Las cuentas de la lechera.


En el Siglo IV antes de la presente era, vivió el conocido fabulista Esopo, quien entre tantas historias que encierran la debilidad y la sabiduría humana nos ha dejado la del cuento de la lechera, que luego de ordeñar su vaca y colocarse el cubo sobre la cabeza, mientras volvía a casa iba soñando a ojos abiertos con lo que iba a hacer con las ganancias de procesar el líquido delicioso y cremoso; un dinero que obtendría luego de extraer mantequilla y venderla a muy buen precio en el mercado, para así comprar huevos, que le darían pollitos, y que a su vez vendería cuando estuviesen ya creciditos, con lo cual tendría para un vestido y atraer así a un buen partido el día del baile del pueblo, no sin antes mantener a cierta distancia al pretendiente con unas negativas iniciales moviendo la cabeza enérgicamente, cosa que hizo en su soñar distraído, para así tumbar el cubo de leche y quedarse sin nada.

No hay ningún analista, de tantos, que por ahora apueste siquiera una monedita por el candidato de la oposición, mientras que el madurismo se yergue soberbio y triunfador, aun sin haber comenzado la campaña, aunque ya en alta mar con su retahíla de insultos hacia Capriles. Los castro-maduristas creen que éstas serán unas semanas de travesía serena que culminarán con la coronación del heredero, sin percatarse que en el país puede ocurrir cualquier cosa que sacuda y espabile a los hipnotizados y dolientes del extinto, como un apagón eléctrico de envergadura, algún motín carcelario que con toda seguridad se estará cocinando en alguna parte, o quien sabe qué otra desgracia se podrá repetir, entre las tantas ya causadas por el desgobierno y que el pueblo ha tenido que soportar estos lustros.

Es cuestión de tiempo pues para que algo feo ocurra de nuevo, sumándose una vez más a la desgracia individual diaria de quienes son atracados y asesinados. Quien sabe si estas cosas sirvan para que mucha gente incauta dentro del régimen se percate que no hay misión ni limosna que valga frente a tanta descomposición y desgracia. Algún día seguro que lo comprenderán, pero al país se le ahorrarían muchas lágrimas si ese despertar ocurriese durante este trance electoral que se avecina.

Por supuesto que dada la escasez de leche, entre otras cosas, el cuento de la lechera hay que adaptarlo a nuestra realidad, por ello limitémonos en cambio a las cuentas de la lechera:

En el año 2011 el régimen dijo que su “censo” poblacional alcanzaba los 27 millones de venezolanos; de ellos habría unos 19 millones inscritos para votar; en las presidenciales pasadas votaron poco más de 15 millones, alcanzándose en dicho proceso una participación del 80.56%, con el extinto triunfando con casi 8.2 millones de votos, y Capriles con casi 6.6 millones de votos. Todos sabemos que esa diferencia de 1.6 millones en realidad no fue tal debido al ventajismo descarado del régimen, y las truculencias del CNE, equilibrando con mucha maña la lentitud causada por las máquinas de votación y las captahuellas con la amplitud de horarios, permitiendo con ello un muy confuso arrastre de votos chavistas de última hora. Allá los opositores que creen que sin tanto ventajismo Capriles hubiese perdido igual, o que aun creen que el software y la totalización no deben ser objeto de inquietud; pero allá también quienes todo el tiempo están denunciando no solo este sistema electoral y ventajismo perversos, sino que también apuntan a una debilidad de la MUD y obviamente la de Capriles; porque ellos saben muy bien que desafortunadamente el dilema al que nos enfrentamos no tiene matices, esto es, o se participa electoralmente o se abandona el asunto. En el primer caso ya sabemos a lo que vamos, y en el segundo ya lo supimos cuando se le entregó el país entero en la década pasada. Entonces, ¿qué es lo que proponen esos críticos, si saben muy bien que incluso en el ámbito internacional ese ventajismo descarado no le importa a nadie, incluso a los gobiernos no precisamente de izquierda como el chileno y el panameño? ¿Qué quieren? ¿Que se le dé un palo a la lámpara y cada uno a su casa mientras ellos siguen viajando por el mundo para seguir criticando?

Más bien entre todos podríamos repensar el asunto, y fijarnos que, con ese mismo padrón electoral, aun dudoso de raíz, cada punto porcentual representa unos 190 mil votos; así que el asunto puede dirimirse por forfait, porque si la oposición mantiene su capacidad de movilización con un candidato que no ha perdido un ápice de condiciones -al contrario, salió reelecto gobernador en Miranda- y el régimen se enreda en su canibalismo interno, generado por los temores de su candidato -ya de partida débil por su designación por un hombre enfermo y nada lúcido- hacia el sector militar, los moderados que no se calan lo soez y arrabalero del discurso postchavista, y los radicales que desean mayor protagonismo callejero y luego en el gobierno mismo, pues la elección podría ser muy apretada.

Por supuesto que la oposición deberá mantener su empuje. Algunos piensan que en materia de unidad la procesión anda por dentro; puede que sea cierto, pero dicho efecto no ha empeorado desde el pasado año, y por ello el piso de Capriles sigue siendo el mismo, descontado ya el ventajismo y los autogoles. El problema opositor consiste simplemente en llevar más gente a votar que en Octubre pasado, y eso, a todas luces es un problema muchísimo menor que el del candidato del régimen, porque dentro de la oposición, los ni-ni no tienen grandes masas que los sigan, pero dentro del régimen sí, porque el tolete que le corresponde a Cabello, líder indiscutible dentro del PSUV, sumado a la red de influencias que se deriva de los principales miembros militares, sean gobernadores o del alto mando, y unido a las decenas de grupos, tan radicales y disímiles como impredecibles, conforma un universo de votantes heterogéneo y difícil de controlar mediante un carisma chucuto como el de Maduro.

Las cuentas no le cuadran a Maduro, porque, digámoslo de una vez: todo el país sabe que Capriles, él solito, bregó y se ganó la candidatura presidencial del 2012, y él solito fue recogiendo cariño y esperanza para hacer suyos esos 6 millones y pico de votos, mientras que todos sabemos que Maduro, lo único que tuvo que hacer durante todos estos años fue decir todo el tiempo: “sí, mi Comandante”.

Probablemente Maduro no haya leído a Esopo, y tal vez eso pueda ser perdición.

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s