Rateros mitómanos.


Las cosas que hace el ser humano, las hace porque puede, lo cual incluye tanto su capacidad para ello como el que sus semejantes se lo permitan. Ello ocurre con la corrupción: a corruptos y corruptores el sistema se lo permite, porque si son pillados éste les brinda enormes facilidades para salir sin mancha ni condena por la maraña legal, que habiendo sido concebida para proteger a los inocentes, en estos casos se utiliza para complicar aun más las investigaciones, esto aunado a lo lento de la justicia de los países latinos que muchas veces hasta produce la prescripción del delito.

Así, para un funcionario es fácil redondear sus ingresos, porque le basta con tener el adecuado poder de decisión para transformarlo en poder discrecional, y desde el portero en un hospital público, pasando por el de un ministerio o de cualquier oficina pública donde el incauto ciudadano debe realizar un trámite, llegando hasta las más altas instancias del Estado, todos son sujetos a la tentación, sabiendo además que con un poco de sentido común, el cruzar esa línea roja entre la honestidad y la tramposería probablemente no tendrá ninguna consecuencia desagradable, salvo para su conciencia, y que por el contrario sí les llenará un poco más el bolsillo.

En los niveles administrativos menores siempre se recurre al efectivo o al regalito para que faciliten el “flujo” del proceso, para que al final el ciudadano termine pagando por algo que debía salirle gratis y sin mayores pérdidas de tiempo, y encima agradecer a su victimario por el “favor” recibido. Lo triste es que la víctima es el corruptor, y la actitud del victimario -el corrompido- añade una componente igualmente grave a la de esquilmar a la gente mientras pisotea su dignidad, cual es que ésta debe actuar contra su conciencia, porque sabe que si no “moja” la mano al artificioso intermediario la diligencia en cuestión podría durar largo tiempo.

En los niveles medios y altos la procedencia de la prebenda no procede de las posesiones particulares del corruptor sino del dinero de todos los ciudadanos; se trata de pagos -o “comisiones”- por otorgar contratos de obras y servicios públicos a cuyo monto real se le añade ese costo por obtener el favor. Las variantes dependen de las leyes en cada país, pero todas tienen el factor común: abordar la Ley de tal forma que se pueda seguir actuando a discreción, sea segmentando montos para tener autorización directa en su otorgamiento, declarando algún tipo de emergencia para saltarse los controles previos, rellenando con empresas fantasmas los concursos privados, o con empresas reales cuyos propietarios son los mismos, aunque se escondan detrás de la maraña de testaferros, o con empresas reales de diferentes propietarios que simplemente se van repartiendo la torta, todo ello, claro está, bajo la dirección del funcionario destinado a lucrarse y cuya firma es decisiva. La “mordida” se efectuará apenas se concreta el respectivo anticipo del contrato, y esta “comisión”, si le hacemos caso a los porcentajes que se dice por allí acostumbran a pedir los funcionarios endógenos, simplemente impide que la empresa tenga algún beneficio sin inflar groseramente sus ofertas. Los funcionarios se lucran antes de haberse iniciado la obra o servicio, y el empresario deberá buscarse la vida para cumplir, aunque si lo hace se expone a que algún control posterior, inducido por algún rival que a su vez tiene sus canales e influencias en el mismo coto de caza ministerial, le acuse de sobreprecio. A todo esto hay que añadir los probables cambios de funcionarios, y la duda del empresario de si cobrará las facturas derivadas del avance de la obra, lo cual a su vez podrá causarle otro pago al siguiente corrupto en el cargo, para salir contablemente más o menos ileso. Por ello los costos de cada oferta son muchísimos más altos, justamente para poder sortear todas estas eventualidades. Costos que paga cada venezolano a causa de esta sordidez chavista que conduce a que muchas obras ni siquiera se inicien, mucho menos realicen, añadiendo así la burla al desangramiento de las finanzas públicas.

Estas cosas también ocurren en otras partes, y con cierta frecuencia, lo que pasa es que mientras quienes pillan en EEUU salen esposados, en la esfera latina nadie pisa la cárcel, y siempre hay maneras de ir canalizando ese dinero “negro” para que montos muy altos se vayan diluyendo en transacciones menores que no llamen la atención y que terminarán en alguna cuenta de un bando en un paraíso fiscal, o de alguna empresa panameña con acciones al portador. Si son descubiertos siempre contarán con la lentitud del sistema, al punto que muchos mueren antes de viejos antes de pisar la cárcel. Además, siempre podrán meterse a políticos, salir electos como parlamentarios, y crear leyes que los protejan todavía más, como Berlusconi en Italia, con sus leyes ad personam, o como Rajoy con su amnistía fiscal en España, o como Chávez, que en Venezuela que optó por la vía del golpe de estado para luego ser indultado por un resentido e insensato Caldera II y llegar así a crear un régimen que ha fagocitado al poder judicial para asegurarse una impunidad que ahora Maduro, Cabello y todos los segundones aprovecharán hasta el último instante.

Lo curioso del caso es que muchos de ellos, luego de tantos años de marramucias, sean italianos, españoles o chavistas, creen que su riqueza se la han ganado trabajando y sobresaliendo en méritos sobre los demás; los jerarcas del chavismo además creen que ellos nacieron e hicieron méritos para ocupar eternamente el poder, cuando en el fondo, estos mitómanos y desequilibrados mentales, al ser despojados de la pompa y del poder se nos mostrarían como lo que realmente son: simples rateros ignorantones.

Y todo llega.

Hermann Alvino

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