Ni Reaccionarios ni Conservadores


Hace pocos días, el escritor francés Michel Houellebecq -a cuyos libros El mapa y el territorio yLas partículas elementales todos deberíamos dedicarles un tiempo– recordó en una entrevista la diferencia entre los términos “conservador” y “reaccionario”, explicando que el primero es aquel que teme toda innovación, presuponiendo que sus consecuencias no serán buenas, mientras que el segundo es quien aspira a que las cosas vuelvan a ser como antes; podemos entonces deducir que los jerarcas del chavismo son profundamente reaccionarios, porque no quieren que nada cambie para así continuar a llenarse la tripa y el bolsillo sin trabajar, o lo que es más, sin pensar. Que gane Chávez pues, para que todo siga igual para ellos.

Pero el cambio siempre llega, y más vale estar preparado para poder desempeñarse en las nuevas circunstancias, aunque los reaccionarios chavistas tengan un bloqueo mental que no es por su costumbre de chulear como les ha venido en gana a las riquezas del país, sino también por la soberbia que se los ha comido vivos, tal como muestran sus declaraciones durante la campaña, que no muestran miedo, sino ceguera y rencor.

Pero ello es mal asunto, porque el profundo cambio de vida que vendrá será como una terapia de shock para todos ellos, con poder de decisión y destrucción, lo cual es como para preocuparse, no solo por lo que será su reacción en la madrugada del 8 de Octubre, cuando comenzarán a internalizar que han perdido las elecciones, sino durante los tres meses siguientes y anteriores al traspaso de poder a las fuerzas de la democracia.

Y no es solo una preocupación sobre la violencia que puedan generar, porque ésta de seguro será gestionada adecuadamente y a favor de la democracia por las Fuerzas Armadas, sino por el raspado de la olla al cual se dedicarán con obsesión, como reaccionarios puros que son, y al estilo machista que tanto le gusta a Chávez —por algo premió a un cantante de rancheras con la Orden de los Libertadores— con eso de que “o mía o de ninguno”, porque así querrán acabar con lo que queda de patria, para que Capriles la consiga en ruinas inmunes a la buena gerencia y el enorme sacrificio humano que mucha gente está dispuesta a hacer para reconstruir un terruño de paz y prosperidad, y demostrar así cuan enfermos están quienes desean llevar las cosas a ese extremo.

Los conservadores también existen, pero no son aquellos, como erradamente se pueda pensar, que van a misa, miran con desdén o disgusto los cambios sociales que han permitido el matrimonio homosexual, el aborto, la eutanasia, la integración de varones y hembras en los colegios, o la igualdad de razas y etnias ante la Ley, sino quienes sueñan con volver a los tiempos, de COPEI o AD, donde ciertamente había una gerencia inmensamente mejor, instituciones algo más sólidas, militarismo al mínimo, o elecciones transparentes cada cinco años, pero también tribus de jueces y licitaciones más o menos en familia en una sociedad de panas que perduraba en los diversos gobiernos. Esos conservadores fueron quienes hicieron posible la reelección de Carlos Andrés Pérez en 1988 añorando la explosiva lluvia de prebendas de su primer gobierno, donde además comenzó la metástasis de la corrupción. En todo caso, siendo bienvenido su voto para sacar al chavismo del poder, es bueno que comprendan que esos tiempos no volverán; baste recordar los reflejos rápidos que demostró Capriles, cual tercera base beisbolera, al expulsar de inmediato al aliado que aceptó financiarse de mala manera.

Houellebecq, quien en la entrevista se definió como conservador, quiso reforzar esa opción citando a Goethe con eso de que “más vale una injusticia que un desorden”, esto es, mejor quedarse como estamos que arriesgarse a innovar y que el asunto se desmadre. Si Goethe, o por lo menos Houellebecq, que sigue vivo, pudiesen conocer al chavismo, verían horrorizados que el chavismo es desorden e injusticia al mismo tiempo, por lo que en Venezuela no cabrán ni reaccionarios ni conservadores, sino honestos ciudadanos con los valores que Capriles ha demostrado en ésta, su campaña: integridad espiritual, preparación y constancia.

Y si estas virtudes pueden derrotar al régimen ¿Qué no serán capaces de hacer por el bien de Venezuela?

Hermann Alvino

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