Tocando fondo…y sin piloto


Se ha tocado fondo, y habrá que comenzar todo de nuevo, esperando que quede algo de país productivo y con los activos suficientes para que, cuando toque, pues la reconstrucción nacional sea viable mientras se vaya lidiando con una generación de burócratas, universitarios y pedigüeños que nunca ha trabajado seriamente en su vida.

Esa es la verdad, el resto es el necesario discurso de esperanza para la galería.

No hay excusas con aquello de la abstención natural luego de una elección presidencial, puesto que eso vale para todos los contendientes -y además, la participación fué más de la mitad del padrón electoral- ni lo otro sobre los abusos del CNE y del régimen -cerrando fronteras, o discurseando en plena votación- puesto que esos son datos del problema ya conocidos. En casi todos los estados se reprodujo el triunfo de las presidenciales, lo cual prueba que nada había cambiado desde entonces.

Uno tiene que alegrarse por el triunfo opositor en Miranda, especialmente por los mirandinos, que no tendrán que calarse a un Jaua cuya trayectoria política es espúrea. Pero cuidado, porque con esa victoria Capriles se ha despedido del liderazgo opositor nacional por todo el período que durará su mandato regional, y con ello nos ha dejado sin líder para lo que pueda presentarse en las próximas semanas: porque renunciar a su cargo de gobernador para volver ser candidato presidencial de la unidad opositora sería haber representado una farsa. Por ello, para quienes ven un poco más allá, su triunfo es amargo, porque ahora hay que comenzar todo otra vez para proyectar otro líder que sume, que una, y que represente a toda la unidad opositora como requisito indispensable para ganar.

No es que ubicar a la persona adecuada sea tan complicado, puesto que AD ya no tiene fuerza política ni moral para entorpecer la unidad, ni tampoco los otros partidos y dirigentes que se la viven entorpeciéndola. El problema es de timing, porque los próximos años se pueden definir en cuestión de semanas.

Dejando a un lado el mencionado afecto hacia el pueblo mirandino, hay que decir que la candidatura a gobernador de Capriles no debió ser, en virtud de que él no se presentó a las elecciones primarias de la MUD para dicho estado, porque lo de él era la presidencia; y al haber perdido frente a Chávez, y volver a ser candidato a gobernador, se cargó todo ese proceso de selección que tanto costó consensuar, así como los méritos y esfuerzos del respectivo ganador, quién debió ser el candidato oficial de la MUD. Su triunfo entonces no debe hacernos olvidar con quien estamos tratando, esto es, con alguien que al final de cuentas piensa en sí mismo sin detenerse en legalismos. Y que no se argumente que él es el único que podía ganar, porque ello sería especular sobre lo que a estas alturas es imposible saber. Lo cierto es que, aun ganando, Capriles estará en minoría con relación a los legisladores electos para ese estado.

El caso de Falcón -la persona, no el estado- también es inquietante, si cabe el término, porque está claro lo de su buena gestión, y que Henry Falcón desde hace tiempo es un opositor claro al régimen; pero él proviene de las filas de chavismo, al que abandonó a causa de un proceso de cambio personal y no por una motivación que haya nacido desde el liderazgo de la oposición organizada.

De paso, hay que decir que el mantener la candidatura triunfadora de las primarias se aplicó al estado Monagas, y se hizo a toda costa, aun a sabiendas de su debilidad, en vez de aplicar el mismo realismo que hubo para Miranda para cambiar de candidato. El “Gato” Briceño había tenido un proceso de evolución política similar al exchavista Falcón para colocarse también como opositor al régimen. Claro que siempre se podrá recurrir al argumento de que ni siquiera sumando los votos de los opositores se podía ganar -es lo que al final terminó dictando el escrutinio-, pero todos sabemos que en estos menesteres dos y dos no son cuatro, siempre que la suma se realice en el momento adecuado. Y esa suma debió hacerse hace meses.

Visto así, pues el balance opositor es el de un gobernador que de partida no proviene de sus filas, otro que sí viene de allí, pero no respetó los procesos democráticos a los que debía ceñirse, y otro que tiene luz propia, como es Liborio Guarulla en Amazonas, a quien habrá que llamar Liborio el Grande, por haber sido reelecto por tercera vez consecutiva, y por paliza, en un estado cuya importancia estratégica crecerá enormemente a medida que la geopolítica del planeta lo vaya exigiendo. Y él no es precisamente de los políticos más jóvenes, con lo cual se prueba una vez más que eso del relevo no es cuestión de edad sino de contacto con la realidad, talento, vocación de poder y de servicio. Pues Liborio parece tener bastante de eso, y su trayectoria demuestra que el liderazgo está donde uno menos lo espera. Cuestión de saberlo buscar.

Por lo pronto sabemos donde no está; y como lo más probable es que haya elecciones presidenciales más pronto que tarde, es bueno que quienes aun siguen esperando agazapados a que se forme alguna pelotera nacional para lanzarse como figuras de transición aceptadas más o menos por todos los bandos, también se olviden de esa idea, puesto que tampoco en ellos representan unidad alguna, vista su mezquidad para unir sus esfuerzosa quienes sí se fajaron hasta el límite de sus fuerzas.

Ese liderazgo estuvo en Capriles, dada la voluntad que le puso a su proyecto presidencial que, unida a su sencillez, se transformó en infinito cariño, al margen de sus evidentes limitaciones retóricas, estratégicas o programáticas. Pero ahora ya no, puesto que él decidió no esperar unas pocas semanas, ni seguir dándolo todo nacionalmente para estar optimamente posicionado para lo que vendrá. Él optó por enjaularse en Miranda durante los próximos años por no saber interpretar cabalmente la frase que él mismo expresó el día de su derrota presidencial (“el tiempo de Dios es perfecto”).

Ahora toca escoger a otro piloto, y rápido.

Hermann Alvino

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