Cuidado con los ectoplasmas.


Media Venezuela está a oscuras, y no precisamente por los apagones, sino por la total falta de criterio al haber votado por Maduro sin haber escuchado de él, ni antes ni durante la campaña una sola propuesta de gobierno. La otra mitad del país está horrorizada por los nombramientos del mismo Maduro: reciclados que fracasaron repetidamente con Chávez, resentidos e ineptos como la Varela, que anda anunciando cárcel para Capriles, mientras los penales se pudren y se rebelan, prepotentes como Cabello, quien no es ministro, pero ha sido comisionado para establecer diálogo con “quienes quieran la paz”, esto es, suponemos, quienes se rindan a tanto abuso y latrocinio descarado, dada la desvergüenza con que ese señor actúa para humillar a los diputados opositores negándoles el derecho de palabra si éstos de antemano no reconocen a Maduro como presidente. También olvida Cabello que él es Presidente de la Asamblea Nacional gracias a la trácala matemática de su régimen al cambiar el algoritmo de asignación de diputados, porque, de haberse respetado las reglas electorales, su partido no tendría esa mayoría que le permite a él y sus amigotes parasitar a nuestro parlamento y diluirlo como institución básica de todo Estado civilizado. Olvida pues Cabello que sin trampas tal vez él sería igualmente diputado, pero sentadito en los bancos de la oposición parlamentaria, y sujeto a la obediencia de un reglamento y protocolo que él mismo se carga en cada sesión.

Cabello pues, Varela, Jaua, Chacón, Molero, y todo un combo saturado de malas palabras, de gente soez y ordinaria que ofende al gentilicio de toda la gente buena que vive en Venezuela, y el de los paisanos que viven fuera, a quien todos estos acontecimientos, además de indignación, le causan una profunda tristeza.

El equipo de Maduro ha acordado utilizar diariamenre el término de “fascista” para referirse a Capriles y a todos los opositores, lo que demuestra no solo su ignorancia histórica, sino la hábil tergiversación terminológica con que la izquierda ha estado confundiendo a todo el mundo durante décadas; porque el fascismo, de acuerdo a quienes sí sabían de ello, o sea Giovanni Gentile y Benito Mussolini, rezaba perlas tales como “nada fuera del Estado”, “hemos sepultado al viejo Estado liberal, agnóstico y paralítico” o “la diferencia entre el Estado liberal y el Estado fascista consiste precisamente en que el estado fascista no solo se defiende sino que ataca”.

Si leyesen un poco también hallarían un párrafo alarmante que dice “Ni individuos fuera del Estado, ni grupos (partidos políticos, asociaciones, sindicatos, clases). Por ello el fascismo está en contra del socialismo que rigidiza el movimiento histórico de clases e ignora la unidad estadal que las funde en una sola realidad económica y moral”. Los pobres diablos no se han enterado que los fascistas son ellos mismos y no aquellos regímenes militares del Cono Sur, donde al menos la economía del sector privado no permitiría estrictamente calificarlos como tales, sino a lo sumo de asesinos, o gorilas, que es otro término ñángara, por cierto.

Disquisiciones aparte, lo concreto es que Maduro está montado en el poder, amparado por todas las instituciones que deberían haberlo apartado del mismo, y con una actitud agresiva y grosera hacia el resto del país que no se lo cala ni a él ni a los Castro. Y ése es el marco donde deberá operar la oposición durante los próximos años, tanto desde la cárcel como desde lo poco que le queda de espacio institucional, además de la calle. Un marco dentro del cual el régimen diariamente insulta a quienes se niegan a ser colonias mentales de Castro, los acusa de planear asesinatos, saboteos eléctricos, al igual que durante dos décadas ha estado acusando ridículamente a los productores de alimentos de generar escasez.

Es que ellos son así, como toda la izquierda que ha llegado alguna vez a gobernar en otros países: siempre andan insultando y buscando enemigos para tapar sus barbaridades, porque hasta en sus canciones, ya estando en el poder, andan clamando por el paraíso social-fascista que nunca llega por culpa de sus enemigos inventados.

Si tanto enemigo fuese real, seguramente el mundo y Venezuela los habrían extirpado para siempre, aunque nunca se sabe, porque dada la ignorancia del castromadurismo en materia de Física (no la holística de Sai Baba, en la que cree Maduro sino la de verdad, que indica que a una acción determinada le sucede una reacción equivalente y en sentido opuesto) a lo mejor esos adversarios cobran vida real desde el ectoplasma mental del régimen.

Porque a veces, hasta los enemigos inventados, hartos de fantasmear dentro de tanto insulto, se materializan, para espanto de todos.

Hermann Alvino

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