Liberalismo y (anti)corrupción


Si hay algo que parece estar en cámara hiperbárica para oxigenarse permanentemente es la corrupción chavista, y así se (re)confirma en el informe de Transparency International del 2012 (http://www.transparency.org). El asunto, claro está, no debe limitarse solo a la posición que este año ocupa Venezuela en la escala de corrupción planetaria, esto es, el lugar 165 de 174 (que ya dice mucho…) sino sus compañeros en dicha lista de deshonor del gentilicio, siendo éstos Iraq, Sudán, Turkmenistan, Uzbekistan, Myanmar, Afghanistan, Corea del Norte y Somalia. O sea, un par de estados fallidos y varias dictaduras, y a la pregunta de rigor: ¿Cómo los venezolanos hemos permitido que unos chavistas insensatos hagan caer tan bajo al país?

Venezuela no mejora, si consideramos los informes anteriores de la misma organización que fueron elaborados con similar metodología, ya que en el del 2011 también ocupaba el décimo lugar desde abajo, y con los mismos compañeros de ruta, cual sospechosos habituales del masivo latrocinio del dinero de sus ciudadanos; más bien empeoró un poquito con relación al 2010 cuando por debajo tenía doce compinches.

De acuerdo a la metodología de Transparency International, podemos decir que hasta el puesto 30 de su lista el nivel de corrupción se puede considerar bajo control, tanto por el mismo andamiaje administrativo, como por la cultura de la sociedad en general y la efectividad de sus leyes, que permiten no solo apresar a quienes son pillados en estos oficios, sino condenarlos a la pena que establecen dichas leyes, y lo más importante, más no siempre obvio, que los culpables en efecto cumplan dichas penas.

Dentro de ese grupo se hallan todos los países serios, como los escandinavos, más Holanda, Alemania, Australia, Nueva Zelanda, EEUU, Islandia, etc., además de dos países latinoamericanos que dignifican la hispanidad, como lo son Chile y Uruguay, que ocupan el puesto 20, por encima de Francia. España está en la frontera con el puesto 30 -aunque dicho país no se caracteriza ni por cazar a los pillos ni por hacerles cumplir las penas del caso, por lo que habrá que ver cómo evolucionará en las clasificaciónes futuras.

Hasta ahora, todos estos países han conservado la fortaleza institucional para mantener su lugar en la lista, ya que ésta no ha variado en los últimos tres informes; caso contrario de Italia, por ejemplo, que durante los años de Berlusconi, se ha ido hundiendo poco a poco -desde el puesto 67 de hace tres años ahora baja al 72-, o China que este año salta del anterior 75 al actual 80 (el régimen de seguro dirá que este comentario constituye una interferencia en sus assuntos internos…).

Si se recorre la clasificación vemos cómo, además de los chinos, los otros amigos de Chávez también deshonran a su respectivo gentilicio, Argentina anda por el 102, Rusia e Irán en el 133, Bielorusia en el 123, y hasta el mismo Brasil, con tantos ministros de Lula y Dilma procesados, no logra pasar del puesto 69. El resto de latinoamérica anda por los lugares intermedios de la clasificación, sin pena ni gloria que los destaque, excepto Puerto Rico, que está en el 33.

Caso interesante es Cuba, que hace tres años estaba en el puesto 69, hace dos en el 61 y ahora se ubica en el 58. ¿Será que está combatiendo seriamente a la corrupción o será más bien que gran parte de sus negocios ahora no se realizan en la isla sino en su nueva colonia, o sea en Venezuela, y por ello la corrupción allá no es detectada por la metodología?

En todo caso, lo que sí siempre se confirma con estos informes es que los países más prósperos -digamos que los primeros 45- son aquellos que aplican un liberalismo capaz de responder efectivamente a los desequilibrios tanto sociales como del capitalismo que los sustenta, y donde en general el modelo liberal y los gobernantes están orientados al Bien Común. Lo que también se reafirma cada año es que en casi todos los países del resto de la lista, donde el poder no es un instrumento de prosperidad general sino solo para quienes lo detentan en ese momento, pues se van hundiendo, y la corrupción es un buen indicador de ello. Muchos de esos gobernantes pretenden mostrarle al mundo que su modelo es capitalista, pero sabemos que no lo es: monopolios, oligopolios, concentración de la riqueza en pocas familias, corrupción y abuso de poder así lo confirman. Otros, como Chávez, Kim, o Castro ni siquiera salvan las apariencias: estamos acá para hacer lo que nos da la gana -dicen ellos-, y de paso forrarse (decimos nosotros). Y el resto del mundo se lo permite.

La realidad dice pues que ser liberal contribuye a que la corrupción sea menor y la prosperidad mayor. El resto es propaganda estéril.

Hermann Alvino

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