País frágil, corruptos robustos


En el año 2060 -que muchos no veremos- la OECD estima que el PTB de China será el 28% del planeta, el de la India un 18%, el de EEUU el 17%, el de la Europa del Euro un 9%, y el de Japón el 3%, con lo cual, aunque estos nuevos liderazgos no impliquen una mayor calidad de vida de sus ciudadanos, habrá una nueva y clara correlación global de fuerzas, en la cual Venezuela importará poco, o nada. Lástima, no solo por el hecho en sí, sino porque con el chavismo se habrán perdido al menos dos décadas para minimizar estos efectos e intentar posicionar al país en otros términos menos insignificantes.

Claro que estas predicciones basadas solo en la efervescencia de cada economía no necesariamente se cumplirán, porque sabemos que ellas dependerán de muchas otras incidencias, como el rol militar que China podría asumir, la situación en Siria, Irán, Israel o Palestina, alguna catástrofe climática o terráquea, la estabilidad de Africa como país que va siendo paulatinamente adquirido por China como repositorio alimenticio, la probable expansión China hacia Siberia como producto de su fortaleza demográfica en contraste con la contracción poblacional Rusa, el creciente rol de Mongolia o Australia como repositorio chino de materias primas, las consecuencias de la profunda corrupción en la India en su estabilidad política, etc. Son predicciones con un alto grado de variabilidad, donde cada evento está condicionado por sucesos anteriores y a su vez condiciona los acontecimientos futuros; y si a ello le añadimos lo que Nassim Taleb -experto en probabilidades, además de aguzado inversionista- ha definido como “cisne negro”, cual hecho súbito e imprevisto que implica una ruptura del orden establecido en el ámbito donde éste llega a producirse, la incertidumbre nos deja el futuro totalmente abierto a todo.

Para estimar la adaptabilidad de un sistema a nuevas realidades, el mismo Taleb ha introducido tres términos: el primero es la “fragilidad” de dicho sistema, que implica su desarticulación y colapso cuando algunos factores que lo condicionan sobrepasan cierto umbral, y un buen ejemplo de ello son las la autopistas, donde los tiempos de desplazamiento son más o menos proporcionales a la densidad vehicular hasta que ésta supera cierto umbral a partir del cual el tráfico será caótico haciendo que los tiempos de viaje sean impredecibles; otro ejemplo es la inflación que degenera en hiperinflación.La segunda definición es la de “indiferencia” de un sistema, esto es, cuando éste permanece en el mismo estado pase lo que pase a su alrededor; es el caso del carril de alta densidad de ocupantes de las autopistas, que no se ve afectado por la situación de los carriles normales de circulación, o la naturaleza inelástica de la demanda de cierto producto. Y un tercer concepto es el de sistema “robusto”, que implica que éste más bien se fortalece con las variaciones de ciertos factores, como es el caso de ciertas bacterias que se hacen más resistentes a los antibióticos, las dictaduras que se asientan con más fuerza cuando fracasan los intentos para erradicarlas,  o el innegable fortalecimiento del chavismo luego de varias elecciones presidenciales derrotando a los opositores.

Con esta metodología podríamos preguntarnos si los EEUU son frágiles o robustos, sabiendo por una parte que el 77% de su población cree en la existencia e influencia directa de los ángeles,  y que hay un creciente deterioro de su sistema educativo y de su red de protección social, en contraste con su futura autosuficiencia de gas natural -año 2017- o su próxima presencia -año 2020- como primer productor mundial de petróleo, mientras que los países que lo desplazarán en el PIB tal vez tengan una población mejor educada, pero serán absolutamente dependientes en materia de energía. O cual será el grado de fragilidad o robustez de todos ellos si llegase a producirse un aumento de más de 2 grados en la temperatura del planeta por el impacto ecológico que ello tendría.

O cual será el grado de fragilidad y robustez de Venezuela, cuando se percate que su petróleo no será ya tan importante, mientras que la falta de inversión e innovación durante tantos años no solo no le permitirá extraer más, o agregar valor a dicho crudo, sino que probablemente implicará un retroceso de dichas operaciones con la inmediata escasez de divisas para importar insumos y alimentos, vista ya la desaparición de las industrias manufactureras y alimenticias nacionales.

Curiosamente sin embargo, se evidencia que la fragilidad con que el chavismo ha dotado al país para los tiempos por venir, se ha traducido en robustez para su bolsillo, porque los mismos factores que han desarticulado a Venezuela han servido para enriquecerlos grotescamente. Pero ellos, al igual que muchos corruptos del pasado, ya tienen sus refugios mayameros o caribeños. Ellos tampoco verán el año 2060, aunque sí lo harán sus hijos, ya reencauchados en otros lares, quienes nunca sabrán que su nivel de vida allá es producto del mayor latrocinio de la historia del continente, como tampoco sabrán mucho de Venezuela; y al vivir en países que seguramente habrán progresado muchísimo, no comprenderán las razones del profundo atraso de Venezuela, aunque esas razones lleven sus mismos apellidos.

Hermann Alvino

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