Misión incumplida.


¿Recontar o revisar para qué? Si ni siquiera sabemos cuántos cientos de miles de votantes “chimbos” hay en un padrón electoral a cuya compilación, a través del proceso de cedulación, la oposición nunca ha tenido real acceso, mientras ésta sigue dividida en la dicotomía bizantina de “ventajismo” y “fraude”, al punto que quien afirma que sin dicho ventajismo, Maduro habría ganado igual,  es rebatido por quien habla de fraude puro y duro…exactamente la misma dialéctica de Octubre pasado. Pero sea ventajismo o fraude, el hecho es que hay centenares de miles nombres en el registro electoral que siempre asegurarán la victoria del régimen, y que para que la oposición gane alguna vez se deberán dar una de dos: o los votantes del régimen le dan la espalda en una cantidad mayor que ese reservorio ilegal de votos, o los opositores comienzan a reproducirse como conejos, para que dentro de unos veinte años puedan compensar esa desventaja que se empeñan en no querer ver.

El Domingo 14 de Abril casi occurió lo primero, porque a Maduro se le volteó mucha gente, pero fue insuficiente para remontar la cuesta de ese nefasto listado, sin el cual seguramente él habría perdido; y por percibir esta burla y denunciar tanta iniquidad, fue que el pueblo opositor tomó la calle, como se hace en cualquier parte del mundo, para luego ser frenado por el mismo Capriles, y enviado de vuelta a casa en lo que fue catalogado por los dirigentes opositores como un acto de “responsabilidad”. Pero una cosa es definir a alguien como irresponsable en un país de gente responsable, y otra cosa es llamar responsable a alguien en un país de gobernantes irresponsables, como es el caso, que perciben esa virtud como debilidad, como lo hicieron con Rosales en su momento, y con del mismo Capriles en Octubre pasado.

Ahora al país le esperan 6 años con Maduro en el poder, luego de se cometiese un error infantil que nos enseñan a evitar desde las elecciones de liceo, como es el impedir a toda costa los hechos cumplidos, en este caso la proclamación de Maduro. HCR pensó que su protesta light acobardaría al CNE, cuando lo procedente era declarar antes del primer boletín –total, Maduro estuvo haciendo campaña el Sábado de víspera y hasta el mismo Domingo de la elección- y fijar una posición clara y dura; algo así como que “yo gané las elecciones, y el CNE lo sabe, y no estoy dispuesto a que me arrebaten el triunfo. Llegaré hasta el final para defender esta victoria, y ya pueden venirme a buscar para ponerme preso, porque voy pa’encima”. Lo cual no es lo mismo que decir después del primer boletín que no se reconocía el triunfo de Maduro si no se recontaba, porque una cosa es ser gente de paz, y otra es doblar el lomo cada vez que el castrochavismo nos lo pida; y mientras se manda a casa y sin chistar al pueblo opositor al tiempo que el CNE proclama ganador a Maduro, en los países árabes la gente se sigue jugando la vida contra la desesperanza.

Al final, sabiendo lo cruel que es la vida, el hecho está que HCR perdió, y que la campaña relámpago y heroica vuelve a dejar la sensación esa misión inacabada; y allí está el punto: en que el régimen sabe que ésta oposición, por voluntad propia, nunca cruzará las líneas rojas que se demarcan con la sangre de los reprimidos tanto por la policía como por los malandros motorizados y armados por el mismo gobierno. Pero si hubiese millones de personas en la calle reclamando lo suyo, entonces las fuerzas armadas tendían una referencia social más completa para posicionarse, y el CNE, o el TSJ, se lo pensarían muy bien antes de cargarse de nuevo la letra y el espíritu constitucional.

Ahora algunos nos recuerdan que cuando Pérez Jiménez ganó por trampa en los años ’50, a los pocos meses tuvo que irse del país, y comparan ese escenario con el actual. Tal vez, y ojalá se repita eso, pero hay que recordarles que por tanta “responsabilidad” de EEUU, y en general todo el Occidente democrático, Fidel lleva 54 años en el poder. Y por esa responsabilidad, percibida como debilidad crónica, es que el régimen siempre termina saliéndose con la suya.

Ahora habrá que revisar -que no recontar- 12mil cajas, que son el 46% restante de votos. El margen de la victoria de Maduro es tan pequeño que permitiría voltear el asunto, porque esas cajas son casi la mitad de la votación. Ahora bien, el ritmo de trabajo fijado es de 400 cajas por día, lo cual se llevará un mes en terminar dicha revisión…cuyo inicio todavía no se ha establecido por el CNE. ¡Y mientras tanto llegan mandatarios a la toma de posesión de Maduro fijada el 19 de Abril!

¿De veras a alquien se le puede pasar por el coco que la revisión, aun matemáticamente revirtiendo los resultados, luego de un mes con Maduro juramentado en el cargo, sea motivo para quitarle la banda presidencial y entregársela a Capriles?

Veremos qué nos trae el azar, porque de eso se trata ahora, con un régimen de desquiciados, y dispuestos a todo para mantener un poder que la suerte les hizo heredar sin haber pasado ni un solo día en la cárcel, ni haber realizado sacrificio alguno.

Tal vez la oposición piense que también le acompañará la suerte, pero la Historia dice que para alcanzar el poder, al margen de ésta y del talento, hay que jugársela, aun siendo gente de paz.

Hermann Alvino

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