Sobrevenidos


Seguramente Calígula fue un emperador bromista muy cruel cuyo control sobre el Senado romano le llevó a nombrar Cónsul a su caballo Incitatus y asignarle una enorme villa con 18 criados a su servicio.

Se podrá decir que Lusinchi también fue un gran humorista como presidente, aunque no impuso un caballo al gentilicio nacional, sino las ocurrencias de su segundo frente; por lo mismo también podemos considerar a CAP como uno de grandes mamadores de gallo de este país. Ambos regalaron enormes riquezas -que no eran suyas claro está, sino de todos los venezolanos-, otorgaron condecoraciones a la Virgen, barcos a países sin mar, y destilaron desdén hacia sus paisanos para luego salir lisos gracias a su control, no solo sobre el Congreso Nacional, sino sobre toda una casta política cómplice y lo suficientemente estúpida como para no percatarse de lo que se le vendría encima a los pocos años. Como Calígula pues, y visto así, Chávez es también un jodedor insigne, por su dominio sobre la Asamblea Nacional y el derroche de regalos y honores a los asesinos planetarios más ilustres de los últimos 25 años.

Todo indica que también Chávez se librará de la justicia humana, como Berlusconi, que siendo jefe del gobierno italiano, acostumbraba organizar puteríos en su residencia con chicas excorts que sus más íntimos iban cazando por el país, incluyendo una que otra menor de edad, que habiendo sido apresada por una ratería menor en la residencia donde vivía, se libró de la cárcel por una llamada a la comisaría por parte del mismo Berlusconi, para decirles que ella era sobrina del -entonces- dictador egipcio Mubarak. Lo cómico no fue que la mujer es de Marruecos, o que ni de lejos es sobrina del ex rais; tampoco la gracia consistió en el conflicto de poderes que causó esa llamada, sino en el control sobre el parlamento italiano que tenía don Silvio -como su antecesor Calígula de hace dos mil años- como para hacerle aprobar una moción que establecía que él creía que esta mujer era sobrina de Mubarak y que por lo tanto sus acciones, si acaso, debían ser juzgadas por un tribunal especial, equivalente a nuestro TSJ. Un ridículo cuya profundidad y dolor solo pueden sentir los italianos decentes, como sienten los venezolanos decentes las humillaciones a las que su patria está siendo sometida por una Asamblea y un TSJ cuya mayoría chavista, traidora a su terruño y analfabeta funcional es capaz de tomar las decisiones más insólitas y absurdas.

Por supuesto, estas cosas llevaron a un país como la Italia de postguerra, respetada por la solidez conceptual de sus líderes, desde ser la quinta potencia industrial del mundo a ser considerado actualmente como colindante del tercer mundo, por haber sido secuestrado, gracias al voto de los italianos incautos e ignorantones, por una casta de delincuentes, muchos de los cuales no solo desdeñan los conflictos de intereses entre lo público y lo privado, sino que actúan protegidos por sus evidentes vínculos con la mafia, la verdadera, la que trafica globalmente con drogas, la que lava dinero en cantidades monstruosas, y la que mata cuando alguien se le atraviesa, y que en la elección dentro de pocas semanas podrían ser reelectos casi todos.

Igualmente, estas cosas son las que transformaron a un país amante de la libertad, ejemplo de modernidad, piloto en políticas de participación comunitaria, y aliado del Occidente que mueve al mundo promoviendo los valores de progreso y prosperidad, en una sociedad oscura, abducida por ignorantes y corruptos, por militares mal formados y por toda la legión de resentidos sociales y desequilibrados mentales a quienes la República, ya en su fase terminal, no pudo ni supo atender adecuadamente para evitar la vergüenza de verse gobernada por quienes siempre fueron unos fracasados que nunca pudieron sobresalir ni en lo cultural, ni en lo profesional, ni en lo político. Todo ello gracias -igualmente- a los votantes endógenos: incautos e ignorantones.

Un país sobrevenido pues, término muy rebuscado como para que a los dirigentes chavistas ordinarios se les hubiese podido ocurrir en la redacción del artículo 231 de la COnstitución, y menos para interpretarlo cabalmente. Una Venezuela sobrevenida por lo improviso con que el chavismo ocupó las instituciones, y por la secuencia de desgracias que ha venido generando.

(Sobrevenido: 1. intr. Dicho de una cosa: Acaecer o suceder además o después de otra. 2. intr. Venir improvisamente. 3. intr. Venir a la sazón).

Ellos ahora han rematado su estulticia y crueldad abriendo las puertas a la arbitrariedad del colonialismo cubano. Procuremos que, al menos por una vez, alguno de ellos lo pague caro ante la Justicia.

Hermann Alvino

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