Humo


La verdad es que para un votante opositor lo que está ocurriendo estos días previos a la próxima elección es tan esperpéntico que nadie podría culparlo de no ir a votar. Veamos:

Nuestro elector ha detectado cuatro grupos de opositores: el de las posiciones extremas con relación al fraude chavista en las elecciones presidenciales, que afirma que sin fraude -actas, mesas, listados de electores, etc- se habría ganado; los que no hablan de fraude sino de abuso y ventajismo continuado durante años, que poco a poco fue creando las condiciones para el inevitable triunfo chavista; quienes piensan que en efecto hubo mucha trampa y ventajismo, pero que ésta no fue decisiva en el resultado final, porque el chavismo es aun la mayoría en el país; y los que afirman que esa elección se desarrolló perfectamente y sin mayores problemas.

El elector opositor seguramente tenderá mayoritariamente a ubicarse en el tercer grupo, porque sabe, y es lo que sus dirigentes le han dicho, que el chavismo es la mitad del país, y porque en el fondo, pensar que hubiesen ganado de todas formas libera de culpas a toda la oposición. Puede ser, pero ello no exime a muchos dirigentes que se hicieron los “locos” y no ayudaron en nada concreto a Capriles, porque la “declaradera” y las grandes frases universales no valen como atenuantes cuando lo que contaba era salir a ayudar, visitar, conversar, y ser un activista insigne; porque aunque parte del comando de campaña dejase mucho que desear, la prioridad de sacar del poder a los malandros que gobiernan el país estaba muy por encima de las mezquindades de cada uno.

Ahora el elector opositor se enfrenta con un dilema serio: si va a votar sabe perfectamente que las condiciones de ventajismo extremo del chavismo no han cambiado, al contrario, la cosa va a peor, y lo comprueba al enterarse de las decisiones del CNE de cambiar de centro de votación fuera del lapso legal a “votantes-candidatos a gobernador” y “votantes-amigos y familia de éstos” más la inclusión del candidato chavista para la gobernación de Trujillo en el tarjetón de votación…hace dos días.  Y el ventajismo ahora no será de lo local hacia lo nacional como en la elección presidencial, sino que se afincará y retorcerá en cada pueblo, donde hay intereses muy concretos de cada candidato chavista. Con lo cual la sensación de la inutilidad del voto está allí.

Pero si no va a votar, además de tener que encararse con la gente que sí lo hará, le estará prácticamente regalando el país a Chávez y su pandilla, y aumentará el riesgo de que la oposición pierda en estados claves como Miranda y Zulia, para sacar definitivamente del juego a Capriles y Pablo Pérez, y quedar literalmente descabezada.

Si no va a votar recordará amargamente cuando hace años la oposición se abstuvo de participar en la elección a la Asamblea Nacional, cuya composición terminó siendo 100% chavista, que inmediatamente tomó el control total del CNE.

Hay que comprender este dilema, porque la gente que está en su rutina y esfuerzo diario para salir adelante no ve las cosas de la misma forma de los políticos de oficio: estos últimos saben que la rutina política o partidista es como subir por una escalera, donde cada elección, sea derrota o victoria, es un escalón que inevitablemente conduce a alguna parte, o al vacío (de acuerdo a numerosísimas circunstancias), por lo que para ellos el seguir adelante pensando en la elección siguiente es un proceso normal y natural, lo cual no es fácilmente comprensible para el resto de la colectividad.

Por ello, los llamados de la dirigencia opositora a votar deberán resolver ese dilema, donde el sentir la inutilidad del voto y la culpabilidad de la abstención están en igualdad de condiciones, sabiendo ésta que es relativamente sencillo convencer a alguien para ir a votar y resolver una parte de la ecuación de dicho dilema…si se dispone de la credibilidad suficiente. Pero el problema es que esa credibilidad ahora solo será posible si esa dirigencia, que se comportó con guante blanco con el CNE y no obtuvo nada de nada, ahora se decide de una vez por todas a encarar a ese árbitro felón.

Pero eso, nuestro votante opositor aun no lo percibe, a pesar de que él sabe que se puede hacer, porque hay instancias nacionales e internacionales que pueden contribuir a disminuir un poco tanto abuso y ventajismo.

Y mientras eso no ocurra y los dirigentes opositores no solo no cambien de discurso sino de actitud pues, a seguir en la rutina para llegar a fin de mes. Porque el resto es humo.

Hermann Alvino

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