Hay que votar


Hay que votar.

Cuando se introdujo la elección directa y universal de alcaldes y gobernadores dimos un paso muy importante hacia la modernización política y material, al acercar un poco más al ciudadano a sus gobernantes y abrir una amplia vía para el desarrollo de liderazgos que, con una inteligente cesión de atribuciones y recursos hacia los estados y municipios, podían hacer mucho por las comunidades. Pudo hacerse un poco más en materia de transferencia de atribuciones a los estados, pero aun así el proceso representó un enorme avance. Hasta que llegó Chávez.

Si revisamos los resultados de las elecciones estadales y locales notaremos que al inicio triunfaban mayoritariamente las candidaturas del mismo partido de gobierno, AD o COPEI, y si esas elecciones se realizaban poco luego de las presidenciales, el efecto de arrastre era más fuerte porque aun no había desgaste presidencial.

Pero luego de un par de perídos hubo un cambio, porque para aspirar a la candidatura uno debía ser reconocido como un líder verdadero en su comunidad, a través de elecciones dentro de cada organización, eliminando así “el dedo” del jefe nacional, y los líderes locales, al manejar muchos recursos y tener altas responsabilidades de gobierno, iban aumentando la influencia con relación al liderazgo nacional tradicional; y pensaron que un alcalde exitoso también podría ser un buen gobernador; y si esto último era también posible, ¿por qué no aspirar a la presidencia?. Democracia pura y dura pues.

Ese sabio proceso político del país prechavista condujo así a un perfeccionamiento del proceso de elección de líderes y con ello a unas gestiones modelo de administración, como Miranda, Zulia, Carabobo, Mérida o Monagas, las alcaldías de Sucre o Caracas, por nombrar algunas, aunque claro está, faltó tiempo para mejorar los mecanismos legislativos de control y de sana administración, por lo que hubo estados y municipios con desagradables desviaciones. Aun así, el balance era muy positivo y era la via rápida para cambiar a fondo al país. Pero llegó tarde, y el desapego del ciudadano generado por los acontecimientos nacionales fue demasiado fuerte y arrasó con todo. Y llegó Chávez, cuya ignorancia general nunca le ha permitido comprender que la complejidad social en contínuo aumento no permite gobernar con éxito desde una perpectiva centralista, y cuyo sectarismo tampoco le ha permitido convivir con líderes de otras corrientes políticas.

Por ello es que él recentraliza y designa a dedo sus candidatos, cual representantes suyos y no de las comunidades, incluyendo quienes desean reelegirse, saqueadores de bienes públicos amparados en la impunidad general del régimen y en la protección directa de Chávez. Peor aún, Chávez restringe recursos a quienes le son adversos, demostrando que el pueblo y sus problemas realmente no le importan.

Los dos efectos perversos de estas próximas elecciones son los siguientes:

– Querrámoslo o no, muchos opositores se abstendrán dado que sienten que las barreras puestas por el sistema electoral no son superables, y ese sentimiento es real  aunque la dirigencia opositora siga insistiendo en que no hay que hablar mal de las reglas de juego porque promueve la abstención. El problema es que una cosa es lo que digan esos dirigentes y otra es lo que vieron los opositores el 7 de Octubre, o creyeron ver: que se estaba ganando. Y eso no va a cambiar de un mes a otro.

– Por su parte, los votantes chavistas saben que si pierden en su patio pues a los electos le cortarán recursos, como hicieron con Ledezma en Caracas, por lo que echarán el resto.

No hay comparación entre la visión opositora de la democracia y la visión arbitraria del régimen, y contrasta por supuesto, con la idea que tiene Chávez de la política, la realización de las  primarias opositoras el pasado febrero para escoger a todos sus candidatos. De éstas, hay que decirlo, hay aspectos que ahora desentonan, como el que Capriles se haya lanzado a la reelección en Miranda, cargándose así los esfuerzos de quien triunfó en dichas primarias -ya veremos los resultados finales de esta opción- y las vacilaciones opositoras en el caso Monagas para no caer en la tentación de quitar a quien ganó las primarias y poner al hasta hace poquito exchavista Briceño, quien pura y simplemente lo que está haciendo es un chantaje. ¿O es que si mañana Aristóbulo o Arias Cárdenas se vuelven locos (o normales, depende) y deciden saltar la talanquera habrá que cargarse a Barreto y a Pablo Pérez?. Es lo mismo ¿o no?.

Y Ledezma tendrá que lidiar adecuadamente con todo eso, porque si bien no está en sus manos anular los dos factores mencionados, sí lo está el mantener un sustrato de credibilidad fundamental en la línea opositora. Al igual que tendrá que decir unas cuantas verdades para que la gente se anime a ir a votar:

– Que a pesar del ventajismo oficial no hay que abandonar la lucha.

– Que históricament el gobierno tiende a ganar este tipo de elecciones, pero que tampoco se las vamos a regalar.

– Que una cosa es restringir le recursos a una que otra gobernación o alcaldía, y otra es hacerlo con un montón de estados y alcaldías gobernados por la oposición.

– que los candidatos de la oposición son inmensamente mejores que los de Chávez: como personas, como políticos y como administradores.

– Y que el ejercicio del voto hay que seguirlo practicando para que no se olvide.

…Y que en esta loquera de régimen, todo puede ocurrir, para mal, como hasta ahora ha sido, pero también en algún momento algo será para bien. Es lo que hay.

Hermann Alvino

 

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