El Fugitivo


No, no se hablará del fugitivo juez Aponte sino de una serie de televisión que pasaban a mediados de la década de los sesenta del siglo pasado llamada, justamente,  “El Fugitivo”, protagonizada por David Jansen, quien encarnaba al “Dr. Richard Kimble”, acusado falsamente de haber asesinado a su esposa. El pobre Dr. Kimble se vio obligado a huir del “Teniente Gerard” durante los cinco años que duró la serie, hasta el últimísimo capítulo donde todo se aclara y se descubre al verdadero asesino: “el manco”.

Las huídas casi siempre se representaban con el protagonista en la carretrera, debajo de la lluvia, medio tapándose con el cuello de una chaquetica, y usando un pulgar para pedir que alguien lo llevase a ninguna parte. Las imágenes eran tan típicas de la faena que con el mote de “el fugitivo” se denominaban a aquellos estudiantes que no tenían vehículo para transladarse, ni mucho dinero para el autobús, buscando siempre alguien generoso que los acercara a su destino.

Los más jóvenes conocen este guión a través de la película con el mismo nombre, con una tan enorme actuación de Tommy Lee Jones como horrorosa aparición de Harrison Ford.

En aquellos tiempos, cuando los adoslescentes y en general la mayoría de los jóvenes leían el periódico, y no solo la sección deportiva, había algunas columnas de obligatoria lectura: si se trataba de beisból de Grandes Ligas se leía a Eladio Secades, y si tocaba leer columnas con un poco de todo pues se le entraba a los escritos semanales de Abelardo Raidi y Omar Lares.

Dado lo inmensamente largo que para la época podía parecer una serie de cinco años de duración, sin ningún avance trascendente prácticamente hasta el penúltimo capítulo, los interesados en ese asunto pues rebuscaban ingénuamente, y en vano, alguna pista que diese con la clave del asesino. Una duración eterna muy diferente de lo que pasa actualmente con series que fácilmente pasan de los diez y más años.

Un día, Omar Lares en su columna semanal contó que un amigo suyo recién llegado de los EEUU le había revelado el desenlace de la serie, diciéndole que el asesino era el mismísimo teniente Gerard de la policía, con lo cual ahora el suspenso se trasladaba a ver la cara de ese malvado al ser descubierto su complot luego de perseguir sin piedad durante tantos años a un inocente. Claro, ahora todo cuadraba, pensaban todos: el policía lo que buscaba al perseguir con tanta saña al pobre Kimble era alejar cualquier sospecha sobre su propia persona.

Al final, visto el último capítulo y obviamente ya descubierto que el verdadero asesino no era el policía, el mismo Omar Lares confesó en la columna dias después del desenlace que su amigo le había engañado, y con ello Lares, sin querer, nos había despistado a todos, pues los datos de columnistas tan leídos como Lares o Raidi podían causar de inmediato grandes olas de opinión y de creencias difíciles luego de modificar.

Lo mismo pasa con los datos de Nelson Bocaranda y sus efectos sobre chavistas y opositores, pero con experiencias como la de “El Fugitivo” y la falsa verdad escrita por Omar Lares banales –experiencias banales, es cierto, pero que dan idea del problema- cabe la pregunta de si estarán dateando correctamente a Bocaranda, porque de lo contrario, si Chávez está de lo más saludable, al final esto también sería una sorpresa mayúscula, con el mismísimo pseudo enfermo casi terminal esquiando en el Lago de Maracaibo, o blanqueando al equipo de pelota de la Marina con sus certeros lanzamientos de pitcher zurdo.

Y la pregunta de si lo están informando correctamente a su vez nos genera otra: ¿Cómo se explica que dentro de un dispositivo de seguridad tan opaco y probado exitosamente como el cubano, al cual Chávez se le ha entregado a ciegas, se puedan producir filtraciones tan numerosas, frecuentes y certeras? ¿Quiénes son los delatores: son cubanos o son venezolanos?

Y además ¿Qué interés podría tener un delator para proceder de esta forma? Puesto que los cubanos, se supone, están amarrando al máximo sus intereses a futuro, dado que si todo es cierto se le acabará la “manguangua”, y ello justificaría un silencio blindado. Y los venezolanos “de orilla” –puesto que pareciera que pintan poco en todo esto- tampoco se arriesgarían, puesto que serían los obvios sospechosos, y con ello los traidores no solo de secretos sobre Chávez sino de secretos de estado cubanos, con lo cual pueden hasta perder el pellejo.

Un bonito misterio pues, y que involucra igualmente a un “fugitivo” que huye a Cuba en vez de confiar en sus paisanos. Bocaranda como buen periodista jamás revelaría sus fuentes y su proceder secreto sobre cómo alargó sus canales de información hacia ellas.

Solo hay que esperar acontecimientos. Y sea o no cierto todo lo que Bocaranda cuenta habrá que ligar que quienes han llevado al país a este estado vergonzoso se conviertan todos en fugitivos de la justicia nacional e internacional. Ellos tendrán pocos comederos donde refugiarse, y nosotros muchos motivos para descubrirlos. ¡Y eso será más emocionante que cualquier serie de tv!

Hermann Alvino

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