buena vida con dinero ajeno, se dedicó a desplegar todo su resentimiento hacia sus adversarios, reales e imaginarios, mientras arruinaba a su país por varias generaciones tanto en lo material como en lo espiritual.

No, Chávez no fue un héroe, a pesar de lo que predique la intelectualidad de izquierdas tanto en Venezuela como en esa Europa cargada de izquierdosos cínicos e hipócritas, que exaltan autócratas y asesinos de países donde ellos mismos no vivirían ni si les pagasen generosamente todos los gastos. Chávez por lo demás no fue engañado por Fidel como lo fue el Ché, sino que él sabía muy bien lo que estaba haciendo cuando le abrió la puerta a los cubanos: disponer de una guardia personal que le garantizase su seguridad personal a cambio de permitirle mano suelta con las riquezas del país a los invasores. Y eso no es ser héroe sino traidor a su patria, categoría que también tienen quienes están al frente del régimen en la actualidad.

Con todo, esos apologetas de la mentira obviamente se empeñan en presentárnoslo como lo que no es, y su última muestra propagandística la tenemos en la loquera que inventó el encargado de La Casa de las Primeras Letras, una casa remodelada desde una estructura del Siglo XVIII, entre las esquinas de Veroes a Jesuitas, donde Simón Rodríguez daba clases y donde asístía el niño Bolívar.

En la exposición de dicha sede se puede ver una copia digitalizada del Acta de Independencia de Venezuela, a la que se le ha añadido la firma de Chávez como representante de la Provincia de Barinas. El ultraje -al menos en el ejemplar digitalizado- lo justifica porque “consideramos a Hugo Chávez como otro prócer de la independencia, otro hombre que luchó por la independencia de Venezuela y merece como cualquier otro venezolano tener su firma allí”.

Hay que destacar además de que el jalabolas encargado de la Casa de las Primeras Letras ha tenido el detalle de poner la firma en rojo.

Parece una broma, pero es cierto. Solo nos queda agradecer a la providencia que haya hecho nacer a Chávez en estos tiempos, porque aun pagando todos nosotros el precio de su desastre como autócrata, al menos nos consolamos sabiendo que si hubiese combatido en las guerras de independencia, las habría perdido por lo mal militar que fue, y que tal vez ni Bolívar hubiese podido compensar tanta incompetencia, al punto que no nos habría podido independizar. Peor aun, los libros de Historia tal vez relatarían cómo aquel Chávez negoció con una potencia extranjera, Francia por ejemplo, o la misma Gran Bretaña, y ¿por qué no? la misma España para que, a cambio de darle mano suelta en sus dominios de cuatrero, obtuviese seguridad, para consolidarse como el títere de turno. Algo que seguramente relatarán los libros de Historia del futuro al contar su negocio con Cuba.

Para más señas, el encargado del ultraje se llama Alejandro López, “historiador”. Su acción claramente nos imposibilita adquirir alguna de sus obras, porque éstas seguramente serán tan inexactas como su conducta, una conducta cuya impunidad solo es posible en este régimen de bárbaros.

Hermann Alvino

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