Cubanos ¡fuera de nuestro país!


Hace unos años en la Cinemateca Nacional durante una excelente retrospectiva de cine egipcio, hubo un film donde se contaba la historia de un funcionario de prisiones cuya misión consistía fundamentalmente en “extraer” mediante tortura las confesiones de los detenidos. Dentro de su ámbito de trabajo el funcionario era un monstruo, y sus actuaciones eran muy similares a los episodios más recientes de las cárceles en Irak, pero ya en su casa el hombre era un amor de persona, destilando amor a su familia y festejando alegremente los cumpleaños de los niños, por lo que quien no conocía su oficio podía concluir que era una buena persona en cualquier ámbito.

Historias parecidas han sido motivo de películas argentinas, chilenas o uruguayas, mostrándonos como la habilidad humana ni siquiera nos haría sospechar que la persona que tenemos al frente, conversando, riendo y acariciando a sus hijos o a su perro, en pocas horas arrancará dientes, uñas, y electrocutará o violará a sus prisioneros. Hay incluso reportajes sobre torturadores “buenos” de la Escuela de Mecánica de la Armada Argentina, que salían con sus prisioneras, visitaban a sus padres y les compraban un helado, para luego hacerlas volver al infierno de la mazmorra, en una grotesca variante del síndrome de Estocolmo del prisionero mezclado con el sadismo y desequilibrio mental del carcelero.

Escuchando la conversación de Mario Silva con el cubano Palacios, además de parecer una confesión entre borrachos, por el tono, los saltos conceptuales y en general la conocida forma tan malhablada de Silva, resaltó de inmediato el rol del “cubano bueno” que escucha y hace de coach al tonto de Mario, quien cree que el invasor juega de su mismo lado, cuando en realidad, tanto Palacios como el resto de los cubanos colonizadores que pululan en el país, juegan pa’ su propio lado, esto es, sacan todas las riquezas venezolanas posibles y tienen al país como plataforma para no solo influir en la región, sino para lavar el dinero malnacido de la droga o la corrupción en Cuba; y lo hacen de la forma más descarada, dada la impunidad que los tontos chavistas le han regalado.

Lo que el limitado entendimiento de Silva no podría jamás comprender, es que ese cubano “bueno” no dudaría un segundo en meterle un tiro en la nuca a su interlocutor, si éste tuerce el rabo y se sale de la manada chavista para siquiera preguntarse cuando se irá esta gente de nuestro país, porque ésto es lo que hay: un insólito contrapunteo entre los herederos de Chávez, ocupando los dos vértices de un triángulo, mientras apuntan al tercer ángulo ocupado por los cubanos, de quienes intentan ganarse el favoritismo como factor decisivo en el desenlace final sobre quien se quedará con la herencia del extinto barinés, sin percatarse que ambos saldrán perdiendo, porque, volviendo a lo de los borrachos, Maduro y Cabello parecen dos beodos disputándose una botella de licor vacía, en una riña en plena acera llena de gente, mientras cada uno intenta congraciarse con el policía, que al final terminará apaleándolos y llevándoselos detenidos.

Es claro que no se puede hacer un llamado a la conciencia de Silva, ni a la de sus compinches, sean éstos del nivel que sean, esbirros o choros de cuello blanco, ni a los escrúpulos de Cabello o Maduro, porque sería tarea inútil hacer volver en razón a quienes no solo no se opusieron a la traición de Chávez al entregarle el mando de Venezuela a Cuba, sino porque ellos siguen colaborando para profundizar más aun ese colonizaje, en una entrega insólita en nuestra historia patria, que hace palidecer a los acuerdos petroleros de J.V Gómez con EEUU.

No se puede entonces recurrir al sentido patrio de esa gentuza, pero sí a la del resto de los venezolanos, incluso a la mayoría que sigue votando incautamente por ellos, y recordarles que todos están sujetos a que un civil o un uniformado con acento cubano y armado hasta los dientes, derribe la puerta de su casa y se los lleve presos por quien sabe qué motivo, que puede ser desde protestar por las colas para comprar alimentos hasta cualquier banalidad relacionada con quienes dirigen esta farsa de gobierno. Los colonizajes pacíficos, como el que Chávez le ha permitido a los cubanos, empiezan siempre con una mano suave que palmea con firmeza a los dominados, y que paulatinamente se va endureciendo y forrando con guante y clavos, para seguir su dominio en la medida en que la gente se va percatando del asunto.

Las lamentaciones de Silva hacia Palacios ofrecen una magnífica oportunidad para que el país entero se percate del dominio cubano, no solo como fuerza extractora de nuestras riquezas, sino como árbitro de las disputas de poder de sus dominados criollos, para irlos manipulando y dividiendo de acuerdo a las circunstancias, y para que los mismos votantes del régimen comprendan que sus gobernantes han dado un salto de calidad en materia de traición, ya que al robo y la corrupción se le ha añadido la entrega de la soberanía a fuerzas extranjeras, al darles acceso y poder en los centros de decisión que configuran el gobierno del país.

Sobre todo esto las Fuerzas Armadas callan, sea porque los uniformados que son sensibles a estos temas han decidido hacerse los locos, o porque solo hablan sottovoce en ámbitos muy secretos,  para no arriesgar ni la cárcel ni su status, por lo que solo resta despertar a las fuerzas civiles y animarlas a gritar en cualquier ámbito ¡fuera los cubanos de nuestra tierra!, invasores que, quienes al igual que los personajes de esas películas comentadas, viven una doble vida, presentándose por un lado como cubanos “buenos”, misionarios solidarios en nuestros barrios, mientras que por otra parte sus jefes acá siguen robando a mansalva nuestras riquezas, y allá en la isla siguen torturando a la disidencia.

Un buen comienzo de la lucha civil para lograr ese objetivo sería negarse a realizar cualquier trámite donde esté algún cubano detrás del mostrador, y darle la espalda a todo cubano que se nos acerque por cualquier motivo, y nadie podrá tacharlo de xenófobo o racista, porque este país tiene un ilustre conducta como país receptor de migrantes, buenos y malos, donde en los mismos barcos, aviones y caminos verdes venían tanto quienes huían de los torturadores como muchos de esos mismos esbirros. Pero todos ellos vinieron buscando nueva vida y prosperidad, y no vinieron, en cambio, a dominar ni a colonizar desde los centros de mando de su país de orígen, porque no se lo habríamos permitido…hasta que lo hizo Chávez y sus colaboradores.

Y esa es la diferencia que marca a los cubanos castristas de nuestros inmigrantes, por ello tenemos el deber de recordarles en cada oportunidad que tienen que irse de aquí.

Porque esperamos que se vayan por las buenas, de lo contrario habrá que sacarlos. Pero eso es otra historia, como lo será seguramente el juicio que dentro de pocos años, todo venezolano decente le hará a Chávez y sus herederos sobre la traición que han cometido.

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s